Aparece la tumba del primer obispo «mártir» de Latinoamérica

Descubrimiento del Instituto Nacional de Cultura de Nicaragua

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LEON VIEJO, 6 ene 2001 (ZENIT.org).- Los restos de quien los expertos consideran ser Fray Antonio Valdivieso, asesinado en 1550 por defender a los indios y considerado el primer obispo mártir de América, fueron mostrados el miércoles pasado a la prensa por el Instituto Nacional de Cultura de Nicaragua (INC).



El director del INC, Clemente Guido, mostró las cuatro tumbas situadas en la catedral de León Viejo, en las que creen se hallan los restos de los cuatro obispos que evangelizaron Nicaragua.

Según Guido «la tercera tumba es la del (...) primer obispo mártir de América Latina, Fray Antonio Valdivieso, asesinado en 1550 a estocadas...».

El experto se refería al término común de la palabra mártir, pues el martirio canónico no ha sido reconocido por la Iglesia católica.

«El asesinato fue motivado por la lucha de los encomenderos de Nicaragua en contra de las nuevas leyes de las Indias, cuyo principal objetivo era reconocer a los indios como vasallos del rey, como sujetos de derecho», según explicó el director del INC.

Guido mostró a la prensa los restos de la tercera tumba e indicó que por las características peculiares que los restos presentan, se cree sean los del obispo Valdivieso.

«Presenta lesiones en la mano izquierda y en la columna vertebral... una tumba... no elaborada y rigidez mortuoria, probablemente (fue) enterrado ya cuando había adquirido ese estado por haber sido abandonado en el lugar del asesinato, hasta que la madre pidió al asesino que le permitiera sepultarlo en la iglesia», concluyó Guido.

Fray Antonio Valdivieso, de la orden de los predicadores, posiblemente llegó a Nicaragua a finales de 1543 o a principios de 1544. Se le considera como el primer obispo de Nicaragua y Costa Rica de acuerdo con la comisión que por real cédula del 5 de mayo de 1545 se le dio para que tuviera como «Cercanía» la provincia de Cartago.

De la Orden de Santo Domingo, fue nombrado Obispo por Carlos V en 1544, y recibió la consagración en Chiapas, en enero de 1545, de parte de los obispos Fray Bartolomé de las Casas, entonces obispo de Chiapas, y Francisco Marroquín, obispo de Guatemala.