12 razones por las que el crucifijo no viola la libertad

Y el espejismo de un Estado neutro en la confrontación de valores

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VIENA, martes 10 de noviembre de 2009 (ZENIT.org).- La verdadera libertad religiosa no significa crear una sociedad "libre de la religión", afirma el historiador Martin Kugler en respuesta a la decisión del Tribunal europeo para los Derechos Humanos de eliminar los crucifijos de las aulas de las escuelas italianas.

Kugler, director de la red de defensa de los derechos humanos Christianophobia.eu, con sede en Viena, ha ofrecido doce tesis que muestran el pensamiento equivocado del Tribunal que ha decidido a favor de una madre atea que protestó por los crucifijos colgados en la escuela de sus hijos.

“El derecho a la libertad religiosa puede significar sólo su ejercicio, no la libertad de confrontar; el significado de “libertad de religión” no tiene nada que ver con la creación de una sociedad “libre de la religión”, explica.

“Sacar a la fuerza el símbolo de la cruz es una violación, como lo sería obligar a los ateos a colgar ese símbolo”.

“La pared blanca también es una declaración ideológica, especialmente si en los primeros siglos no podía estar vacía”, afirma.

“Un Estado neutro respecto a los valores es una ficción, a menudo utilizada con un objetivo propagandístico”.

Para Kugler, decisiones como la del Tribunal europeo atacan realmente a la religión, en lugar de luchar contra la intolerancia religiosa.

“No se pueden combatir los problemas políticos luchando contra la religión -indica-. El fundamentalismo antirreligioso se hace cómplice del fundamentalismo religioso cuando provoca con la intolerancia”.

“La mayor parte de las personas afectadas querría mantener la cruz -declara-. Es también un problema de política democrática, dando desvergonzadamente prioridad a los intereses individuales”.

Retomando los argumentos propuestos por el Gobierno italiano en defensa de los crucifijos en las aulas, Kugler señala que “la cruz es el Logos de Europa; es un símbolo religioso, pero también mucho más que esto”.

Un espejismo

En un debate con Die Presse, Kugler destaca otros dos elementos del debate Iglesia-Estado.

Hablar de un “Estado neutro en la confrontación de los valores” es “simplemente ingenuo, y el resultado de un espejismo (···). Es como una broma”.

“¿Un Estado neutro hacia los valores? ¿Contra el fraude y la corrupción? ¿Contra la xenofobia y la discriminación? ¿Ante los pecados contra el medio ambiente y los logros sexuales en el puesto de trabajo?”, se pregunta.

Y continúa: “¿Un estado que bendice a los neonazis, permite la pornografía, favorece ciertas formas de ayuda al desarrollo y otras no,... todo por valores neutrales? Alguien está intentando que nos demos la vuelta”.

El experto también destaca un segundo punto que merece más atención: la idea según la cual una esfera pública sin presencia alguna de la vida religiosa o de los símbolos religiosos sería más “tolerante” o más apropiada para la libertad de conciencia que una que permite o incluso fomenta declaraciones de creencia religiosa.

“Obviamente, los padres ateos pueden sentir que su hijo/a es molestado/a por la cruz en clase, pero es inevitable”, explica.

“Puede molestarme también, al entrar en una oficina de correos, ver una fotografía del Presidente federal al que no he votado (···) -continúa-. La influencia, los signos ideológicos, las presencias visuales -incluso sexistas- existirán siempre y en todas partes”.

“La única pregunta es cómo y qué contienen”.

En este sentido, Kugler afirma que el Estado “debe intervenir sólo de manera muy moderada, y si lo hace, no debe ser sólo con prohibiciones que encierran la religión en un gueto”.