Ante una cultura de muerte, una visión integral del hombre y la mujer

Entrevista a Laura Tortorella, del instituto “Mulieris Dignitatem”

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ROMA, martes 2 de marzo de 2010 (ZENIT.org).- Para que el hombre y la mujer entiendan mejor su identidad es necesario que se miren así mismos como seres creados a imagen y semejanza de Dios. Que descubran y aprecien sus propios dones los cuales se ven enriquecidos cuando vive la reciprocidad.

Las ideologías que recortan esta visión integral y que traen consecuencias como las conferencias mundiales de El Cairo en 1992 sobre el crecimiento de la población mundial o Pekín en 1995 sobre la “salud sexual y reproductiva”, reducen de manera alarmante la dignidad del hombre y la mujer y promueven cada vez más nuevas manifestaciones de la “cultura de muerte”.

Sobre este tema y sobre cómo asumir la masculinidad y la feminidad de manera integral, ZENIT entrevistó a Laura Tortorella, del instituto Mulieris Dignitatem para estudios sobre la identidad del hombre y la mujer, de la Pontificia Facultad teológica San Buenaventura – Seraphicum.

Laura Tortorella es directora del máster “Gestión de las crisis personales e interpersonales”. Dicho máster busca ofrecer soluciones a las crisis que puede atravesar el ser humano hombre – mujer, en diferentes etapas de su vida.

- La Asamblea del Consejo de Estrasburgo aprobó el pasado 27 de enero un documento sobre la salud sexual y reproductiva. ¿Cuáles cree que serán las consecuencias de la puesta en práctica de este documento sobre la mentalidad anti vida y sobre el feminismo?

Laura Tortorella: El documento habla de “salud sexual y reproductiva” refiriéndose a la posibilidad dada también a los menores sin informar a los padres de acceder a la contracepción, al aborto gratuito y seguro, a la esterilización, a la fecundación artificial y a la libre “orientación sexual”. Las consecuencias de tal documento serán ciertamente alarmantes: una alianza (feministas y otras ideologías, lobby farmacéutico), a favor de la “cultura de muerte”.

- Se cumplen 15 años de la conferencia de Pekín sobre salud sexual y reproductiva. ¿Como cree usted que ha cambiado la mentalidad en el mundo hacia el aborto, como derecho y hacia la concepción de la mujer?

Laura Tortorella: Los programas de acción de la Conferencia Mundial de El Cairo y luego de Pekín han contribuido a crear un clima de “cultura de muerte” y el mismo documento de la Asamblea del Consejo de Europa de Estrasburgo que mencionamos antes, encuentra puntos allí.

Está claro que tales ideologías han marcado y herido profundamente los derechos del hombre y el derecho a la vida. En estos documentos donde se habla de “derecho a la salud sexual y reproductiva”, en realidad se solicita no tanto el derecho a la salud sino más bien el derecho al aborto.

Creo que sólo se puede usar un arma para detener esta cultura de muerte: la formación, sobretodo de nuevas generaciones a una cultura de vida. Todas las naciones, y en especial las latinoamericanas, que aún conservan tantos valores, deberían hacer respetar el valor que todavía puede todavía servir como gancho para salvar la sociedad entera: la familia. Se convierte más que nunca en urgente para defender la primera célula de la sociedad de los ataques que reciben.

Es justamente en la familia que las nuevas generaciones pueden aprender a respetar la vida humana. Pensemos en la necesidad de una nueva vida, en la muestra cotidiana del cuidado, la educación, el amor recíproco, el respeto. Pensemos en el hecho de que, por ejemplo, en familia se aprende a acoger la muerte y a entender el sentido.

-¿Cómo ha herido este documento el significado de hombre y mujer? ¿de la reciprocidad entre ambos?

Laura Tortorella: Pretendiendo liberar la sexualidad de cada preocupación y temor se cancelan términos como “maternidad”, la “paternidad”, la “familia” el “matrimonio”, la “responsabilidad” en el ámbito de sexualidad. Dejan de ser dones y se convierten en derechos, luego se transforman así en necesidades, decisiones, exigencias de los adultos.

En este clima tanto el hombre como la mujer ven ofuscada la verdad sobre ellos mismos (igual dignidad y queridos por Dios el uno para el otro), a ser llamados a restablecer un humanismo que regrese a amar la verdad, la única que logrará hacer brotar las verdaderas preguntas, las que llevan a la comprensión del sentido y que hacen al hombre verdaderamente libre.

-A raíz del máster que usted dirige, “Gestión de las crisis personales e interpersonales”, ¿Como se puede afrontar esta crisis a la luz del Evangelio y de una ética cristiana, sin reducir el papel del hombre o de la mujer?

Laura Tortorella: Muchas son las crisis que la persona debe afrontar en diferentes etapas de su vida: factores que tienen que ver con la personalidad (rigidez, un sentido frágil de identidad, entre otros) y factores ligados al ambiente relacional: (familiares, de trabajo, vocacionales, religiosos entre otros) Para gestionar estas crisis creo que resulta hoy más que nunca importante volver la mirada a una correcta antropología, formar las personas sobre algunos temas que resultan fundamentales e imprescindibles para la vida.

La formación de la que hablo es pues una formación que tiene el valor por la vida concreta de la persona porque no quita la mirada a la verdad: hombre y mujer, criaturas de Dios, creados a su imagen y semejanza. Solamente poniendo la originalidad masculina y femenina al servicio del hombre y promoviendo el diálogo fructífero, la persona (hombre y mujer), así como la sociedad lograrán encontrar las respuestas en la verdad, a las aplicaciones prácticas concretas (desequilibrios del comportamiento alimenticio, tóxico dependencias, crisis de la adolescencia, desequilibrios de identidad sexual, divorcio, separación, dificultad en el papel de los padres, entre otras).

Creo que el mensaje central de la Mulieris Dignitatem: “la reciprocidad hombre – mujer” puede ver la solución para restablecer un equilibrio en la sociedad que pueda llevar al reconocimiento de valores comunes de referencia para construir juntos la historia: “humanidad significa llamada a la comunión interpersonal”. Los tiempos aparecen maduros y cargados de expectativas sobre un diálogo fructífero entre hombre y mujer, basado en la reciprocidad, la misma dignidad y la comunión que lleva a la resolución de problemáticas actuales insertadas en un horizonte de sentido.

- Hay algunos fenómenos aceptados socialmente como el “derecho a la muerte”, la fecundación in vitro, el no reconocimiento de la dignidad del embrión. ¿Cómo estos fenómenos afectan la psicología de la mujer?

Laura Tortorella: Afectan de manera diversa al hombre y la mujer, porque no tienen en cuenta la salvaguardia de la vida humana. Estas son tareas comunes para el hombre y la mujer. Las consecuencias cuando falta uno de esos elementos son todavía hoy comunes: el riesgo de ser vistos como objetos del mundo, que lo saben maniobrar pero que inevitablemente permanecen sofocados.

La maternidad, por ejemplo, debería volver a ser en nuestra sociedad un bien reconocido. El nacimiento de una nueva vida debe ser siempre acogido como un signo de esperanza y de riqueza para los padres, en primer lugar y luego para la sociedad entera. Es en general la mentalidad que debe cambiar nuevamente en contra de la defensa de la vida humana que debe necesariamente volver a ser el primer valor de una sociedad que quiere ser considerada sociedad civil. ¡Una nueva revolución del amor y de acogida de la vida humana!.

Años de batalla y de reivindicación de las feministas y de otras ideologías han hecho colapsar la vida en las arenas movedizas de la indiferencia. Las consecuencias de esto son evidentes: derecho a la muerte, fecundación in vitro, un no reconocimiento de la dignidad del embrión... son sólo algunas de las problemáticas que surgen de una mentalidad encerrada en la lucha anti vida. Me pregunto de qué manera estos fenómenos repercuten en una psicología de la mujer quien, más de una vez, en primera persona puede ser golpeada por tales problemáticas porque es la mujer quien tiene la tarea de aceptar, acudir, vigilar sobre la vida y está claro que cuando esto no ocurre, debido a culpas que no son sólo de la mujer, es ella quien en primer lugar paga las consecuencias de ciertas decisiones, también desde un punto de vista psicológico.

Por Carmen Elena Villa