25 neurólogos junto a la mujer condenada a morir de hambre y sed

Eluana Englaro se encuentra en estado vegetativo

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ROMA, lunes, 28 julio 2008 (ZENIT.org).- Veinticinco neurólogos han publicado una carta en la que piden a la justicia italiana que evite la condena a muerte de hambre y sed de una mujer en estado vegetativo consentida por un tribunal.

Eluana Englaro, de 35 años, se encuentra en este estado desde hace 16 a causa de un accidente automovilístico. Su padre comenzó en 1999 una batalla legal para que la ley le permita suprimir la vida de su hija, privándola de alimentación y de hidratación. 

A inicios de julio el Tribunal de Apelación de Milán respondió afirmativamente a esta petición. La Procuraduría General de Milán ha pedido tiempo para analizar un posible recurso contra la decisión judicial precedente.

Varias asociaciones y movimientos, algunos de ellos católicos, se han ofrecido para atender a Eluana, dado que su padre no quiere cargar con este "peso". 

Mientras tanto, la mayor parte del mundo científico se ha movilizado explicando que en realidad la sentencia no está privando a Eluana de tratamientos particulares, sino simplemente del derecho fundamental de todo ser humano a comer y beber.

Algunos de los neurólogos de mayor prestigio de Italia han enviado una carta al al procurador general del Tribunal de Apelación de Milán para pedir que se save la vida de la mujer.

La carta, que ha sido publicada en España este jueves por el semanario "Alfa y Omega", está firmada entre otros por Gian Luigi Gigli, profesor de Neurología de la Universidad de Udine; Sergio Barbieri, director de Neurofisiopatología del Hospital Mayor de Milán y profesor en la Universidad de Milán; Dario Caldiroli, director de Neuroanestesia en el Instituto Neurológico Besta de Milán.

Según explican los neurólogos, "el paciente en estado vegetativo no necesita máquinas para seguir viviendo. No está conectado a ningún enchufe". 

"No es un enfermo en coma, ni un enfermo terminal, sino un discapacitado grave que sólo necesita a una atenta asistencia básica, como sucede en otras muchas situaciones de lesiones graves de algunas partes del cerebro que limitan la capacidad de comunicación y de auto-sostenimiento".

"La nutrición y la hidratación del paciente, aunque sean asistidas, no pueden confundirse con un tratamiento médico, sino que constituyen desde siempre los elementos fundamentales de la asistencia, precisamente porque son indispensables para toda persona humana, sana o enferma. El tubo por el que se le ofrece la alimentación no altera esta verdad elemental, puede ser comparado más bien con una prótesis u otro tipo de ayuda".

"La nutrición y la hidratación asistidas, de hecho, pueden aplicarse a la personas que lo necesitan sin causar sufrimiento o violencia y sin interferir ni siquiera con una posible actividad laboral. Hay decenas de miles de personas en esta situación (cien veces más que los pacientes en un estado parecido al de la señorita Englano, que en Italia son unos 1.500) y en algunos casos su incapacidad para alimentarse se debe en parte a un problema cerebral agudo que no les diferencia mucho del estado de Eluana. Nos preguntamos qué haremos con todos ellos y en virtud de qué criterio se puede escoger. ¿Debemos --el Estado, la comunidad, los médicos--, eliminarlos a todos?".

Desde el punto de vista antropológico, los neurólogos confirman "que el paciente en estado vegetativo no es un vegetal, sino una persona humana".

"Desde el punto de vista neurológico, el paciente en estado vegetativo no está en muerte cerebral, pues su cerebro, de manera más o menos imperfecta, nunca ha dejado de funcionar, respira espontáneamente, sigue produciendo hormonas que reglan mucha de sus funciones, digiere, asimila los nutritivos".

"A pesar de que las posibilidades de recuperación son cada vez menores con el paso del tiempo del accidente cerebral, hoy el concepto de estado vegetativo permanente debe considerarse superado y se han documentado casos, aunque sean raros, de recuperación parcial del contacto con el mundo exterior incluso después de una larguísima distancia de tiempo. Por tanto, es absurdo hablar de certeza de irreversibilidad", afirman.

En virtud de estas consideraciones, los neurólogos consideran que "la sentencia sobre el caso Englaro no representa una intervención para acabar con un ensañamiento terapéutico o con tratamientos inadecuados, sino el intento de introducir en nuestra legislación por vía judicial el poder absoluto de autodeterminación por parte del paciente -o en este caso-- de quien le representa o cree representarle, hasta optar por la muerte, cuando se considera que la vida es indigna de ser vivida".

Por último, los neurólogos consideran "inhumana la manera propuesta de acabar con la vida de la paciente, a través del ayuno y la sed, con una lenta agonía que llevará a la muerte a través de una lenta devastación de todo el organismo".

Por Jesús Colina