Abierto el primer proceso de beatificación, por causa de martirio, de 36 norcoreanos

Anuncio de la abadía de Waegwan

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ROMA, domingo, 27 mayo 2007 (ZENIT.org).- Se ha abierto el primer proceso de beatificación de mártires de Corea del Norte: 36 Siervos de Dios que aceptaron morir para no renegar de su fe cristiana durante la persecución –de 1949 a 1952- del régimen estalinista de Kim Il-sung.



El Pontificio Instituto de Misiones Extranjeras, a través de su agencia «AsiaNews.it», confirma este viernes el anuncio de la abadía surcoreana de Waegwan, que -desde la separación de la península- tiene competencia territorial eclesiástica también en la abadía de Tokwon, en el Norte.

Declara el abad Simon Pietro Ri Hyeong-u –también administrador apostólico de Tokwon-: «Nuestra comunidad aspira al honor de poder enseñar el gran testimonio de fe demostrado por nuestros predecesores»; «por ello hemos obtenido el permiso para desempeñar la posición de "actor" en el curso del procedimiento canónico».

Se trata del proceso de beatificación del obispo abad Bonifacio Sauer O.S.B., del padre Benedict Kim O.S.B. y de sus compañeros.

«Murieron todos en prisión o en los "lager" norcoreanos durante la terrible oleada de persecución anti-católica perpetrada tras la toma de poder de los comunistas. Les recordamos a la vez porque todos estaban, de alguna forma, vinculados a la abadía de Tokwon», explica el vicepostulador de la causa, el padre Sabas Lee Seong-geun.

Para la agencia del PIME, especializada en el contexto asiático, la apertura del proceso es significativa porque, hasta la fecha, el gobierno de Seúl había ejercido su influencia para evitar el recuerdo de estos mártires y un «incidente diplomático» con el actual régimen, encabezado por Kim Jong-il, hijo de Kim Il-sung.

Califica como «dramática» la situación de la Iglesia católica en Corea del Norte.

Y es que, desde finales de la guerra civil (1953), las tres circunscripciones eclesiásticas norcoreanas (Pyongyang, Tokwon y Hamhung) y toda la comunidad católica sufrieron la brutalidad del régimen estalinista, que no dejó vivo a ningún sacerdote local y expulsó a los extranjeros.

El balance de los primeros años de la persecución de Kim Il-sung -el entonces dictador del país- se estima en 300 mil cristianos «desaparecidos».

Persiste actualmente la inexistencia de estructuras eclesiásticas y de sacerdotes residentes.

Tras la inauguración de la primera iglesia ortodoxa en la capital norcoreana -el pasado agosto-, la comunidad católica es la única que no tiene ningún sacerdote para sus fieles.

El número de católicos es de 800, cifra muy inferior a los tres mil declarados recientemente por el gobierno.

Y la «Asociación de los católicos norcoreanos» -creada y gestionada por el régimen- sigue declarándose interlocutora oficial de los católicos locales; respecto a ésta, existen serias dudas de su estatus jurídico y canónico, y sospechas de que esté formada sólo por funcionarios de Partido que ni siquiera son católicos.

Para testimoniar la persecución del régimen, en el Anuario Pontificio figura todavía el obispo de Pyongyang, monseñor Francis Hong Yong-ho (que hoy tendría 101 años), desaparecido el 10 marzo de 1962 y nunca declarado oficialmente muerto.