Adopción de parejas homosexuales: ¿Y los derechos del niño?

Aumentan los países que dan luz verde a estas legislaciones

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LONDRES, 23 de noviembre de 2002 (ZENIT.org).- La presión de los grupos homosexuales para obtener la aprobación para adoptar niños por parte de parejas del mismo sexo ha tenido éxito recientemente en algunos países. El último caso es Inglaterra y Gales, donde los Lores, tras una larga batalla, aprobaron la legislación que permite la adopción a los no casados y a parejas del mismo sexo.



Los Lores ya habían rechazado la Ley de Adopción y Niños aprobada por los Comunes en mayo pasado. Pero en una nueva votación hace dos semanas la mayor participación de representantes laboristas dio al gobierno los votos necesarios para aprobar la ley, informaba el Times el 6 de noviembre. Previamente, la ley restringía la adopción a las parejas casadas heterosexuales y a personas solas, incluyendo homosexuales.

Lord Hunt of Kings Heath, ministro de salud, defendió la decisión de permitir a las parejas no casadas, incluidas las homosexuales, la adopción como algo «justo y necesario», diciendo que mejoraría en gran medida las posibilidades de vida de cientos de niños.

Criticando la nueva ley, Earl Howe, portavoz de sanidad del partido conservador, insistía en que el matrimonio era el «ambiente ideal para criar a los hijos». Además, aseguraba, muchos de los niños que esperan ser adoptados atraviesan una situación particular, y al ser más vulnerables, merecen «lo mejor».

La ley está siendo utilizada para hacer ingeniería social y borrar el matrimonio, defendía la representante conservadora Lady O’Cathain, cuando la ley fue rechazada por los Lores en octubre. También defendía que no existía escasez de parejas casadas disponibles para adoptar niños, informaba el Telegraph el 15 de octubre.

Los líderes religiosos habían impulsado el voto contrario a esta ley en una carta escrita al Telegraph. La carta fue firmada por el arzobispo católico de Cardiff, Peter Smith; el obispo anglicano de Winchester, Michael Scott-Joynt; el secretario general del Consejo Musulmán de Gran Bretaña, Iqbal Sacranie; y el editor del Sikh Messenger, Indarjit Singh.

En la carta publicada el 16 de octubre, los líderes afirmaban que las propuestas a debatir eran un gran error y minarían el matrimonio y dañarían a los niños. También advertían de que el cambio de ley levantaría «cuestiones profundas de conciencia» para las personas religiosas implicadas profesionalmente en la adopción.

Observaban que el 95% de las adopciones delicadas se hacían por parejas casadas, y que, en una fecha tan reciente como 1998, el gobierno había dicho que «el matrimonio provee del fundamento más seguro para criar a los niños». Los firmantes de la carta concluían que la aprobación de la adopción por parejas homosexuales, o por parejas heterosexuales no casadas, no garantizaría los intereses de los niños.

Cuando la ley volvió a los Comunes tras su primer rechazo por los Lores, se intensificó el debate e incluso provocó una fractura dentro del Partido Conservador, con algunos miembros que desobedecieron a las llamadas del líder del partido para votar contra las enmiendas. Durante el debate, el miembro laborista del parlamento, Michael Foster, advirtió que niños de corta edad podrían continuar «languideciendo en la asistencia social», si seguía restringiéndose la adopción a las parejas casadas, informaba el Guardian el 5 de noviembre. El laborista David Hinchliffe, que presentó las enmiendas originales que permiten la adopción por parejas del mismo sexo, acusó a los pares de «homofobia» al rechazar sus propuestas.

En un comunicado de prensa tras la aprobación de la ley por los Lores, Colin Hart, director del Christian Institute, comentaba: «La adopción por gays no hará nada para solucionar las necesidades de los niños vulnerables. Sólo sirve a los intereses de una minoría de adultos».

Por otro lado, hacía notar que el gobierno «ha ignorado completamente los puntos de vista del público sobre este tema». Una reciente encuesta de opinión llevada a cabo en el distrito electoral del Primer Ministro Tony Blair, quien votó por la ley, mostraba que el 71% de los padres que expresaron su punto de vista se oponían a la adopción homosexual.

Aprobación en otros países
El pasado septiembre, el Tribunal Constitucional de Sudáfrica dictaminó que las parejas del mismo sexo tienen derecho a adoptar niños. El tribunal declaró que las personas «del mismo sexo con relaciones estables» podrían dar a los niños un hogar estable y el apoyo y el afecto necesario, informó el 10 de septiembre la BBC.

Según la constitución sudafricana, la discriminación basada en la orientación sexual es ilegal, pero la Ley de Cuidados del Niño prohibía a las parejas del mismo sexo adoptar niños.

El Tribunal Superior de Pretoria ya había declarado la ley inconstitucional, pero ahora el Tribunal Constitucional ha confirmado el dictamen y establecido que «los derechos a la igualdad y a la dignidad se infringieron por secciones específicas de la enmendada Ley de Cuidados del Niño».

Y, en junio, el parlamento de Suecia votó a favor de permitir que las parejas del mismo sexo adopten niños, informó la BBC el 6 de junio. Según la nueva ley, las parejas homosexuales registradas con una relación legal, permitidas en Suecia desde 1995, serán capaces de adoptar niños tanto dentro del país como en el extranjero.

Durante el debate parlamentario, Alf Svensson, líder de la oposición de los Demócratas Cristianos, había pedido a los legisladores evitar experimentos con niños, como el de tener dos padres o dos madres, informaba Associated Press el 6 de junio.

Con su decisión, Suecia se une a Dinamarca, Islandia y Holanda a la hora de permitir los derechos de adopción a parejas del mismo sexo. Pero tales parejas tendrán dificultades para encontrar niños que adoptar, observaba la BBC. En Suecia, pocos niños están disponibles para la adopción; en el 2000, la cifra era sólo de 16.

Diecisiete países consultados por el ministerio de asuntos exteriores sueco declararon que rechazarían a los homosexuales como padres adoptivos. El gobierno sueco también propuso permitir a las lesbianas que recibieran inseminación artificial, pero el tema se ha dejado de lado hasta que se despejen los problemas legales.

En el Estado australiano de Tasmania, el gobierno anunció hace poco que introduciría una legislación que permita la adopción por parejas homosexuales, informó el Mercury el 9 de noviembre. Comentando la propuesta, el obispo anglicano John Harrower declaró que las adopciones por parejas del mismo sexo no serían el mejor servicio que se puede prestar a los intereses de los niños. Afirmó que muchas investigaciones han demostrado que los niños que han crecido con «padres» del mismo sexo son peores que aquellos con padre y madre.

El responsable de la comunidad católica de Tasmania también declaró su oposición a la adopción por parejas del mismo sexo, diciendo que no existe el derecho a tener un niño según la ley australiana. El arzobispo Adrian Doyle afirmó «que las tradiciones judeo-cristianas así como las de otras confesiones y de algunas personas no creyentes sostienen que el niño tendrá mejores opciones a un desarrollo equilibrado con el amor de un padre y de una madre».
La naturaleza complementaria de la paternidad y la maternidad en el crecimiento de los niños fue puesta de relieve por el autor australiano Barry Maley, en su libro publicado en 2001 «Family and Marriage in Australia». Los padres homosexuales, explicaba, presentan un problema especial con relación a los procesos de socialización y desarrollo de la personalidad. Falta la experiencia doméstica de la interacción varón-mujer en el hogar familiar en una unión compuesta por personas del mismo sexo.

Maley puntualizaba cuidadosamente que esto no quiere decir que los hombres y mujeres homosexuales sean incapaces de criar niños con amor, ternura y cuidados apropiados. «Pero los niños merecen no sólo esto sino muchas cosas más que están más allá del alcance de un hogar homosexual», concluía.

La consideración de lo que es mejor para los niños parece haberse olvidado en las recientes decisiones de aprobar las adopciones por parejas del mismo sexo.