Alerta por los intentos de obstaculizar el proceso de canonización de Juan Pablo II

Lanzada por el cardenal arzobispo de Cracovia, Stanislaw Dziwisz

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CRACOVIA, lunes, 5 marzo 2007 (ZENIT.org).- Presuntas operaciones de espionaje en torno a Juan Pablo II no sólo son falsas, sino que buscan obstaculizar su proceso de canonización, alerta quien fue su secretario durante cuatro décadas.



Actualmente arzobispo de Cracovia, el cardenal Stanislaw Dziwisz comentó el sábado, en el programa polaco de «Radio Vaticano», las recientes suposiciones acerca de la colaboración del agente secreto «Henryk», a quien medios de comunicación asocian al arzobispo Henryk Nowacki, hoy nuncio apostólico en Eslovaquia, antaño miembro y después responsable durante años de la sección polaca de la Secretaría de Estado del Vaticano.

«En los últimos tiempos, acusar e inculpar a hombres de la Iglesia en Polonia, como los que están al servicio de la Santa Sede, ha asumido tales dimensiones que todo hombre honesto debe sentirse tocado en lo más vivo», advirtió el cardenal Dziwisz.

Originario de Alemania, donde nació hace 60 años, Henryk Józef Nowacki fue ordenado sacerdote de la diócesis polaca de Tarnów (perteneciente a la archidiócesis de Cracovia) a la edad de 23 años.

Recibió la consagración episcopal --principal celebrante fue el Papa Karol Wojtyla-- y fue elevado a la dignidad arzobispal con 54 años, momento en que fue nombrado representante papal en Eslovaquia.

En la entrevista en la emisora pontificia, el cardenal Dziwisz puso de manifiesto la especial dedicación del arzobispo Nowacki en el servicio prestado durante el pontificado de Juan Pablo II.

«Conozco su responsabilidad por cada palabra, su conducta y laboriosidad --expresó--. Golpear a este hombre es golpear a todos los polacos, colaboradores del Santo Padre, y por ello golpear al Siervo de Dios, Juan Pablo II».

«Se está creando un marco de espías en torno al Papa Wojtyla --alertó-- y ello es un mentira, una calumnia. Se apunta de este modo también a obstaculizar el proceso de canonización».

Advierte además de que el clima de acusaciones que se ha creado en Polonia es altamente nocivo para el buen nombre de la Iglesia y del país en el ámbito internacional.

Por todo ello no duda en dirigirse a las órdenes contemplativas: que «recen por el perdón de los pecados y las culpas de todos nosotros y para que el Espíritu Santo nos conceda su luz, a fin de que, enriquecidos por estas dolorosas experiencias, podamos renovar nuestra Iglesia, y también la convivencia entre los hombres», exhorta.

Subraya el cardenal Dziwisz que las acusaciones de estos últimos meses destruyen injustamente el derecho que tiene toda persona a su buen nombre.

«Todo esto se hace en nombre de la presunta verdad, pero me pregunto: ¿qué verdad?», plantea.

Además, de acuerdo con el purpurado, no se pueden considerar creíbles las notas de los servicios especiales del Estado comunista sin que sean antes estudiadas con la máxima responsabilidad y contemplando en conjunto la vida de las personas acusadas.

El propio cardinal Dziwisz expone un «ejemplo de no credibilidad de tales documentos»: es «el caso de la nota del agente que me seguía –relata--, en la que se lee que nací en Mszana Dolna y que pasaba las vacaciones en Poronin».

«Ni una ni otra noticia son ciertas. Se puede verificar fácilmente», concluye.