14.000 personas peregrinan al santuario de la Santa Duda en su jubileo

Revitalización de Ivorra y de la devoción eucarística durante el año jubilar

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IVORRA, lunes 2 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Unas 14.000 personas han peregrinado al Santuario de la Santa Duda, situado a las afueras del pueblecito español de Ivorra, durante el año jubilar, concedido con motivo del milenario del milagro eucarístico producido en ese lugar, que se clausuró ayer domingo 1 de mayo.

Los peregrinos procedían principalmente de Cataluña y de otras zonas de España, pero también han llegado desde otros países como Francia, Italia y Estados Unidos, informó a ZENIT el párroco de Ivorra, Fermín Manteca.

“No esperábamos que viniera tanta gente a este lugar, situado en una zona rural en medio de Cataluña sin comunicaciones de transporte público”, confesó.

Manteca realizó un “balance muy positivo” del año jubilar y destacó que “la actividad más importante en estos meses ha sido acoger a la gente que ha venido”, ofreciendo un “testimonio del amor gratuito de Dios a todos”.

“Hemos ofrecido una pastoral de la amabilidad, del acogimiento, haciendo a los peregrinos partícipes de la historia del milagro eucarístico y de toda la historia que se ha ido desarrollando en torno a él durante mil años”.

Oratorio y retablo actuales

Entre las iniciativas que se han llevado a cabo con motivo del milenario de la Santa Duda, destaca el estreno de un oratorio sobre la Santa Duda titulado Noces de Sang [Bodas de sangre, n.d.r] del compositor Valentín Miserachs Grau.

Músicos y corales de la zona ofrecerán tres conciertos de esta obra los próximos 6, 7 y 8 de mayo en la iglesia de Santa María de Cervera, en la catedral de Solsona y en la iglesia parroquial de Ivorra, respectivamente.

También se ha realizado una serie de fotografías de gran formato sobre el milagro de la Santa Duda que se han colocado en los seis altares laterales del santuario a modo de retablo moderno.

En las imágenes, aparecen personas del pueblo de Ivorra caracterizadas como los personajes que intervinieron en la historia del milagro y representando dramáticamente un momento de aquel acontecimiento.

“Hemos querido hacer una especie de retablo del siglo XXI -explicó el párroco- y cuando vienen visitantes nos sirve, igual que un retablo gótico o barroco, como un medio pedagógico para explicar el milagro”.

Revitalización

El sacerdote destacó que no sólo se ha celebrado el milenario del milagro eucarístico que sucedió en Ivorra en 1010, sino que “estamos cumpliendo mil años ininterrumpidos de devoción, de tradición y de conservación de las reliquias y de todos los documentos medievales”.

Además, según el sacerdote, el jubileo ha servido para dar a conocer más el milagro de la Santa Duda y revitalizar el lugar.

De hecho, diversos grupos de parroquias han comunicado ya que peregrinarán a Ivorra a venerar las reliquias y a rezar una vez acabado el jubileo.

Durante el año jubilar, un grupo de voluntarios ha mantenido abierto el Santuario de la Santa Duda por las mañanas y por las tardes y ha acogido a los peregrinos explicándoles la historia, celebrando la Eucaristía, acompañando a venerar las reliquias, etcétera.

También se han señalizado tres rutas para llegar caminando hasta el santuario desde localidades cercanas, y se ha creado el grupo de Amigos de la Santa Duda, al que se han apuntado numerosas personas que recibirán información sobre las actividades del santuario.

Historia

De entre los diversos milagros eucarísticos producidos en España, el de Ivorra es el primero documentado.

Sucedió en la entonces iglesia parroquial del pueblo de Ivorra, perteneciente a la diócesis de Solsona, en la actual provincia española de Lérida, que en aquel momento formaba parte de la Marca Hispánica, en la frontera con Al-Andalus.

Según una bula pontificia firmada por el papa Sergio IV, conservada en el archivo diocesano de Solsona, el vino consagrado se convirtió en sangre, que se derramó del cáliz, manchó los corporales y cayó hasta el suelo.

El sacerdote que estaba celebrando la Misa, el párroco Bernat Oliver, había dudado de la presencia eucarística de Jesucristo en las especies del pan y el vino, lo cual provocó el milagro.

El extraordinario acontecimiento se sitúa en plena reconquista y en un momento histórico marcado por la herejía de Berengario, que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía.

El obispo de Urgel san Ermengol, que se encontraba en la cercana localidad de Guissona, reconoció el hecho como milagroso y llevó a Roma el cáliz y una muestra de los corporales manchados de sangre.

El papa Sergio IV escuchó el relato del obispo, envió un comisionado a Ivorra y certificó el milagro.

Además, regaló al pueblo una serie de reliquias de santos que todavía se conservan en el relicario de la reciente restaurada iglesia de Sant Cugat, de Ivorra.

Por Patricia Navas