Agustinos argentinos: asombro y sorpresa total

''Es muy pastor, muy humano y muy espiritual''

Roma, (Zenit.org) Redacción | 1386 hits

“La elección del cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa ha sido para mí una gran alegría y motivo de renovada esperanza. Doy gracias al Señor”. Así comienza Miguel Miró, superior general de la Orden el último artículo de su blog. Y continúa con una reflexión directa: “El hecho de que sea el primer papa jesuita y el primero que haya escogido el nombre de Francisco es significativo para la comunión y renovación de la Iglesia”.

Para los agustinos recoletos argentinos también ha sido una gran sorpresa. Carlos María Domínguez aún no acaba de asimilar la noticia: “Hay que acostumbrarse a verlo de blanco porque es un hombre sencillo. Viajaba en colectivo (autobús) y subte (metro). No le gusta el protocolo. Se va a tener que acostumbrar. Uno iba a la curia y bajaba él mismo a abrir la puerta”.

Darío Rubén Quintana aún no sale de su asombro: “No me lo esperaba. Yo había escuchado que la otra vez había pedido a los otros cardenales que no lo votaran. Pensábamos que se le pasó el turno, que ya tiene 76 años, pero cuando dijeron “Georgium Marium”… yo estaba al lado de Carlos María, nos miramos y en cuanto terminó el protodiácono de pronunciar “Bergoglio”… fue asombro y sorpresa total. No es para nada protocolario, si vos necesitás hablar con él y no te puede atender en audiencia, a los pocos minutos él mismo te llama al teléfono o al celular”.

Cercano, afable, directo y llano

Los agustinos recoletos están presentes en Buenos Aires desde 1928. Aquí administran la parroquia de Nuestra Señora de la Consolación ubicada en el corazón de la capital argentina, en el centro geográfico bonaerense, en el barrio de Villa Crespo-Palermo. “Es una parroquia muy fuerte en sus actividades pastorales, en la evangelización y la catequesis; con una muy marcada impronta misionera. Recorremos mucho el barrio”, explica Darío Rubén Quintana, párroco durante los seis últimos años y en la actualidad superior de los agustinos recoletos en Argentina. 

“Nos ha visitado en varias ocasiones y es un hombre de trato cercano, afable. Siempre ha mostrado su cariño y su respeto por los agustinos recoletos. Y nos ha felicitado por la obra que hacemos en Buenos Aires”, comenta Carlos María Domínguez, otro agustino recoleto argentino que actualmente desempeña la tarea de vicario en la provincia de Santo Tomás de Villanueva. “Siempre que me veía me conocía y me preguntaba por los frailes. Hemos hablado frente a frente en mi despacho y le he consultado sobre algunas situaciones particulares de algunos religiosos. Es muy pastor, muy humano y muy espiritual”, recuerda Domínguez con afecto y serena alegría. 

“Es un hombre muy directo, llano y franco. En ningún momento pasas desapercibido ante él. Constata tu presencia enseguida. Tiene muy buena memoria y conoce el nombre de todos los sacerdotes y religiosos”, coincide Quintana con su compatriota y hermano de hábito.

Los agustinos recoletos recuerdan las últimas veces que coincidieron con el papa Francisco cuando aún era arzobispo de Buenos Aires: “Además de la visita pastoral, siempre que le invitábamos, venía”. El vicario de Argentina recuerda las últimas ocasiones que aceptó las invitaciones de los frailes: “Una fue por el centenario de nuestra Provincia, otra porque estábamos haciendo una misión en el barrio y la tercera oportunidad fue para una fiesta muy importante que celebramos y que es el Señor del Milagro de Salta”. 

“Recen por mí”

“Su gesto de inclinarse para que el pueblo rece por él lo tenemos muy visto en Argentina”, apunta Quintana. Y recuerda una anécdota: “En un encuentro con la Renovación Carismática y con evangélicos protestantes, él hizo también este mismo gesto. Pero se colocó de rodillas. Y no sólo los católicos rezaban, sino que los evangélicos también ponían las manos sobre el cardenal. Es un hombre muy abierto, muy de compartir el don de Dios. Y cuando vi el gesto, enseguida me acordé de ello. Además, en todos sus mensajes personales y cartas diocesanas, siempre terminaba diciendo: “Rezá por mí”.