Ante el Crucificado se comprende que Dios es amor, explica el Papa

Propone una Cuaresma centrada en la contemplación de su costado traspasado

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 24 febrero 2007 (ZENIT.org).- Ante el costado traspasado de Jesús en la Cruz es posible comprender que «Dios es amor», explicó Benedicto XVI en el primer domingo de Cuaresma.



En pleno período litúrgico de preparación a la pasión, muerte y resurrección de Cristo, el Papa alentó a todos los cristianos a hacer experiencia de este amor a través de la contemplación del misterio de los misterios de la fe.

Al dirigirse a mediodía a los miles de peregrinos congregados en la plaza de San Pedro del Vaticano para rezar la oración mariana del Ángelus, el pontífice recordó el tema que ha escogido para esta Cuaresma, «Mirarán al que traspasaron», inspirado en la narración de san Juan, el único apóstol que permaneció a los pies de la cruz.

«El discípulo predilecto, presente junto a María, la Madre de Jesús, y las demás mujeres en el Calvario, fue testigo ocular del golpe de lanza que traspasó el costado de Cristo, haciendo que saliera sangre y agua», recordó el obispo de Roma.

«Este gesto de un solado anónimo romano, destinado a perderse en el olvido, se quedó impreso en los ojos y en el corazón del apóstol, quien lo volvió a narrar en su Evangelio», añadió.

«A través de los siglos, ¡cuántas conversiones han tenido lugar precisamente gracias al elocuente mensaje de amor que recibe aquel que dirige la mirada a Jesús crucificado!», exclamó el Santo Padre.

Por este motivo, el Papa alentó a los creyentes a avanzar «en el tiempo de Cuaresma, con la “mirada” puesta en el costado de Jesús».

Citando su primera encíclica «Deus caritas est» (Cf. n. 12), subrayó que, «sólo dirigiendo la mirada a Jesús, muerto en la cruz por nosotros, se puede conocer y contemplar esta verdad fundamental: “Dios es amor”».

«Desde esa mirada, el cristiano encuentra la orientación de su vivir y de su amar», subrayó hablando desde la ventana de su estudio.

Por eso, siguió aclarando, «contemplando con los ojos de la fe al Crucificado, podemos comprender profundamente qué es el pecado, su trágica gravedad, y al mismo tiempo la inconmensurable potencia del perdón y de la misericordia del Señor».

«Durante estos días de Cuaresma, no apartemos el corazón de este misterio de profunda humanidad y de elevada espiritualidad», aconsejó el Papa a los peregrinos.

«Al contemplar a Cristo, sintamos que al mismo tiempo somos contemplados por Él --recordó--. Aquel a quien nosotros mismos hemos traspasado con nuestras culpas no se cansa en derramar sobre el mundo un torrente inagotable de amor misericordioso».

«Que la humanidad comprenda que sólo de esta fuente es posible sacar la energía espiritual indispensable para construir esa paz y esa felicidad que todo ser humano está buscando sin descanso», concluyó.

El Papa, como es tradición, dedicará esta semana, tras el primer domingo de Cuaresma, a la oración. Los ejercicios espirituales, en los que participarán también sus colaboradores de la Curia romana, serán predicados por el cardenal Giacomo Biffi, arzobispo emérito de Bolonia.