Ante el terrorismo y las injusticias, el Papa aboga por humanizar la globalización

Pide a los representantes políticos recuperar la confianza de los ciudadanos

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CASTEL GANDOLFO, martes, 21 septiembre 2004 (ZENIT.org).- Ante un escenario internacional marcado por el terrorismo, las desproporcionadas diferencias entre ricos y pobres, y las pandemias, Juan Pablo II lanzó este martes un llamamiento a humanizar la globalización.



Fue la consigna que dejó al nuevo embajador de Portugal ante la Santa Sede, João Alberto Bacelar Da Rocha Páris (Viana do Castelo, 1945), diplomático de carrera, quien precedentemente ha sido secretario general del Ministerio de Asuntos Exteriores, y embajador en Washington y Bruselas.

En el discurso en portugués que entregó al representante del presidente portugués Jorge Sampaio, el obispo de Roma comenzó trazando una descripción del «panorama sociopolítico mundial de este inicio de milenio».

En particular, mencionó «la acentuación de las diferencias regionales, tanto culturales como económicas» y «la preocupación por la salvaguarda de la paz ante la creciente acción de grupos extremistas que han obstaculizado cada vez más el proceso del diálogo y la negociación».

Para el Papa, también deben ser «motivo de preocupación de todo gobernante» «la frecuencia de catástrofes naturales y otras más graves todavía que devastan a poblaciones enteras, como son el hambre, las enfermedades endémicas, en ocasiones incontrolables, la diferencia clamorosa entre ricos y pobres, y el desprecio de los derechos humanos».

Ante este panorama, el Papa confirmó el compromiso de la Iglesia por «humanizar la globalización» y orientar la «influencia benéfica del progreso científico y tecnológico a favor de un mayor bienestar para cada pueblo o nación».

El Papa consideró que estos desafíos podrían presentarse mejor a la opinión pública «si forman parte de un proyecto de desarrollo, en el que las fuerzas vitales de la sociedad local constituyen su fuerza propulsora».

«Asociar a los ciudadanos a los proyectos de la sociedad y proporcionarles confianza en los gobernantes y en la nación de la que son miembros, son las bases sobre las que se asienta la vida armónica de las sociedades humanas», afirmó.