Acabar con el escándalo del hambre exige acabar con el egoísmo, asegura el Papa

Aboga por un desarrollo que ponga en el centro «la protección de la dignidad humana»

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 20 octubre 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha denunciado el hambre como uno de los mayores escándalos de la actualidad y ha propuesto como solución un desarrollo integral que afronte una de sus causas primordiales: el egoísmo humano.



El pontífice afronta el argumento en un mensaje dirigido a Jacques Diouf, director general de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), con motivo de la Jornada Mundial de la Alimentación, celebrada el 16 de octubre.

La carta del Papa subraya, entre otras cosas, el aprecio de la Santa Sede por esta institución que en este año ha cumplido los sesenta años de vida y constata que esta celebración «nos recuerda que el hambre y la malnutrición se encuentran, por desgracia, entre los más graves escándalos que siguen afectando a la vida de la familia humana».

«El hambre no sólo depende de situaciones geográficas y climáticas o de circunstancias desfavorables ligadas a las cosechas --reconoce la misiva pontificia--. También es provocada por el mismo hombre y por su egoísmo, que se traduce en carencias de organización social, en la rigidez de las estructuras económicas que con demasiada frecuencia sólo buscan la ganancia, e incluso en prácticas que van contra la vida y en sistemas ideológicos que reducen a la persona, privada de su dignidad fundamental, a un mero instrumento».

Según el obispo de Roma, «el auténtico desarrollo mundial, organizado e integral, deseable por todos, exige más bien conocer de manera objetiva las situaciones humanas, discernir las auténticas causas de la miseria, y ofrecer respuestas concretas, teniendo por prioridad una formación adecuada de las personas y comunidades».

La Jornada Mundial de la Alimentación tenía este año como lema «Agricultura y diálogo de culturas».

Por este motivo, el sucesor de Pedro invitó a considerar «el diálogo como un instrumento eficaz para crear las condiciones de la seguridad alimenticia».

«El diálogo exige armonizar los esfuerzos de las personas y de las naciones al servicio del bien común. La convergencia entre todos los protagonistas, asociada a una cooperación efectiva, puede contribuir a edificar la auténtica paz, permitiendo vencer las tentaciones recurrentes de la violencia a causa de las diferentes visiones culturales, de etnias o de desarrollo», aseguró.

De hecho, sigue subrayando Benedicto XVI, «el progreso técnico sólo será auténticamente eficaz si encuentra su lugar en una perspectiva más amplia, en la que el hombre ocupa el centro, con la preocupación de tener en cuenta al conjunto de sus necesidades y aspiraciones, pues, como dice la Escritura, \"no sólo de pan vive el hombre\"».

El Santo Padre concluye asegurando que los objetivos que ha asumido la FAO para acabar con el hambre sólo podrán alcanzarse «si la protección de la dignidad humana, origen y fin de los derechos fundamentales, se convierte en el criterio que inspira y orienta todos los esfuerzos».

El 17 de octubre, el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, tomó la palabra en la sede de la FAO que se encuentra en Roma para exigir ante los representantes de 188 países que se dé prioridad a destinar los recursos económicos a la lucha contra el hambre en y no a las guerras.