Antonio Rosmini, de sacerdote en entredicho a candidato a beato

La actualidad de un gran pensador del siglo XIX

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ROMA, jueves, 24 noviembre 2005 (ZENIT.org).- Podría comenzar el proceso de beatificación de Antonio Rosmini Serbati (1797-1855), sacerdote italiano, pensador de hondo calado, autor de libros que han dejado huella, quien sufrió la condena del Santo Oficio de algunos de sus escritos por interpretaciones equivocadas promovidas por algunos seguidores.



Ordenado sacerdote en 1821, Antonio Rosmini fundó en 1830, en Domodossola, el Instituto de la Caridad, congregación religiosa reconocida en 1839 por el Papa Gregorio XVI, a la que, algunos años después se sumará la congregación de las Hermanas de la Providencia.

A pesar de su absoluta fidelidad al Papa Pío IX, al que siguió en su exilio en Gaeta (1848), las autoridades eclesiásticas, en 1849, pusieron en el «Índice» de los libros prohibidos dos obras suyas. Más tarde, fueron condenadas con el decreto doctrinal «Post Obitum» cuarenta proposiciones suyas, extraídas de obras sobre todo póstumas y de otras editadas en vida.

Habrá que esperar hasta el 1 de julio de 2001 para que una Nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada por el entonces cardenal Joseph Ratzinger, aleje toda sombra de duda sobre la presunta culpabilidad de Rosmini.

El padre Vito Nardin, de 1997 a 2003 superior provincial de los rosminianos italianos y actual rector del Sacro Monte Calvario y director de “Charitas”, boletín mensual de los rosminianos, en declaraciones a Zenit considera que la causa de beatificación del padre Rosmini podría comenzar antes de julio de 2006 para celebrar el 150 aniversario de su muerte.

Explicando el motivo por el que la Congregación para la Doctrina de la Fe levantó la condenado de los escritos de Rosmini, el padre Nardin explica que «las publicaciones científicas serias y rigurosas muestran que las interpretaciones contrarias a la fe no se corresponden con la auténtica postura de Rosmini».

Por lo tanto, la conclusión es que «se pueden considerar ya superados los motivos de preocupación y de dificultad doctrinales, y de prudencia, que determinaron la promulgación del Decreto Post Obitum de condena de las “Cuarenta Proposiciones”, extraídas de las obras de Antonio Rosmini».


«Sigue siendo válida la condena para quien las lee fuera del contexto de Rosmini, con un enfoque idealista, ontologista, y con un significado contrario a la fe y a la doctrina católica», aclara el sacerdote-.

Juan Pablo II, en su encíclica «Fides et Ratio» presenta a Rosmini como uno de los pensadores en los que se realiza un fecundo encuentro entre saber filosófico y Palabra de Dios.

«En palabras comprensibles para todos se puede expresar así: “El imputado no ha cometido el hecho”», considera el padre Nardin.

El religioso constata que en estos momentos está aumentando el interés por el pensamiento de Rosimini, calificado el 29 de junio de 2005 por «L\'Osservatore Romano» en su edición italiana como un estímulo «para la reconstrucción de una filosofía cristiana que pueda ofrecer una síntesis abierta a las exigencias más vivas del pensamiento moderno y contemporáneo».

«La política fue una de las mayores ocupaciones de Rosmini, tanto en el estudio de las formas de participación de todos en el bien común, como en la intervención personal en los asuntos de su tiempo», aclara el experto.

«La llamada universal de todos los cristianos, también los laicos, a la santidad», hecha por el Concilio Vaticano II, afirma, «repite literalmente una frase de las máximas de perfección» de Rosmini.

«La definición de la Liturgia, especialmente de la Eucaristía, como “culmen y fuente” de la vida cristiana recuerda también un pasaje de “La Educación Cristiana”».

«No hay duda de que Rosmini usó las dos alas, “la de la razón y la de la fe”, de modo proporcionado, y por tanto es uno de los “maestros” de la fe adulta y pensada propia del cristiano, especialmente en nuestros días», asegura.

«Un aspecto no despreciable de su modernidad reside también en el carisma del Instituto, llamado de la Caridad Universal --concluye--. Si la misión de la Iglesia es la de llevar el Evangelio a las culturas de todos los lugares y todas las épocas, la congregación que no excluye nada de su propio horizonte es la más dúctil y la que mejor puede renovarse continuamente. Y éstos son los rosminianos: ruedas de repuesto para todas las emergencias, arcilla para cualquier estatua».