Alberto Marvelli, joven ingeniero y político de Dios

El Papa recuerda la figura de un protagonista de la reconstrucción italiana tras la segunda guerra mundial

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LORETO, domingo, 5 septiembre 2004 (ZENIT.org).- El secreto de Alberto Marvelli, jovencísimo ingeniero y político tras la segunda guerra mundial en Italia, está en la entrega de su vida por amor a Jesús y los hermanos, consideró Juan Pablo II en su beatificación.



En la homilía de la celebración eucarística, ante 250.000 peregrinos en la explanada de Montorso, cerca del santuario de Loreto, el Santo padre trazó el perfil de este «joven fuerte y libre, generoso hijo de la Iglesia de Rímini y de la Acción Católica».

«Concibió toda su breve vida, de apenas 28 años, como un don de amor a Jesús por el bien de los hermanos», recordó el Santo Padre.

El Papa recordó las palabras que Alberto había dejado en su diario: «Jesús me ha rodeado de su gracia», «ya sólo le veo a él, no pienso más que en Él».

El nuevo beato, nacido en 1918, amigo de infancia del director de cine Federico Fellini, miembro de la Acción Católica, finalizados sus estudios universitarios en ingeniería mecánica en 1941, tuvo que alistarse en el ejército, puesto que Italia estaba en guerra --conflicto que él condenó con firmeza--.

Dado de baja en el frente, desarrolló una gran labor de ayuda a los pobres en la guerra. Durante la ocupación alemana, también logró salvar a muchos jóvenes de la deportación.

«En el difícil período de la segunda guerra mundial --recordó el Santo Padre en la homilía--, que sembraba muerte y multiplicaba violencia y sufrimientos atroces, el beato Alberto vivía una intensa vida espiritual, de la que surgía ese amor por Jesús que le llevaba a olvidarse constantemente de sí mismo para cargar a cuestas la cruz de los pobres».

Después de la liberación de la ciudad el 23 de septiembre de 1945, su nombre figura entre los miembros de la primera junta del Comité de liberación. Tenía 26 años. Se convirtió entonces en uno de los protagonistas de la reconstrucción post-bélica de Rímini, y militó en el Partido dela Democracia Cristiana.

Al anochecer del 5 de octubre de 1946, mientras se dirigía en bicicleta a un meeting electoral --era uno de los candidatos para la elección de la primera administración comunal--, un camión militar le atropelló causándole la muerte.

«Alberto había hecho de la eucaristía cotidiana el centro de su vida --recordó el Papa en la celebración eucarística--. En la oración también buscaba inspiración para el compromiso político, convencido de la necesidad de vivir plenamente como hijos de Dios en la historia para hacer que sea una historia de salvación».