100 días en L'Osservatore Romano: «Labor de equipo que merece la pena»

Entrevista con Giovanni Maria Vian, director del diario del Papa

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 6 febrero 2008 (ZENIT.org).- L'Osservatore Romano celebra sus primeros 100 días bajo la guía de su undécimo director en 146 años, Giovanni Maria Vian. Zenit le ha entrevistado.

--Ha cumplido 100 días al frente de L'Osservatore Romano. ¿Cuál ha sido el mayor reto que ha tenido que afrontar?

--G.M.V.: El reto mayor ha sido, indudablemente, el cambio general que se ha tenido que imprimir al periódico desde el primer día de mi dirección, el 27 de octubre de 2007. Por ejemplo, lograr un periódico más sencillo: una cubierta con las noticias más importantes, una segunda cubierta (la última página) generalmente reservada a la actividad del Papa y de la Santa Sede, y como el diario tiene ocho páginas, segunda y tercera se dedican a Internacional -incluida Italia-, cuarta y quinta a Cultura, sexta y séptima a Religión -catolicismo en el mundo, Iglesias orientales (también no católicas), otras confesiones cristianas y otras religiones-. Hemos reducido fotografías y titulares, sobre todo en tamaño; así, respecto al periódico que antes tenía diez, doce o hasta catorce páginas, hemos crecido un diez por ciento en textos.

Enseguida se modificó el diario gráficamente, si bien al principio por indicaciones mías, y no soy experto gráfico. En estos cien días, nuestros técnicos, verdaderamente excelentes, han preparado un proyecto muy refinado; se están publicando los primeros números de este nuevo tipo: el color se ha introducido establemente en primera y última página, es más airoso, tiene más blancos, carece de hilos que dividan las páginas, los caracteres son algo mayores, con un tipo de letra diferente, más legible. En general, un diario elegante, sencillo, que se lee bien; más bonito cada día.

--¿El mayor desafío informativo de este período?

--G.M.V.: La renuncia forzosa del Papa a ir a la Universidad de Roma La Sapienza ha sido un momento importante; antes lo fue la publicación de la Encíclica Spe salvi y el tiempo de Navidad, con la predicación del Santo Padre y todas las celebraciones. En cualquier caso, es constante el reto de presentar de manera adecuada la actividad papal.

--¿El momento más duro?

--G.M.V.: Indudablemente, para mí personalmente, la renuncia de Benedicto XVI a la visita a La Sapienza; es mi universidad, aunque como profesor esté en excedencia al haber asumido esta tarea en el diario.

--¿Y la experiencia más gratificante?

--G.M.V.: La carta que me escribió el Papa el primer día. Fue una expresión de gran confianza y empleó palabras muy generosas. Menos de dos semanas después, nos invitó al subdirector -Carlo Di Cicco- y a mí; fue para nosotros un encuentro verdaderamente importante. Vimos que el Santo Padre se interesa muchísimo por los problemas de la información, y que respecto a ellos tiene una sensibilidad muy aguda. Y las tres o cuatro veces que le vi en semanas sucesivas, en encuentros públicos, me repitió: «Vamos adelante, vamos adelante».

--L'Osservatore Romano encarna una profunda tradición como diario del Papa; a la vez se configura como diario de ideas. ¿Cómo se conjugan estas ópticas?

--G.M.V.: Armónicamente, porque la documentación de la actividad papal y de la Santa Sede no se opone a una reflexión sobre tal actividad y sobre aspectos de la actualidad internacional, cultural y religiosa. Como diario de ideas L'Osservatore Romano reflexiona mucho; trata temas culturales y profundiza en ellos, en materias que son infrecuentes en la prensa internacional. Ciertamente nuestra labor también es equilibrar esta calidad con una presentación periodística -otro desafío cotidiano-; no publicamos tratados filosóficos o teológicos, pero somos conscientes de que muchos artículos que hemos publicado en estos cien días requieren mucha atención del lector.

--Le gusta reconocer públicamente los méritos del equipo en la marcha y en los cambios del diario...

--G.M.V.: ¡Claro! El periódico es fruto de un trabajo en equipo. Son importantes todos, y a todos habría que nombrar. Lo acabo de hacer en un editorial y siento haber olvidado a los tipógrafos y la labor del archivo histórico y fotográfico; cuentan mucho asimismo los profesionales encargados de traducción, de secretaría, los propios bedeles, los gráficos y naturalmente los periodistas. Realizan un trabajo importante, y he dicho en más de una ocasión que el director emérito, Mario Agnes, que me ha dejado una Redacción mejor que la que él encontró cuando asumió el cargo en 1984; lo sé porque conozco bien la historia del periódico. Tenemos buen clima.

--El ritmo de L'Osservatore Romano parece desmentir que los cambios en la Santa Sede sean lentos...

--G.M.V.: En un periódico debe ser así: hay que tomar decisiones rápidas, aunque tampoco hay que precipitar ciertas cosas. He reflexionado mucho antes de tomar decisiones en el funcionamiento del diario y he esperado estos cien días para hacer nombramientos internos, por ejemplo.

--¿Reciben críticas?

--G.M.V.: No ha habido muchas; han procedido sobre todo de lectores acostumbrados a un periódico que informaba mucho de Italia -demasiado, en mi opinión- y de Roma. No hemos olvidado estos ámbitos, pero hay que incluirlos en una perspectiva más internacional. También me han criticado por la línea relativa al aborto; algunos querían posturas más radicales, pero nuestra línea es obviamente la de la Santa Sede, y en Italia la de la Conferencia Episcopal, que no quiere enfrentamientos inútiles, sino que se gane una batalla cultural gracias a la cual el aborto no se considere una practica normal. Ciertamente en este caso se ha tratado de una crítica muy injusta porque no se puede dudar de que L'Osservatore Romano se preocupe de este fenómeno; se preocupa y mucho.

--¿Qué elogio ha recibido L'Osservatore Romano que desee recordar?

--G.M.V.: Frente a las críticas, han sido más numerosos los elogios: hay mayor interés hacia el periódico. En prensa he leído casi sólo elogios, y se ha observado desde diversos ámbitos que el periódico es más interesante.

--Dentro de su tradición, parece que L'Osservatore Romano se reinventa a sí mismo cada día. ¿Temen el inmovilismo?

--G.M.V.: Cada periódico debe tener miedo del inmovilismo. Sería suicida ser inmovilistas.

--¿Mantendrá el perfil de diario vespertino? Ello condiciona mucho la jornada habitual de la Redacción.

--G.M.V.: Sí. Es vespertino porque informamos inmediatamente de la actividad, discursos y nombramientos del Papa, y ello normalmente se desarrolla por la mañana; somos los primeros que los publicamos. Implica un gran sacrificio porque nuestra jornada empieza a las 7.00 horas, con el repaso de agencias y periódicos; a las 8.15 tenemos la primera reunión y una hora después empezamos a construir el diario; a partir de las 13.15 vamos cerrando páginas. Idealmente a las 14.15 tenemos otra reunión para prever el día siguiente.

--¿Reciben indicaciones editoriales específicas?

--G.M.V.: No he tenido muchas. La indicación -obvia, para mí; tanto que así lo escribí en la voz dedicada al diario, publicada en 1996, en Italia, en el Dizionario storico del papato-, es que L'Osservatore Romano debía tener una mayor dimensión internacional, es evidente; y hemos duplicado la información internacional, pero también la cultural y religiosa. Además de reforzar la dimensión internacional, prestamos mayor atención a las Iglesias orientales -también no católicas- y damos más espacio a las firmas femeninas. Son indicaciones de la Secretaria de Estado, pero creo que vienen directamente del Papa. Y en general existe la indicación de hacer -como nos ha pedido explícitamente el cardenal Tarcisio Bertone, secretario de Estado- un bel giornale.

--Publican a diario entrevistas de fuerte actualidad que se revelan, también, como fuente informativa de anticipaciones de documentos eclesiales, actividades... ¿Cree que el dinamismo de la vida de la Iglesia se percibía poco?

--G.M.V.: La entrevista es un género que permite más inmediatez; se lee con mucha mayor facilidad que un artículo de presentación de una actividad o de reflexión. Hemos visto además que gusta y se utiliza. Y muestra con eficacia el dinamismo de la Iglesia, que se mueve más de lo que muchas veces se piensa.

--L'Osservatore Romano acerca el mundo a Roma y Roma al mundo. ¿No existe frontera entre las dos dimensiones, hay que demostrar que no existe frontera o hay que contribuir a que desaparezca, si es que la hay? ¿En qué dirección?

--G.M.V.: Para el obispo de Roma ningún país es extranjero. Por eso la información internacional se ocupa de todo el mundo. Todo el mundo tiene voz. Y como Roma mira hacia todo el mundo, también desde muchas partes del mundo se contribuye al periódico. Es un movimiento en ambas direcciones. Además se puede decir que L'Osservatore Romano trata de desmontar prejuicios que haya respecto al papado.

--Desde su perfil pastoral, el Pontificio Consejo para las Comunicaciones Sociales ha anunciado recientemente, entre sus objetivos, promover una relación más estrecha entre los medios vaticanos y una mayor coordinación de la información de la Santa Sede. ¿Cómo se encuadra L'Osservatore Romano en esta dinámica?

--G.M.V.: El diario hace su parte: el 20 de diciembre, junto a Radio Vaticano y el Centro Televisivo Vaticano, entrevistó -por primera vez los medios informativos vaticanos lo hacían en conjunto- a un jefe de Estado, el presidente francés Sarkozy, y menos de dos semanas después el diario y la radio entrevistaron al padre Kolvenbach, poco antes de su dimisión como superior general de la Compañía de Jesús. Tenemos el proyecto de continuar con esta experiencia.

--En una frase, ¿cuál es su balance, en conjunto, de estos primeros 100 días en L'Osservatore Romano?

--G.M.V.: Una buena base para continuar trabajando.

--Usted es historiador del Cristianismo, catedrático de Filología Patrística y cuenta con treinta años de trayectoria periodística. ¿Cómo está viviendo personalmente esta experiencia en L'Osservatore Romano?

--G.M.V.: Por un lado supone un gran esfuerzo; paso doce o trece horas diarias en el periódico. Por otro, con pasión y alegría, porque es una tarea formidable que me honra. Es un trabajo que entusiasma; una labor de equipo que merece la pena.

Por Marta Lago