Alarma del obispo de Faisalabad sobre la situación de los cristianos

“Fuerzas oscuras crean tensión y odio interreligioso en el país”, advierte

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FAISALABAD, miércoles 21 de julio de 2010 (ZENIT.org).- El asesinato de dos hermanos cristianos católicos, Rashid y Sajid Emmanuel, en Faisalabad por un grupo de musulmanes fanáticos, precisamente cuando salían del tribunal tras ser hallados inocentes de la acusación de blasfemia, el pasado lunes, ha desatado una ola de violencia anticristiana en el país.

Así lo advierte monseñor Joseph Coutts, obispo de Faisalabad, en una entrevista concedida a la agencia Fides, ayer tras presidir el funeral por las dos víctimas. El prelado afirma, preocupado, que la situación de los cristianos es “dramática”.

“El doble asesinato de ayer y el rastro de la violencia son una tragedia no solo para la Iglesia de Faisalabad, sino para todos los cristianos de Pakistán”, afirma el prelado.

Tras el asesinato, muchos cristianos salieron a las calles, expresando su dolor, lágrimas, protestas, y hubo algunos gestos violentos, como lanzamientos de piedras contra las tiendas de los musulmanes.

La reacción fue muy violenta: la noche entre el lunes y el martes, unos dos mil musulmanes armados, incitados desde las mezquitas cercanas, entraron en el barrio cristiano de Waris Pura, en Faisalabad, causando destrozos, quemando, saqueando y sembrando el pánico, aunque no ha habido muertos, gracias a la labor de las fuerzas del orden.

Fue para el obispo y para los fieles de Faisalabad una noche “muy larga”. El párroco de la iglesia del Santo Rosario, junto con otros tres sacerdotes, pasó la noche en vela, informa Fides, “girando por el barrio para pedir a los cristianos que no reaccionen con violencia a la violencia”.

Tras el ataque de anoche, la situación es muy tensa y las familias cristianas están encerradas en sus casas, presas del pánico.

Monseñor Coutts recordó el precedente en 1994, cuando un cristiano llamado Mansur Masih, acusado de blasfemia y absuelto, fue asesinado al salir del tribunal de Lahore, así como uno de los jueces que le absolvieron.

También recordó el ataque masivo contra la colonia cristiana de Gojra, el año pasado, similar al sucedido en las pasadas horas en los disturbios de Waris Pura, después del asesinato de los hermanos.

“Los ataques en masa han creado pánico, dañado tiendas e instalaciones – afirmó el obispo –. Ciertamente, el impacto para las familias cristianas indefensos, que se sentían perseguidas ha sido muy fuerte y todavía se advierte.

Sembrar el odio

Para monseñor Coutts, existe toda una estrategia puesta en marcha por “fuerzas oscuras que tratan de crear odio y conflicto entre las dos comunidades”, y que utilizan la provocación para sembrar el odio.

“Creo que es una estrategia para elevar la tensión y el odio interreligioso en Pakistán”, añadió.

Los dos hermanos asesinados fueron acusados de poner en circulación un folleto escrito a mano en el que había acusaciones muy fuertes contra el Islam y ofensas graves contra el profeta Mahoma.

“Esto ha creado ira en los grupos musulmanes. Muchos de ellos ahora piensan que los cristianos realmente quieren desafiar al Islam e insultar al Profeta”, lamenta el prelado, negando categóricamente que este folleto sea obra de los cristianos.

Para contrarrestar esto, explicó el obispo, intentan mantener el contacto “con las autoridades civiles y los líderes religiosos, explicando que los cristianos no odian a los musulmanes y quieren la paz”, un trabajo “bastante difícil” después de lo sucedido.

En este sentido, el prelado apunta la necesidad de abolir la ley sobre la blasfemia, una ley que es el “resultado de una mentalidad, una actitud cultural” y que “está en la raíz de esta situación trágica”.

“Entre muchos líderes musulmanes existe rabia también por la situación internacional, y circulan ideas radicales contra Occidente y contra el Sionismo”.

Monseñor Coutts pide encarecidamente ayuda desde el exterior, especialmente una “mayor conciencia” por parte de la Iglesia universal, pues la situación de los cristianos paquistaníes es cada vez más difícil.

“Nuestro trabajo de mediación y establecimiento de la paz no es fácil, pero confiamos en la ayuda de Dios y de todos los cristianos del mundo”, concluye.