Aborto: El luto prohibido y la necesidad de la reconciliación

Habla Monika Rodman, coordinadora en Italia del programa El viñedo de Raquel

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BOLONIA, lunes 5 de julio de 2010 (ZENIT.org) “No os dejéis vencer por el desánimo y no abandonéis la esperanza”, son las palabras del papa Juan Pablo II en la encíclica Evangelium Vitae, dirigidas a las mujeres que han acudido al aborto.

“Podéis confiar con esperanza a vuestro hijo a este mismo Padre y a su misericordia”, dijo el papa en esta encíclica que hoy, 15 años después cobra aún más actualidad. “Ayudadas por el consejo y la cercanía de personas amigas y competentes, podréis estar con vuestro doloroso testimonio entre los defensores más elocuentes del derecho de todos a la vida”, exhortó Juan Pablo II en 1995.

Con el objetivo de reconciliar un luto que muchas veces permanece escondido durante años, nació en Estados Unidos, un programa de reconciliación llamado El viñedo de Raquel, (Rachel's Vineyard en inglés) que busca por medio de reuniones, acompañamiento y retiros espirituales que las mujeres que han abortado, y las personas que se han visto involucradas en este hecho (parejas, médicos o padres de familia) elaboren este luto y reconcilien la herida que les ha dejado esta decisión equivocada.

El nombre El viñedo de Raquel deriva de la cita Jeremías 31, 15- 17 que habla sobre el lamento de Raquel y el duelo que elabora luego de que sus hijos han muerto en la guerra. Hace alusión a la necesidad de elaborar este duelo. Hoy está presente en más de 20  países. Entre ellos España, Ecuador, Uruguay, Puerto Rico y Argentina.

Sobre este apostolado de la reconciliación, ZENIT entrevistó a la teóloga Monika Rodman Montanaro, quien ha trabajado en esta iniciativa en California, y ahora es la coordinadora de este proyecto en Italia. Durante años ha servido como voluntaria en la pastoral de la familia y especialmente con los traumas post aborto.

-¿Cómo nació esta iniciativa?

Monika Rodman: Nació en los Estados Unidos en 1984. Desde 1975 los obispos estadounidenses comenzaron un programa pastoral a favor de la vida, luego de que el aborto fue legalizado (enero de 1973). Han dicho: “queremos desarrollar iniciativas para acompañar a las mujeres católicas, las parejas, dado que ahora el aborto es legal y que la gente piensa que tal vez está bien”. Entendieron que estas mujeres tenían necesidad de una invitación visible y concreta para reconciliarse. La fundadora se llama Vicki Thorn y viene de la arquidiócesis de Milwaukee en Wisconsin, Estados Unidos.

Desde el comienzo los obispos estadounidenses han apoyado fuertemente esta iniciativa porque han visto los frutos en las parroquias, donde estas mujeres se han convertido y se han comprometido mucho en ser testimonios para otras mujeres.

-¿Cómo habéis descubierto que era necesario un retiro de reconciliación?

Monika Rodman: La creadora de estos retiros se llama Theresa Burke, es psicoterapeuta y cuando empezó a ejercer su profesión no buscaba la problemática post aborto; pero comenzó a tratar un grupo de mujeres con trastornos alimenticios. Estas mujeres hablaron de todo: abusos, compañeros equivocados, lesbianismo, alcohol. En una reunión una de ellas habló de aborto. Cada una tuvo una reacción fortísima. Siete de ocho mujeres habían abortado y ninguna había hablado de ello antes.

-Por ello se habla de un luto prohibido…

Monika Rodman: ¡Claro! Es un verdadero luto el que han vivido estas mujeres. Desde el comienzo se ha visto como un luto prohibido. Ni siquiera en su profesión tienen permiso de hablar de ello. Por ello han nacido los grupos semanales en los que comienza la elaboración del duelo. Es necesario llorar, permitir que se derramen estas lágrimas porque la depresión y muchos comportamientos auto destructivos tienen el origen en aquel dolor que llevan dentro.

Es una experiencia de muerte bajo la amenaza del compañero, o del rechazo de los padres. Hay muchos miedos que llevan a una decisión desesperada. Con ello nos damos cuenta que no es una elección libre como nos lo hace ver el mundo. Es más bien un testimonio de falta de libertad. Todo esto lo aprendemos y nos damos cuenta escuchando las historias de las mismas mujeres y de las parejas.

-¿Cuáles cree que son los traumas post aborto que salen años o quizás décadas después de este hecho por el “luto prohibido”?

Monika Rodman: Cuando se escucha la historia de una mujer que está embarazada y debe decidir qué hacer, escuchando su situación, se entiende que está bajo muchas presiones y miedos. Diría que el aborto es una elección que se ha tomado bajo un miedo tremendo. Bajo este miedo nunca tomamos decisiones acertadas. Se convierte en una elección desesperada: no estar más embarazada.

La mujer que aborta debe suprimir el instinto materno que siente dentro de su cuerpo y su alma sólo por el hecho de seguir con esta decisión desesperada. Piensa que si continúa su embarazo, este miedo no terminará. Suprime todo lo que siente, cree y sabe lleva dentro de sí a un niño, que Dios lo está formando en su vientre. Pero acaba con sus valores por seguir un programa propuesto por las personas y por la cultura de hoy. Sabe que es un embarazo no deseado. Hay un gran conflicto dentro del propio corazón. Y se abandona en el aborto. No es una elección liberadora, es un rendirse en una situación de abandono y de presión. Sabe que ha hecho morir a un niño, su niño, pero lo debe negar porque la realidad es muy dolorosa aunque sea aceptable socialmente en muchos países.

Si muere cualquier otro familiar, la cultura entiende que es necesario hacer un luto pero el aborto es un luto prohibido, como subterráneo. Sin embargo se manifiesta, y de otros modos: el sentido de culpa, la rabia contra las personas que le han presionado a abortar. Se manifiesta en vicios como el abuso de alcohol, otras sustancias o comportamientos destructivos. Hay trastornos alimenticios y un auto castigo, así como el revivir el hecho de que había algo adentro. Por ejemplo, la comida puede representar el niño que ha sido violentamente forzado.

-¿El aborto lleva a la ruptura de muchas relaciones de pareja?

Monika Rodman: Por supuesto que sí. Tengo una amiga que trabaja para el tribunal de California y me decía: “Monika, no te puedo dar detalles pero te puedo decir que en casi todas las peticiones de nulidad matrimonial, el aborto está de por medio”. El aborto está muy ligado a los fenómenos sociales negativos.

Queremos ayudar a las parejas para que no se separen, para que honren su propio cuerpo, su sexualidad. El aborto es como una bomba, como una mina. No siempre explota inmediatamente pero sí lo hace 10 o incluso 20 años después. Cuando las mujeres ya no pueden negar más este hecho.

-¿Cómo es la labor de acompañamiento que realiza la Viña de Raquel?

Monika Rodman: A través de la escucha. Quizás son practicantes, quizás no, porque el aborto es visto como un pecado imperdonable. Si hay un corazón arrepentido el Señor lo perdonará, pero ellas viven en principio esta experiencia de pecado imperdonable. Muchas veces actúan bajo presión. A veces son las mismas madres las que llevan a sus hijas a la clínica. Una vez vino una mujer que su mamá quería que abortara y ella huyó.

Dos semanas después regresó y la mamá había caído completamente en la tentación del aborto y la obligó a practicárselo y la hija cedió… hoy vive con su madre y ambas tienen una relación difícil. Nosotros invitamos no sólo a la mujer que abortó sino también a quienes han aconsejado o incluso obligado a abortar. Buscamos tratar las heridas en el alma individual.

El retiro es elaborado por un equipo, por la presencia de una psicóloga, de un sacerdote (que el obispo le ha dado la potestad para absolver el pecado del aborto) y de otros miembros laicos. A veces los otros miembros del equipo son mujeres u hombres que han pasado por la experiencia del aborto y han hecho un discernimiento para poder llegar a otras personas que tienen estas heridas.

-¿Nos puede hablar de los frutos de este apostolado?

Monika Rodman: Estas mujeres, una vez que se reconcilian, se convierten en apóstoles de otras mujeres, apóstoles a favor de la vida porque dicen: “no toméis nunca ese camino, a mí me ha costado mucho, haz nacer este niño, serás capaz, yo estoy contigo”. Se convierten en apóstoles de la Divina Misericordia. Es algo bellísimo, es un campo muy fértil.

-Alguna historia en particular que la haya impresionado…

Monika Rodman: Una mujer de 43 años había abortado hace 10 y luego nació su hija y me decía: “la realidad de mi hija me ha hecho entender lo que hice”. A ella le fue diagnosticada una depresión post parto, pero nadie le preguntó si había abortado. Ahora quiere hacer el retiro con su marido.

Nosotros invitamos a las mujeres casadas a ir en pareja, aunque el esposo no sea el padre del niño abortado. Esta es una ilustración de cómo ella había sepultado la memoria que luego estalla y se reabre así esta especie de “volcán de luto”.

-¿Cómo una mujer que ha abortado y que se aleja de la Iglesia, busca la reconciliación en los valores del Evangelio?

Monika Rodman: Buscamos facilitar el encuentro con Cristo misericordioso. Con aquel Jesús que quizás les ha parecido lejano. Con la Divina Misericordia. Queremos facilitar un encuentro con el corazón misericordioso de la Iglesia y lo hacemos en equipo. No sólo el sacerdote sino también la psicóloga, la mujer que abortó en el pasado. El Divino médico actúa a través de cada una. Una psicóloga católica que entiende que la curación es el corazón que debe curarse. Al final, es Cristo el que sana.

Mayor información: http://www.rachelsvineyard.org/

Por Carmen Elena Villa