Alemania entrega la gran cruz al mérito a Chiara Lubich

Los Focolares ayudaron a enfermos de Europa del Este y expandieron la unidad

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ROMA, 13 junio (ZENIT.org).- Alemania ha querido ofrecer su máximo reconocimiento a una mujer muy particular que no acostumbra a salir en las primeras páginas de los periódicos. Se trata de Chiara Lubich, la fundadora de los Focolares.



El pasado sábado por la tarde, esta italiana recibió en la localidad de Castel Gandolfo, cerca de Roma, la Gran Cruz al mérito del presidente de la República Federal Alemana, Johannes Rau.

De este modo, las máximas autoridades alemanas quieren reconocer la labor realizada por el Movimiento de los Focolares en ese país, especialmente a través de eso que Chiara Lubich llama «los dos grandes designios de Dios»: la difusión del espíritu evangélico de unidad en el Este de Europa, desde los tiempos de la cortina de hierro, y el ecumenismo.

La ceremonia tuvo lugar en el Centro Mariápolis de Castel Gandolfo, en el ámbito del I Congreso Mundial del Movimiento de la Unidad, en el que participaron 800 políticos de 26 países de 4 continentes. Se encontraban representadas, además, las embajadas ante la Santa Sede de Argentina, Colombia, Corea del Sur, China, Rumanía y México.

Al entregarle el premio, los representantes del Estado alemán subrayaron en particular aquella extraordinaria obra de Chiara Lubich y de las personas que siguen su carisma, cuando enviaban medicinas a Leipzig y al Este de Berlín entre 1961 y 1964, años en los que comenzó el gran éxodo del Este que dejó a muchos hospitales sin personal médico.

Chiara Lubich, al recordar aquellos tiempos, dio las gracias a Alemania: los Focolares se sentían llamados a realizar una tarea sobre todo espiritual en esos países que vivían bajo el totalitarismo ateo. En «la antigua ex República Democrática Alemana --recuerda-- pudimos organizar encuentros y congresos en los que participaron grupos de checoslovacos, polacos, húngaros, lituanos y algún ruso, que después difundirían la espiritualidad de la unidad en todos esos países. Y esto se pudo hacer gracias a los alemanes del Este».

Por lo que se refiere a la labor al servicio del diálogo entre los cristianos, el representante alemán que entregó la condecoración a Chiara Lubich recordó el primer encuentro de esta mujer, en 1961, con las monjas y pastores luteranos en Darmstadt. Desde entonces se difundió la espiritualidad de la unidad entre los evangélico-luteranos de Alemania, dando origen a la ciudad ecuménica de Ottmaring, en Baviera.

Gracias a Alemania, «al ejemplo de su profunda unidad de espíritu», explicó Lubich, «se pudo desarrollar aquel diálogo ecuménico de pueblo también con los anglicanos, ortodoxos y miembros de muchas otras Iglesias, en los cinco continentes».