AIRES NUEVOS EN CANNES

La 53º edición del Festival de Cine analizada por «Radio Vaticano»

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CIUDAD DEL VATICANO, 25 mayo (ZENIT.org).- Con la anunciada victoria de «Dancer in the Dark», del danés Lars Von Trier, se clausuraba el 53º Festival de Cine de Cannes el domingo pasado en el que ha conseguido un puesto de relevancia la cinematografía asiática. El premio a la mejor dirección iba a parar a Edward Yang por la película «A One and a Two…»; la cantante islandesa Björk fue reconocida como mejor actriz protagonista, intérprete en la cinta vencedora; el mejor actor de esta edición ha sido Tony Leung Chiu-Wai, por «In the Mood of Love».



El premio especial del jurado se otorgó a la joven directora iraní Samira Makhmalbaf y a Roy Anderson. Así fue este festival de principio de milenio que «Radio Vaticano» no han dudado en calificar de innovador. El presidente del jurado, el francés Luc Besson, dirigió a sus colegas con hábil diplomacia a prestar atención hacia los signos de renovación que proceden del cine asiático y de otros autores europeos, comprometidos sobre todo en transferir y analizar en la pantalla tensiones, problemas, esperanzas y vuelta a la autenticidad que la sociedad, la familia y las nuevas generaciones vienen expresando últimamente.

Según «Radio Vaticano», las polémicas que caracterizaron las vísperas de esta 53º fiesta del cine, dieron paso a un clima de satisfacción general, porque un veredicto impecable, interpretando humor y reacciones también del público, ha dicho «no» a todo aquello que en el cine del pasado era violencia y transgresión, y ha elegido el camino de los sentimientos verdaderos, del aire limpio, de la luz. Este año, Gil Jacob, después de 23 años de dirección artística, sucede a su colega Viot en la presidencia del Festival. Y también a él se debe que el Festival de Cannes haya recuperado su antiguo esplendor. Perfecta fue también la gestión técnica, sin reparos en el amplio uso de las tecnologías más innovadoras permitiendo a los 4000 periodistas y a los 365 medios radiotelevisivos desempeñar con toda serenidad su difícil servicio informativo.

El jurado ecuménico, presente también este año en Cannes, bajo la presidencia del australiano Peter Malone, presidente del Organización Católica Internacional de Cine (OCIC), asignó su gran premio a la película «Eureka», del japonés Aoyama Shinji, proyección que durante más de tres horas y media intenta profundizar en una reflexión sobre valores universales, largo camino en el que el recuerdo del pasado y las esperanzas ofrecen luces para el futuro. Dos menciones se llevaron también la película de Amos Kollek, «Fast Food Fast Women» y «Code Inconnu», de Michael Haneke, compleja filmación que propone problemas y confía al espectador el derecho-deber de una respuesta.