53 años después, Budapest sale en procesión en el día de su santo patrón

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BUDAPEST, 21 agosto (ZENIT.org).- Cien mil personas acompañaron ayer en la tarde, por las calles de Budapest, las reliquias de San Esteban, patrón de Hungría. La última procesión de estas características se había celebrado en 1947 y había sido guiada por el heroico cardenal Mindszenty. Al año siguiente, el primado húngaro no se sometió a los dictados del partido comunista que quería reducir el recorrido. Por voluntad del cardenal, la procesión no se realizó. «Para nosotros la procesión en honor de San Esteban no es un juego», respondió el purpurado a los dirigentes del Partido. Al año siguiente, fue encarcelado.



Estos recuerdos imprimieron un ambiente especial a la imponente procesión que ayer inundó la capital húngara. 53 años después, fue bautizada como la «procesión del Milenio». Durante más de dos kilómetros, fue guiada por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado de Juan Pablo II, quien llegó al país magiar como legado pontificio. La cadena humana comenzó su andadura en la concatedral dedicada a San Esteban y terminó en la Plaza del Parlamento. Las reliquias del santo húngaro eran llevadas por jóvenes diáconos vestidos con la dalmática.

Juan Pablo II envió con este motivo un mensaje especial al pueblo húngaro en el que recuerda: «En los albores del milenio, cobra actualidad la figura del rey san Esteban: quiso fundar el Estado sobre la roca de los valores cristianos y por eso deseó recibir la corona real de manos del Papa, mi predecesor, Silvestre II». Las palabras del Santo Padre fueron leídas por el sucesor de Mindszenty, el cardenal László Paskai, durante la solemne celebración presidida por el cardenal legado en la tarde de ayer, antes de comenzar la procesión, ante la basílica concatedral.

«Que la fidelidad al mensaje cristiano --continua diciendo el Santo Padre en su mensaje-- os lleve también a vosotros, queridos hermanos y hermanas húngaros, a cultivar los valores del respeto recíproco y de la solidaridad que tienen su fundamento indestructible en la dignidad de la persona».

Esta mañana, el cardenal Sodano, antes de tomar el avión para regresar a Roma, se encontró con los obispos del país en la sede de la Conferencia Episcopal. «He venido de Roma para unirme a vuestra alegría, para traeros el saludo del Sumo Pontífice y para vivir con vosotros esta hora de gracia. Vosotros conocéis mejor que yo el largo camino que ha recorrido la Iglesia en Hungría, en estos diez siglos de historia: ha sido un camino que ha experimentado vicisitudes alternas, pasando de los misterios gozosos a los dolorosos, en espera de llegar a los misterios gloriosos de la patria celeste».

«En todo momento histórico --añadió el purpurado italiano--, los pastores de la Iglesia han arrojado la semilla de la Palabra de Dios, la única Palabra que salva. También hoy --añadió-- tenemos que seguir siendo sembradores de la Palabra de Dios».

«Que las celebraciones del milenio --concluyó el cardenal a la Iglesia y a todo el pueblo húngaro-- sean el inicio de un nuevo e intenso trabajo pastoral».