Andrei Sajarov pidió consejo al Papa para entrar en política

Acudió al Pontífice para aclarar sus dudas de conciencia

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ROMA, 1 ene (ZENIT).- El pasado 14 de diciembre se cumplieron diez años de la muerte de Andrei Sajarov. En vísperas de las elecciones a la Duma de la Federación Rusa, muchos recordaron la imagen de aquel científico que estuvo dispuesto a encabezar las reformas de la Unión Soviética. Pero pocos sabían que aquel mismo año, en una visita a Italia quiso entrevistarse con el Papa


y le pidió consejo. Sajarov se declaraba ateo, aunque todos los días leía un pasaje del Evangelio.
Andrei Sajarov era miembro del Soviet Supremo de la URSS en representación de una circunscripción electoral y como miembro de la Academia de las
Ciencias, aunque estaba enfrentado a la vieja guardia comunista. En aquel final de 1989 había una gran batalla, pues Gorbachov veía en él a un
peligroso oponente y Andrei no se fiaba de él, sospechaba que lo quería utilizar. Su firme defensa de los derechos del hombre, en especial de los grecocatólicos perseguidos, le había suscitado muchos enemigos.
Sajarov, galardonado con el Premio Nobel de la Paz en 1975, nacido en Moscú el 21 de mayo de 1921 y fallecido en la misma ciudad el 14 de diciembre de 1989, en Occidente se había hecho famoso por la huelga de hambre que realizó en 1984 para lograr el permiso de que operaran del corazón a su mujer en el extranjero. Hasta 1986 él no pudo salir, y seguía sospechando
que aquel permiso no era más que un efecto de propaganda del régimen soviético hacia el exterior. De todos modos, aprovechó en uno de esos
viajes la ocasión para recibir un doctorado «honoris causa» en Italia para pedir audiencia con el Santo Padre Juan Pablo II, quien ya había recibido en 1984 a su mujer.
Sajarov sabía todo lo que el Papa había hecho por su defensa y quería consultarle una duda que no le dejaba tranquilo. No quería dejarse envolver
por las luchas políticas que removían los cimientos del sistema soviético,y menos aún quería ser cómplice de un sistema que él mismo había denunciado como peor aún que el nazi. Le contó todo esto al Papa y Juan Pablo II le
respondió: «pienso que usted no tiene nada que temer y que puede entrar en este difícil mundo político, por mucho que le cueste, porque su conciencia es tan viva, tan fuerte y limpia que no le permitirá nunca cometer un error
o dejarse utilizar para una causa que no quiera servir». Sajarov y su mujer respondieron a una al Papa: «gracias, Santo Padre».