Aliviar la pobreza exige colaboración entre instituciones civiles y la Iglesia, dice el Papa

Al recibir a los administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y de la Provincia de Roma

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CIUDAD DEL VATICANO, jueves, 11 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI considera que las instituciones civiles y la Iglesia deben colaborar para aliviar las diferentes formas de pobreza, «económica, pero también humana y relacional», que afligen a las personas.



Así lo explicó este jueves en el tradicional encuentro de inicio de año, en la Sala Clementina del Palacio Apostólico del Vaticano, con los administradores de la Región del Lacio, del Ayuntamiento y la Provincia de Roma.

En el encuentro estaban presentes el presidente de la Junta regional del Lacio, Pietro Marrazzo, el alcalde de Roma, Walter Veltroni, y el presidente de la Provincia de Roma, Enrico Gasbarra.

En el discurso, el Papa recordó su visita, el 4 de enero pasado, al comedor de la Cáritas diocesana de Roma, en el Colle Oppio.

Al dedicar oficialmente ese comedor a Juan Pablo II, su sucesor repitió palabras del pontífice polaco, pronunciadas quince años antes en ese mismo lugar: «El hombre que sufre nos pertenece».

«Cada hombre que sufre pertenece a la Iglesia y al mismo tiempo pertenece a todos los hermanos en humanidad», aseguró el obispo de Roma.

«Pertenece, por tanto, y de manera precisa, también a vuestra responsabilidad de administradores públicos», indicó a los representantes romanos.

Por este motivo, el Papa alentó la colaboración «entre los organismos eclesiales y vuestras administraciones con el objetivo de aliviar y salir al paso de las muchas formas de pobreza, económica pero también humana y relacional, que afligen a un notable número de personas y de familias, especialmente entre los inmigrantes».

«Está, además, el enorme campo de la tutela de la salud, que exige un esfuerzo ingente y coordinado para asegurar a cuantos sufren de enfermedades físicas o psíquicas tratamientos inmediatos y adecuados», reconoció.

«También en este terreno --añadió-- la Iglesia y las organizaciones católicas con gusto ofrecen su colaboración, a la luz de los grandes principios de la sacralidad de la vida humana, desde la concepción hasta su ocaso natural, y de la centralidad de la persona del enfermo».

Benedicto XVI pidió a las autoridades romanas su «disponibilidad para favorecer esta colaboración, que seguramente ayudará a toda la población».