A la madre de un futuro obispo le advirtieron: 'Su hijo va a ser un monstruo'

"Es mi niño, y lo que Dios nos envíe, lo aceptaremos", respondió ante la sugerencia de abortar

Roma, (Zenit.org) Redacción | 1204 hits

El papa Francisco nombró el pasado 11 de octubre como nuevo obispo auxiliar de St. Paul y Minneapolis a Mons. Andrew Cozzens. Uno de tantos nombramiento que hace el santo padre que podía haber pasado desapercibido si no fuera que su madre, Judy, ha contado la historia de su embarazo a The Catholic Spirit donde ha desvelado que Andrew podía haber sido abortado si hubiera seguido los consejos del médico. 

Por ello la historia de Andrew no está pasando inadvertida. Fue ordenado sacerdote en 1997 a los 28 años y actualmente es profesor de Teología Sacramental y encargado de liturgia en el seminario diocesano.

Cuando estaba embarazada de cinco meses de Andrew, quien iba a ser segundo hijo, empezó a sentir dolores, que al principio atribuyó a un virus que estaba afectando al colegio donde daba clase. Pero tardó poco en darse cuenta que estaban siendo dolores de lo que podía ser un parto prematuro. Acudió rápidamente al hospital acompañada de su marido Jack y consiguieron controlar la situación.  

Pero al día siguiente, cuando el médico la visitó para hablar de lo sucedido le dijo: "Usted trae un feto deforme. No puede continuar con el embarazo". Judy respondió: "¿Qué quiere decir? ¡Es mi hijo!"

"No, creo que no me entiende", insistió el doctor: "Lo que usted lleva dentro es un monstruo y no debe continuar este embarazo". A lo que replicó: "Es mi hijo, y lo que Dios nos envíe, lo aceptaremos". El médico se negó a continuar atendiendo el embarazo, pero encontraron otro doctor que les siguió durante el mismo.

Andrew nació perfectamente normal, aunque con un eccema que cubría todo su cuerpo. Tuvo algunos problemas más de salud, como unas alergias que le molestaron durante dos años y degeneraron en un asma crónica que todavía le afecta.

Y en parte, ese asma le llevó a descubrir su vocación de entrega a Dios a una edad tan temprana como los 4 años. Una noche, durante una estancia hospitalaria en la que tuvieron que conectarle a un pulmón artificial, le dijo al médico que estaba con él:  "Vaya a dormir a la cama. Estaré bien. Voy a crecer y a dedicarme a las tareas de Dios".

El doctor les contó después Jack y Judy que estaba perdiendo su fe en Dios por un proceso de divorcio muy doloroso, y que las palabras del pequeño le habían ayudado. Su vocación se asentó también gracias a la amistad de la familia con un sacerdote de Denver, donde vivieron una temporada para tratar al pequeño en un centro especializado en asma.

Andrew pudo llevar una normal, e incluso más que normal, ya que siguiendo las aficiones de montañero de su padre, lo ha sido él también.