Antes que nada es necesario dejarse fascinar por Cristo

Tres consejos del Papa a los sacerdotes

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles 9 de noviembre de 2011 (ZENIT.org).- Para que los sacerdotes puedan crecer en conformidad con Jesús, según el papa Benedicto XVI, deben ser respetadas, al menos, tres condiciones: la primera es la de dejarse fascinar por Él, por sus palabras, por sus gestos y por su misma persona.

El Pontífice hizo estas tres sugerencias durante las vísperas celebradas el pasado viernes 4 de noviembre, con ocasión de la apertura del Año Académico de las Universidades Pontificias.

Recordando el 70 aniversario de la institución, por el papa Pío XII, de la Obra Pontificia para las Vocaciones Sacerdotales, Benedicto XVI centró su reflexión sobre el ministerio sacerdotal, observando que sus palabras se pueden aplicar a otros, desde el momento en que “es importante para todos, de hecho, aprender cada vez más a 'permanecer' con el Señor”.

“Hay algunas condiciones para que haya una creciente consonancia con Cristo en la vida del sacerdote --afirmó el Papa--: la aspiración a colaborar con Jesús en la difusión del Reino de Dios, la gratuidad del compromiso pastoral y la actitud de servicio”.

El obispo de Roma afirmó que en el sacerdocio “está el encuentro con Jesús y el sentirse fascinados, tocados por sus palabras, por sus gestos y por su misma persona. Significa reconocer, en medio de tantas voces, su Voz. Es como ser alcanzados por la irradiación del Bien y del Amor que provienen de Él, sentirse implicados y partícipes hasta el punto de desear permanecer con Él como los dos discípulos de Emaús”.

El ministro del Evangelio es el que se ha dejado tomar por Cristo, continuó el Santo Padre, “que sabe 'permanecer' con Él, que entra en sintonía, en amistad íntima con Él, para que todo se haga 'como a Dios le gusta'”.

Después, Benedicto XVI habló de la vocación sacerdotal de “ser administradores de los Misterios de Dios, no por interés vergonzoso sino con ánimo generoso”.

“La llamada del Señor al ministerio no es fruto de méritos particulares, sino que es un don que acoger, y al que corresponder dedicándose no a un proyecto propio sino al de Dios, de un modo generoso y desinteresado”, destacó el papa.

“Nunca debemos olvidar --como sacerdotes- que el único ascenso legítimo hacia el ministerio de pastor no es la del éxito sino el de la Cruz”.

Finalmente, exhortó a los sacerdotes a que viviesen como siervos, ya sea en el sentido de ser modelos para los fieles, como en el de ser siervos de los sacramentos.

“Es una vida, por tanto, marcada profundamente por este servicio: por el cuidado atento del rebaño, por la celebración fiel de la liturgia y por la atención solícita hacia todos los hermanos, especialmente hacia los más pobres y necesitados”, dijo Benedicto XVI, y concluyó: “En el vivir esta 'caridad pastoral' en el modelo de Cristo y con Cristo, donde el Señor lo llame, todo sacerdote podrá realizarse a sí mismo y a su vocación”.