¿A dónde nos lleva la Genética?

La tentación prometeica de la Biotecnología

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WASHINGTON, 29 junio 2002 (ZENIT.org).- A medida que el senado de Estados Unidos continúa deliberando sobre la cuestión de la clonación de seres humanos, surgen dudas de a dónde llevarán a la sociedad los experimentos genéticos.



El nuevo libro de Francis Fukuyama, “Nuestro Futuro Posthumano: Consecuencias de la Revolución Biotecnológica”, ha alimentado el debate de los medios sobre la genética. En una entrevista publicada el 13 de junio en el International Herald Tribune, Fukuyama explicaba, “el potencial de la Biotecnología te ofrece una serie de nuevos instrumentos para manipular y controlar el comportamiento social”. Esta tecnología podría conducir a un renacimiento de la ingeniería social, evocando los intentos del siglo XX de crear sociedades utópicas, advertía.

Señalando el amplio uso del Prozac y del Ritalin, Fukuyama observaba cómo los productos farmacéuticos se usan ya como un sustitutivo en los niños por la influencia socializante de padres y profesores. “Tienes un atajo médico”, defendía, “que socava la comprensión tradicional de cómo construir el carácter, y el grado hasta el que eres responsable de tu propio carácter”.

Pronto tendremos la posibilidad de cambiar nuestra estructura genética. Ya en los años veinte y treinta había teorías de “racismo científico”, observaba Fukuyama. “De esta manera, si tuvieras una tecnología que pudiese reinsertar esta clase de diferencias en la especie humana, te enfrentarías a verdaderos problemas”.

La eugenesia tiene sus defensores, por supuesto. Richard Lynn, profesor emérito de psicología en la universidad de Ulster, ha escrito un libro en el que afirma que ha llegado el momento de replantearse el tema, informaba la BBC el 26 de abril.

Lynn defendía que la condena de la eugenesia había ido demasiado lejos. Aunque el concepto alcanzó una mala reputación a causa del programa de los nazis de la “raza de señores”, afirma Lynn, los avances en tecnología médica, como la diagnosis prenatal en mujeres embarazadas de fetos con desórdenes genéticos, significan que en cierto sentido la eugenesia ya se está practicando.

“Es necesario tomar en serio el principio general de la eugenesia, el hecho de que podríamos mejorar la calidad genética de la población”, insiste Lynn. “Los padres querrían tener hijos que estuvieran libres de enfermedades genéticas, y potencialmente en el futuro querrían tener hijos que fueran inteligentes. Esto es servir a las necesidades y esperanzas de la gente. Puesto que la tecnología avanza en la línea de permitirnos esto, la gente lo aceptará”.

De ratón y de hombre
Otro motivo de preocupación tiene que ver con los códigos genéticos humanos y animales. ¿Se deben mezclar y después patentarlos? Un profesor de medicina de Nueva York, Stuart Newman, está intentando patentar un “humano-ratón”, informaba el Los Angeles Times el 12 de mayo.

En los últimos años, la Oficina norteamericana de Patentes y Marcas ha concedido patentes de algunos genes y células humanas. Se han concedido también patentes para animales hechos con fragmentos de DNA humano con objeto de que los científicos puedan estudiar el cáncer y otras enfermedades. Hasta ahora la oficina de patentes ha rechazado los intentos de patentar embriones humanos y seres humanos.

Ahora, explica el Los Angeles Times, el “humano-ratón” está forzando a la oficina de patentes a defender su posición. Durante los cinco años de estudios de la solicitud de Newman, “la oficina parece conceder que tiene poca o ninguna autoridad para parar lo que claramente tendrá un desarrollo controvertido: el patentar embriones humanos”.

Newman afirmaba que el nunca ha logrado producir un “humano-ratón” y probablemente nunca lo logre. Tanto él como su compañero en el intento de patentar, el crítico biotecnológico Jeremy Rifkin, se oponen a la manipulación de la vida humana. Creen, sin embargo, que las leyes federales no limitan suficientemente el trabajo científico con embriones humanos y con la vida humana, y su intento de conseguir una patente busca forzar a los legisladores a cambiar esto.

Las compañías podrían estar interesadas en patentar seres humanos en los casos en que se pudieran utilizar embriones para generar células para uso terapéutico, explicaba Elizabeth Howard, abogado especializado en patentes de la firma Orrick, Herrington & Sutcliffe. En particular, afirmaba Howard, los científicos intentarán modificar embriones humanos para producir células estaminales que puedan transplantarse a los pacientes sin que tenga lugar un rechazo del tejido, un problema común en los transplantes actuales.

De hecho, los intentos de mezclar seres humanos y animales están en curso. Algunos investigadores en Corea lanzaron el verano pasado el proyecto de crear especies cruzadas de embriones, combinando DNA humano con óvulos de vaca, informaba el Wall Street Journal el 19 de marzo. Los experimentos, suspendidos el diciembre pasado, debido a las protestas, fueron conducidos por el embriologista Park Se Pill en el Maria Bio Tech, una sección del Hospital para la Infertilidad Maria, la clínica más grande de infertilidad del país.

El Journal explicaba que los investigadores, que trabajaban para la compañía norteamericana Advanced Cell Technology Inc., fueron los primeros que admitieron el poner DNA humano dentro de un óvulo de vaca en 1998. A causa de las protestas, la investigación en esta área se desarrolla fuera de Estados Unidos desde hace tiempo.

La Oficina de Patentes y Marcas de los Estados Unidos ya ha recibido una solicitud de Advanced Cell Technology basada en el trabajo que está desarrollando. La oficina también ha recibido, de un equipo a parte surcoreano del Colegio de Medicina Veterinaria de la Universidad Nacional de Seúl, solicitudes de embriones humanos clonados usando óvulos de vaca.

De hecho la Universidad de Missouri ha recibido ya una patente, que algunos abogados sostienen que podría cubrir la clonación humana, informaba el 17 de mayo el New York Times. La patente cubre la práctica de volver infértiles los óvulos de los embriones, y la producción de mamíferos clonados usando esta técnica. A diferencia de otras patentes sobre clonación animal, ésta no excluye específicamente al ser humano de la definición de mamíferos; de hecho, se menciona específicamente el uso de óvulos humanos.

La patente se hizo pública en abril del 2001, pero no llamó la atención hasta que se fijó en ella el International Center for Technology Assessment, un grupo con sede en Washington que se ha opuesto desde hace mucho tiempo a que se patenten seres vivos y que propugna la prohibición de la clonación humana.

El senador Sam Brownback, el republicano de Kansas que ha encabezado la oposición a la clonación humana, afirmaba que pretende introducir una ley que prohíba las patentes de seres humanos o embriones humanos, que consideraba “pariente cercano de la esclavitud”.

La ciencia no es el último juez
Eric Cohen, catedrático en el Centro de Ética y Políticas Públicas, explicaba en un ensayo publicado el 24 de junio en el The Weekly Standard, “nos dicen que la ciencia no debería juzgarse con criterios morales o sociales, sino únicamente con criterios científicos. Después nos dicen que la ciencia es una cruzada moral para mejorar la condición humana”.

Los científicos creen que están defendiendo el doble bien de “quitar el sufrimiento y la libertad del científico de poner los límites de su investigación”, observaba Cohen. “El problema es que ésta que es la más pragmática de las empresas humanas –dominar la naturaleza para elevar la situación del hombre- es de hecho una irrealista (o incompleta) visión del mundo”.

El Papa Juan Pablo II tocó este tema en su alocución del 2 de mayo a los miembros del Pontificio Consejo para la Pastoral de los Agentes Sanitarios. Observaba que las nuevas fronteras que se han abierto en las ciencias de la vida “han puesto un poder y una responsabilidad enorme en manos del hombre”.

“Si en el campo de la medicina y de la investigación biomédica, quienes hacen la investigación se condicionan a sí mismos por ambiciones egoístas y prometeicas, será inevitable que la dignidad y la vida humana se vean peligrosamente amenazadas”, advertía. “Sin embargo, si el trabajo en el importante sector de los cuidados médicos está informado por la cultura de la vida, bajo la dirección de una conciencia recta, el ser humano encontrará una respuesta efectiva a sus anhelos más profundos”.