Alerta ante el resurgir del satanismo

Se traduce al italiano el «Ritual de los exorcismos»

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ROMA, 17 mayo 2001 (ZENIT.org).- Tras revisar la traducción del ritual de la Iglesia católica para exorcismos, los obispos italianos han expresado su preocupación ante el resurgir del satanismo, sortilegios, maleficios y magia.



La Conferencia Episcopal Italiana (CEI), que en estos días se encuentra reunida en Asamblea plenaria en el Vaticano, ha reconocido en un comunicado oficial que este nuevo fenómeno es promovido por la «resonancia» que tiene en los medios de comunicación, así como por el «malsano interés» que despierta.

El nuevo «Rito de los exorcismos» fue publicado en latín por la Santa Sede el 22 de noviembre de 1998. Pronto aparecerá en italiano, tras la aprobación de esta Asamblea episcopal. El documento actualiza el texto precedente, que había sido escrito hace cuatro siglos. De hecho, fue aprobado en 1614 por el Papa Pablo V. Pío XII, en 1954, aprobó una versión ampliada y adaptada según las normas de Código de Derecho Canónico de 1917.

Según los prelados italianos, fenómenos como el satanismo y la magia se mezclan en muchas ocasiones con un uso supersticioso de la religión y acaban ofendiendo la dignidad de la persona y su libertad.

«Asistimos actualmente a un renacimiento de las adivinaciones, sortilegios, maleficios y magias, muchas veces mezclados con un uso supersticioso de la religión. Superstición y magia pueden convivir en ciertos ambientes con el progreso científico y tecnológico, en tanto ciencia y técnica no pueden dar respuestas a los problemas últimos de la existencia», afirmaron los obispos en un comunicado.

Los obispos, que preparan en esta Asamblea la orientación pastoral de la Iglesia italiana para los próximos diez años, subrayaron que lo que les preocupa seriamente el «resurgir de un malsano interés por la esfera de lo demoniaco».

Para la Conferencia Episcopal Italiana (CEI) la difusión de estos temas lleva a las personas a perder su confianza en Dios, a no tener fe en la providencia y a instrumentalizar a Dios según los intereses inmediatos del hombre.

«Todo ello ofende a la dignidad de la persona y a su libertad, ya que el hombre pasa a estar sometido a fuerzas oscuras, impersonales, a dependencias psicológicas y a un degrado moral», precisaron los obispos.

Asimismo, manifestaron que en situaciones de sufrimiento, los fieles llegan a creer que sus problemas se deben a maleficios o sortilegios que nada tienen que ver con la realidad.