Abusos a menores: ni celibato ni homosexualidad, según informe

Arzobispo de Nueva York publica el resultado de una investigación

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NUEVA YORK, miércoles 18 de mayo de 2011 (ZENIT.org).- Monseñor Timothy Dolan, arzobispo de Nueva York y presidente la Conferencia Episcopal de Obispos Católicos de Estados Unidos, ha hecho público hoy el resultado de una investigación sobre los casos de abusos sexuales por parte de miembros del clero entre 1950 y 2010.

Se trata de una investigación, precisó monseñor Dolan en un comunicado, que fue encargada al John Jay College of Criminal Justice, una agencia profesional de investigación externa a la Iglesia.

El estudio Causas y Contexto del Abuso Sexual de Menores por sacerdotes Católicos, 1950-2010, realizado por un equipo de investigadores de John Jay College fue presentado hoy en Washington a Diane Knight, CMSW, presidenta del Comité Nacional de Revisión (National Review Board), un grupo compuesto por de católicos laicos que supervisó el proyecto, y al monseñor Blase Cupich, obispo de Spokane ypresidente del Comité de Obispos para la Protección de Niños y Jóvenes de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos.

Este informe pone de manifiesto, explicó el prelado, que la gran mayoría de abusos sexuales perpetrados por miembros del clero tuvieron lugar entre los años 60 y 80, y que la incidencia de los abusos en la Iglesia se ha reducido significativamente desde 1985.

“Esto – aclaró – no minimiza el daño hecho a las víctimas de los abusos, y de nuevo ofrezco una disculpa a quien haya sido herido por un sacerdote o cualquier persona actuando en nombre de la Iglesia, fuera cuando fuera”.

Además, otra de las conclusiones del estudio es que no hay una única causa que haya llevado a estos casos: “Ni el celibato, como unos sugerían, ni la homosexualidad, como decían otros, han sido hallados como razón por la que una persona abusara sexualmente de un menor”.

Al contrario, las causas estarían relacionadas más bien con vulnerabilidades concretas de los sacerdotes, junto con situaciones y oportunidades”.

Monseñor Dolan reiteró que en la archidiócesis de Nueva York “se han dado muchos pasos para combatir este mal”, sobre todo “proveyendo de ambientes seguros para los niños”.

74.000 adultos han sido preparados para este tipo de ambientes y otros 82.000 han sido examinados, con 170.000 niños entrenados cada año. “Además, nuestro programa de formación en el seminario provee exámenes rigurosos, y un desarrollo humano y emocional más intenso y comprehensivo, para preparar mejor a los futuros sacerdotes”.

También se han establecido códigos de conducta, tanto para sacerdotes como para laicos, para aclarar qué conducta es apropiada y cual no en el trabajo con niños.

Monseñor Dolan explicó también el procedimiento seguido por la archidiócesis ante una denuncia de abuso: el primer paso, explicó, es “animar al demandante a que informe inmediatamente a las autoridades civiles”.

“Si la archidiócesis tiene razones para creer que ha habido un abuso, contacta inmediatamente con las autoridades civiles”, cooperando con ellas para esclarecer los hechos.

Además, existe un Comité laico independiente, formado por jueces, abogados, psiquiatras, trabajadores sociales, padres, profesores y expertos en trato a víctimas de abuso, que revisa las alegaciones tras el proceso civil.

Si un sacerdote es hallado culpable de un solo caso de abusos a menores, nunca se le permite volver a ejercer el ministerio.

Ante la publicación de la carta circular a las Conferencias Episcopales de todo el mundo, monseñor Dolan mostró su esperanza de que “la experiencia de Estados Unidos, como ilustra este estudio, sirva como modelo, no sólo para la Iglesia en otros países, sino para toda la sociedad, que está aprendiendo aún cómo afrontar el horrible problema del abuso”.

Formación humana

El estudio del John Jay College revela un dato importante, y es que la formación humana en la educación de los sacerdotes en el seminario, tiene relación directa con la continuación de un bajo nivel de abuso sexual de niños por parte de sacerdotes católicos.

Así lo afirmó hoy una de las autoras del informe John Jay, la doctora Karen Terry, quien aseguró que “incremento en la frecuencia de las incidencias de abuso en las décadas de los ‘60 y ‘70 es consistente con los patrones de conducta desviada en la sociedad del momento.”

También afirmó que “las influencias sociales se cruzaron con vulnerabilidades de sacerdotes individuales cuya preparación a una vida de celibato era inadecuada en aquel tiempo”.

El estudio destaca también que ni el celibato ni la homosexualidad son causas del abuso y que los datos recogidos en el historial de pruebas psicológicas, psicosexuales, de desarrollo, inteligencia y experiencia en el sacerdocio “no permitían distinguir a candidatos al sacerdocio que más tarde cometieron abusos de otros que no lo hicieron”.

Revela también que la respuesta inicial de los obispos a mediados de los años 80 a las denuncias de abuso estuvo concentrada en buscar ayuda para el sacerdote-abusador, y que sólo a mediados de los 90 comenzó a ponerse en marcha un plan de respuesta a las víctimas y a los daños causados por el abuso sexual.

Sin embargo, la disminución de la incidencia de casos de abuso sexual por parte de miembros del clero fue más rápida que en la sociedad en general.