Alarma por una mutilación médica arbitraria en una niña discapacitada en los EE. UU.

Riesgos en el horizonte de otros pequeños así, advierte el profesor D’Agostino

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ROMA/SEATTLE, martes, 9 enero 2007 (ZENIT.org).- Contraria a toda deontología médica: así califica el profesor Francesco D’Agostino la mutilación practicada en una niña discapacitada física y mental de los Estados Unidos.



La noticia del caso de Ashley ha suscitado controversia a través de los medios de comunicación y críticas de la ciencia: tiene nueve años y medio de edad, no camina, no habla, su desarrollo cerebral se corresponde a tres meses, pero no deglute; se alimenta por sonda. Padece un raro trastorno: encefalopatía estática.

En el año 2004, sus padres, en acuerdo con el «Comité Ético» del Hospital de Seattle, donde estaba ingresada Ashley, decidieron interrumpir su desarrollo físico con la extirpación del útero, glándulas mamarias y someterla a una terapia hormonal.

El objetivo fue reducir su crecimiento y suprimir su maduración sexual. La niña mide 130 centímetros y pesa poco más de la treintena de kilos actualmente. Son las dimensiones corporales que mantendrá.

La pretensión de esta intervención fue una atención más fácil a una persona de tamaño inferior y evitar a la niña eventuales complicaciones.

«Creo que nos hallamos ante un situación que, en sí misma, es terriblemente trágica, pero que éticamente verdaderamente suscita un sentimiento de horror», reflexionó ante los micrófonos de «Radio Vaticana» el profesor Francesco D’Agostino, presidente honorario del Comité Nacional (italiano) de Bioética y presidente de la Unión de Juristas Católicos Italianos.

«Aunque las intenciones de los padres de Ashley fueran de verdad buenas, permanece el hecho de que estas buenas intenciones se han concretado a través de prácticas enormemente invasivas, mutiladoras, en perjuicio del cuerpo de esta niña que, además, le ha hecho sufrir los riesgos de tipo médico-biológico que podrían incluso ser comparables a los riesgos que se querían evitar con estas intervenciones», recalcó.

En su opinión, la relevancia que se ha dado al caso «no es tanto para estigmatizarlo o para impedir que se pueda repetir en el futuro, sino para crear un tipo de protocolo de tratamiento de niños en situaciones análogas a las de Ashley».

«En otras palabras, temo que nos hallemos de frente, una vez más, a la ilusión de que la medicina puede intervenir de manera manipuladora a todo campo en el cuerpo de un ser humano», alerta.

«Si esta ideología cobrara fuerza -prosigue- todos los discapacitados mentales podrían correr el riesgo de ser esterilizados de niños, para anticipar posibles, pero frecuentemente no probables ni reales, complicaciones futuras».

Confirma el profesor D’Agostino que igualmente se impide a la niña que se beneficie en el futuro de posibles tratamientos de su enfermedad.

«Pero independientemente de cuáles puedan ser las posibilidades terapéuticas a favor de la pequeña Ashley, existe un principio ético fundamental, el del respeto absoluto por el cuerpo humano», aclara.

Y «en este caso, me parece, los médicos, en vez de intervenir para tratar una enfermedad, sencillamente han obrado para prevenirla, mutilando arbitrariamente el cuerpo de la niña. Creo que esto va contra toda deontología médica», concluye.