Aclaraciones sobre la relación con los ángeles

La asociación "Opus Sanctorum Angelorum"

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CIUDAD DEL VATICANO, sábado, 26 de marzo de 2011 (ZENIT.org).- Presentamos el artículo con el que el diario de la Santa Sede, "L'Osservatore Romano", aclara la espiritualidad de la asociación "Opus Sanctorum Angelorum", la Obra de los Santos Ángeles, surgida en 1949 por iniciativa de un grupo de sacerdotes y seminaristas de Innsbruk, Austrla.




La Congregación para la doctrina de la fe envió alos presidentes de las Conferencias episcopales el2 de octubre de 2010 una carta circular acerca de la asociación «Opus Angelorum», carta que pos­teriormente fue publicada en L'Osservatore Roma­no el 21 de noviembre de 2010, p. 10. En dichacarta la Congregación informa en concreto sobrela aprobación del «Estatuto del Opus Sanctorum Angelorum» por parte de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vidaapostólica y la aprobación de la «fórmula de unaconsagración a los santos ángeles para el Opus Angelorum» por parte de la Congregación para ladoctrina de la fe. Por ello parece oportuno expli­car brevemente la espiritualidad de esta Obra de los santos Ángeles, que tal como hoy se presenta es«una asociación pública de la Iglesia en armoníacon la doctrina tradicional y las normas de la au­toridad suprema. Difunde entre los fieles la devo­ción a los santos ángeles, exhorta a rezar por lossacerdotes y promueve el amor a la Pasión de Cristo y su unión con ella» (carta de la CDF).

¿Cuál es, por tanto, la espiritualidad de estaasociación? ¿Y cuál ha sido su camino hasta elmomento presente al que se refiere la carta de laCongregación para la doctrina de la fe? El OpusSanctorum Angelorum nació en Innsbruck, Austria, en el año 1949. La señora Gabriele Bitterlich, es­posa y madre de tres hijos, estuvo en el origen deeste movimiento. Desde ese año, 1949, fue cre­ciendo en ella una conciencia personal cada vez más clara de que el Señor Jesucristo quería quelas personas venerasen e invocasen más a los san­tos ángeles y se abriesen a su poderosa ayuda. Sinembargo, como auténtica cristiana, se puso siem­pre bajo la autoridad de la Iglesia. En aquellosaños, esta autoridad fue el obispo de Innsbruck,monseñor Paulus Rusch, con el cual estuvo siem­pre en contacto. A partir de 1961, el Opus Angelo­rum se fue extendiendo en diversos países delmundo. Por lo que desde el año de 1977 ha sidola autoridad suprema de la Iglesia la que ha idoexaminando las doctrinas y las prácticas particula­res del Opus Angelorum.

Que el movimiento haya sido aprobado signifi­ca que la Iglesia ha reconocido la validez funda­mental de la intuición fundadora de la señora Bit­terlich, aunque por otra parte también ha consta­tado, entre sus numerosos escritos, varias doctri­nas y concretamente «teorías... acerca del mundode los ángeles, sus nombres personales, sus gru­pos y funciones», «que son ajenas a la SagradaEscritura y a la Tradición», las cuales «no puedenservir como base para la espiritualidad y actividadde asociaciones aprobadas por la Iglesia» (1). De­bido a que el Opus Angelorum ha obedecido a la Iglesia y ha abandonado aquellas doctrinas y susconsecuencias prácticas, actualmente se presenta atodos los efectos como un movimiento eclesial que está llamado a colaborar con el propio caris­ma en la misión evangelizadora y salvadora de la Iglesia.

El fundamento de su espiritualidad es, por lotanto, la Palabra de Dios, que se encuentra en laSagrada Escritura y en la Tradición viva de la Iglesia, que son auténticamente interpretadas porel Magisterio de la Iglesia. En el Catecismo de la Iglesia católica se encuentra una síntesis de la doc­trina del Magisterio sobre el mundo angélico (cf. CIC 328-336, 350-352).

Se lee allí en primer lugar que «la existencia deseres espirituales, no corporales, que la SagradaEscritura llama habitualmente ángeles, es una ver­dad de fe» (CIC 328). «Con todo su ser, los ánge­les son servidores y mensajeros de Dios. Porquecontemplan "constantemente el rostro de mi Pa­dre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agen­tes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra"(Sal 103, 20)» (CIC 329); «son criaturas personales e inmortales» (CIC 330).

Jesucristo no es solamente el centro de los hombres sino también de los ángeles: «Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles lepertenecen... Le pertenecen porque fueron crea­dos por y para él... Le pertenecen más aún por­que los ha hecho mensajeros de su designio desalvación» (CIC 331). «Desde la creación y a lolargo de toda la historia de la salvación, los en­contramos, anunciando de lejos o de cerca esa sal­vación y sirviendo al designio divino de su reali­zación» (CIC 332). Es decir, este servicio angélicoabarca la misma vida del Verbo encarnado y a laIglesia, que es el cuerpo de Cristo sobre la tierra.«De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración ydel servicio de los ángeles... Protegen la infanciade Jesús, le sirven en el desierto, lo reconfortan en la agonía cuando él habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los ángeles quie­nes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la buenanueva de la Encarnación y de la Resurrección deCristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles, estos estarán presentes al servicio del juicio del Señor» (CIC 333).

«De aquí que toda la vida de la Iglesia se be­neficie de la ayuda misteriosa y poderosa de losángeles» (CIC 334). «En su liturgia, la Iglesia seune a los ángeles para adorar al Dios tres vecessanto; invoca su asistencia..., y celebra más parti­cularmente la memoria de ciertos ángeles (sanMiguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles cus­todios)» (CIC 335).

Así, «desde su comienzo hasta la muerte, la vi­da humana está rodeada de su custodia y de suintercesión. "Cada fiel tiene a su lado un ángelcomo protector y pastor para conducirlo a la vi­da" (san Basilio, Eun. 3, 1). Desde esta tierra, la vida cristiana partici­pa, por la fe, en la sociedad biena­venturada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios» (CIC 336). Con razón, por lo tanto, «la Iglesia venera a los ángeles que la ayudan en su peregrinar terrestre» (CIC 352).

Lo específico de la asociación Opus Sanctorum consiste en el hecho de que sus miembros llevan la devo­ción a los santos ángeles hasta aquel desarrollo pleno que se expresa y se concreta en una «consagración a los santos ángeles», tal como se ha constatado a lo largo de la historia de la Iglesia con las devocio­nes al Sacratísimo Corazón de Jesús y al Inmacu­lado Corazón de María (consagración al Corazón de Jesús y de su Madre).

Se entra en la Obra de los santos Ángeles me­diante la consagración al ángel de la guarda. La consagración a los santos ángeles la hacen aquellos miembros que quieren comprometerse más activa­mente con los fines espirituales del movimiento. Esta consagración se entiende como una alianza del fiel con los santos ángeles, es decir, como un acto consciente y explícito que reconoce y tomaen serio su misión y función en la economía de la salvación. Así como otras muchas espiritualidades tienen sus propias expresiones típicas, por ejem­plo el «Totus tuus» del Papa Juan Pablo II, así también la espiritualidad de la consagración a los santos ángeles en el Opus Angelorum se podría ca­racterizar con las palabras «cum sanctis angelis», o sea, «con los santos ángeles»o «en comunión con los santos ángeles».

Precisamente, una «convivencia» de los fieles con los santos ángeles como verdaderos amigos (2) es posible en la fe y en la caridad teologal, y así también una íntima c o l a b o ra c i ó n espiritual con ellos para los fines del plan salvador de Dios enrelación con todas las criaturas (3), ya que su coo­peración está garantizada en todas nuestras bue­nas obras (4).

Esta convivencia y colaboración espiritual de los fieles con los santos ángeles, que como se in­dica en el mencionado Estatuto, es lo propio dela «esencia» del Opus Angelorum, exige natural­mente no sólo la fe y el amor a los santos ángeles-y en primer lugar al propio ángel de la guarda-, sino también una prudente aplicación de los crite­rios del «discernimiento de los espíritus». A este propósito, encontramos la siguiente explicaciónen el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica(5): «Como en la visión de la escala de Jacob, "los ángeles de Dios subían y bajaban por aquellaescalera" (Gn 28, 12), los ángeles son dinámicos e incansables mensajeros que unen el cielo con la tierra. Entre Dios y la humanidad no hay silencioe incomunicabilidad, sino diálogo continuo y co­municación incesante. Y los hombres, destinata­rios de esta comunicación, deben afinar su sensi­bilidad espiritual para escuchar y comprender estelenguaje de los ángeles, que sugieren palabrasbuenas, sentimientos santos, acciones misericor­diosas, comportamientos caritativos y relacionesedificantes».

El Opus Angelorum se fundamenta en la pronti­tud incondicional para servir a Dios con la ayudade los santos ángeles y tiene como finalidad la re­novación de la vida espiritual en la Iglesia, ayuda­dos por ellos en las así llamadas «direcciones (odimensiones) fundamentales» de adoración, con­templación, expiación y misión (apostolado).

La ayuda de los ángeles y la unión de los hom­bres con ellos permiten que los hombres vivanmejor su fe y la puedan testimoniar con más fuer­za y convicción. Efectivamente, los santos ángelescontemplan continuamente el rostro de Dios (cf.Mt 18, 10) y viven en constante adoración. De unmodo particularmente eficaz los ángeles puedeniluminar, por tanto, a aquellos que se abren cons­cientemente a su acción, los cuales son ayudadospor ellos a contemplar en la fe los divinos miste­rios: el mismo Dios y sus obras -theologia y oiko­nomia (6)-, a crecer así en el conocimiento y enel amor de Dios, a permanecer en su presencia y realizar una adoración particularmente reve­rente y amorosa, dedi­cándose a la mayor glorificación de Dios. La a d o ra c i ó n, especialmente, la adoración eucarística ocupa, por lo tanto, el primer lu­gar en el Opus Angelo­rum.

Del mismo modo que Nuestro Señor Je­sucristo fue fortificado por el Padre celestial a través de un ángel para poder soportar la pasiónredentora (cf. Lc 22, 43), así también los miem­bros del Opus Angelorum confían en la ayuda de los santos ángeles para seguir a Cristo con caridadexpiatoria para la santificación y salvación de lasalmas, especialmente por los sacerdotes. Por ello,en el Opus Angelorum también se tiene el ejercicio piadoso de la «Passio Domini», es decir, un tiem­po de oración semanal (el jueves por la noche yel viernes por la tarde), en el que los miembros seunen espiritualmente al Redentor en el misteriode su pasión salvadora. Cristo crucificado y resu­citado es, de hecho, el centro de los hombres y delos santos ángeles.

Con la aprobación del Opus Ss. Angelorum, la Iglesia ha bendecido un movimiento que se carac­teriza, es cierto, por una devoción peculiar a lossantos ángeles, pero también y esencialmente -se­gún las propias características de los santos ánge­les- por una orientación absoluta hacia Dios y suservicio, hacia Cristo redentor, la cruz, la Eucaris­tía, para la gloria de Dios y la salvación de las al­mas. En realidad, la conciencia viva de la presen­cia y de la misteriosa y potente ayuda de los san­tos ángeles, siervos y mensajeros divinos, es capazde dar impulso a los fieles para que se dediquencon confianza a la primera y esencial misión de laIglesia: la salvación de las almas para gloria deD ios.

 

(1) Cf. decreto Litteris diei de la Congregaciónpara la doctrina de la fe, del 6 de junio de 1992. 

(2) Cf. santo Tomás de Aquino, Summa Theolo­giae II-II, q. 25., a. 10; q. 23, a. 1, ad 1.

(3) Cf. Ef 1, 9-10; Col 1, 15-20; Jn 12, 32; 17, 21­23; Ap 10, 7; 19, 6-9. 

(4) Cf. CIC 350: «"Ad omnia bona nostra coo­perantur angeli": Los ángeles cooperan en toda obra buena que hacemos (santo Tomás de Aqui­no, Summa Theologiae I, 114, 3, ad 3)».

(5) P. 210: comentario a un cuadro de Jan vanEyck, reproducido en la página precedente.

(6) Cf. CIC 236.