200 millones de esclavos, el supermercado mundial de seres humanos

La Iglesia italiana fuertemente comprometida en la lucha por liberarles

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ROMA, 25 oct (ZENIT.org).- Existen en el mundo 200 millones de personas reducidas a esclavitud. Un fenómeno que lejos de ser eliminado se extiende en todo el mundo constituyendo un supermercado de ser humanos que proporciona cuantiosas ganancias a las numerosas mafias existentes. Esto es lo que se ha puesto de relieve en una conferencia internacional sobre «El tráfico de seres humanos, a la búsqueda de nuevas estrategias de intervención», organizada por el Gobierno italiano, que se desarrolla en Roma.



En Italia, el principal tráfico de seres humanos se refiere a los inmigrantes y a las mujeres extranjeras traidas con engaño y que son obligadas a prostituirse. Sobre estas nuevas esclavas de la era moderna, el padre Oreste Benzi, que trabaja para sacarlas de la calle y ofrecerles alternativas, ha hecho un llamamiento para liberarlas.

Según el padre Benzi son chicas «secuestradas en su país, metidas en un coche mientras volvían a casa de la escuela» y chicas «asesinadas porque querían irse de la calle». Pero también chicas salvadas y ahora libres. «Si se quiere --afirma el padre Benzi-- en dos o tres meses se liberan todas las mujeres que están en las aceras italianas». Según sus datos «el 90% de las mujeres que se prostituyen en la calle son esclavas».

Por su parte, sor Eugenia, una de las más o menos 200 religiosas de varias congregaciones que en Italia ayudan a las mujeres esclavizadas, afirman que «son treinta mil en Italia y casi todas extranjeras». Estas religiosas han elegido compartir el drama de estas mujeres, aunque siempre está el riesgo de los chulos que las explotan y que no quieren perder su negocio. Entre estas religiosas, está «quien va directamente a la calle para ofrecerles una alternativa» y quien gestiona «las casas, las de primera acogida, un poco de emergencia, y las de rehabilitación y reinserción en la sociedad. Piense que para algunas chicas hemos logrado restablecer relaciones con sus países de origen».

Sor Eugenia pone el dedo sobre la llaga si se quiere eliminar este cáncer de la sociedad: «Cuando en Italia se interviene, se olvida siempre a los clientes. Y se olvida siempre que la prostitución existe porque existen los clientes».

Por su parte, el padre Franco Monterubbianesi trabaja con los inmigrantes que salen de su tierra siguiendo el mito del occidente rico. Todo esto --dice-- «es una de las culpas de la globalización, que produce marginación, especialmente en los países del Sur y entre los niños». Recuerda «por ejemplo, los dos milones de pequeños que trabajan en Perú, produciendo el 35% de la renta de sus familias» y que «piden dignidad». Tiene un objetivo y está trabajando en ello: «Unir a los chavales del Sur con los del Norte». Volver a empezar, construir desde ellos. «Los primeros pueden dar a los segundos la esperanza del futuro que paradójicamente falta aquí. Y nuestro chavales pueder dar a los chicos del Sur la capacidad de obtener la dignidad y el respeto de los derechos, como el del estudio».