Amor a Jesucristo, comunión y creatividad: claves para evangelizar el ciberespacio

Según el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales

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BOGOTÁ, miércoles, 10 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Un gran amor a Jesucristo, buenas dosis de «entusiasmo perseverante», comunión y capacidad creativa forman parte de las claves para evangelizar la cultura digital, reconoce el presidente del Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales.



Para el arzobispo John Patrick Foley, su intervención el martes por videoconferencia en el III Encuentro Nacional de Informática en Colombia --convocado por el Comité de la RIIAL de la Conferencia Episcopal de este país-- fue ocasión para reflexionar sobre el apostolado en el ciberespacio, un «universo que se abre ante nuestros ojos» y que «conlleva una nueva forma de entender la vida».

Más de 40 delegados de comunidades religiosas, diócesis y organizaciones católicas participan del 8 al 11 de noviembre en la sede del episcopado colombiano en esta cita de la «Red de Informática de la Iglesia en América Latina» (RIIAL), un instrumento de comunicación en la Iglesia y un medio de encuentro y evangelización para la sociedad.

Creada por el Consejo Pontificio para las Comunicaciones Sociales en colaboración con el Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM), la RIIAL (www.riial.org) está integrada por todos los que forman la Iglesia, aunque aún no hayan comenzado un proceso de informatización, pero que tienen intenciones de incorporar la informática como otro medio para el trabajo evangelizador.

La Conferencia Episcopal de Colombia configuró el Comité RIIAL-Colombia como un espacio interdisciplinario destinado a la reflexión sobre el uso pastoral de Internet y la producción de material; la página web (www.cec.org.co) es una de sus herramientas para la comunión, la solidaridad y el trabajo en red de la Iglesia católica en Colombia.

El Comité RIIAL-Colombia se concibe también como un espacio para la difusión de los principios, servicios y herramientas tecnológicos que aporta la RIIAL y los contextualiza de acuerdo a las necesidades del país y a la naturaleza de la Conferencia Episcopal.

«Un gran amor a Jesucristo, y un entusiasmo perseverante que no se apague ante las dificultades» encabezan los requisitos para evangelizar la cultura digital, alertó el arzobispo Foley en el marco del encuentro.

Pero «la nueva forma de entender la vida» que implica el ciberespacio plantea también el desafío de «expresar el Amor que Dios reveló en Jesucristo en los lenguajes que entienden las generaciones de hoy y de mañana», advirtió.

«El objetivo más alto de toda comunicación es la comunión entre las personas», «ese vínculo de unidad que los miembros de la Iglesia vivieron desde sus inicios en Pentecostés y que es fruto de la acción del Espíritu Santo» --recordó monseñor Foley-- y que en términos de la vida cotidiana «significa concordia, unidad de todos siendo cada uno quien es, caridad recíproca, generosidad».

De hecho, «la evangelización que no surge de la comunión entre nosotros, ve sus frutos reducirse en gran parte», constató.

Es esta «experiencia de comunión» la que «procura expresar y animar, a través de servicios y estructuras informáticas» la RIIAL.

De ahí que los miembros de la RIIAL deban «ser “tejedores de redes”, personas que animen la creación de servicios comunes, de recursos compartidos, de inclusión en esta comunión de bienes que es, cada vez más, el mundo digital», exhortó monseñor Foley.

Insistió en que ninguna comunidad ni agente de pastoral puede quedar excluido de esta invitación, pues «nuestra creatividad en el uso de la tecnología nos ha de impulsar para llegar hasta los lugares más necesitados y desprovistos».

«Recordemos las palabras de Pedro: “Por tu palabra, echaré las redes”» (Cf. Lc 5,5), pidió el prelado.

«El Santo Padre no deja de invitarnos a ser apóstoles en este nuevo medio de comunicación que es la informática --expresó ante los delegados de todo Colombia--, tejiendo las redes en las cuales el Señor querrá depositar a tantas personas que desean ser rescatadas del sinsentido, de la desesperanza, del desamor».

«Nuestra modesta aportación será multiplicada por el Pastor de todos --aseguró--. Pero como saben, los milagros ocurren sólo cuando tenemos fe».

Para llevar a cabo esta tarea monseñor Foley invitó a pedir «la intercesión de los primeros y grandes evangelizadores del continente americano que, llenos de amor y respeto a los indígenas, supieron comprender las culturas autóctonas, aprendieron sus lenguas, hicieron catecismos y lograron expresar el Evangelio en categorías comprensibles para sus nuevos interlocutores».