Apertura de corazón, clave para acoger el Motu proprio “Summorum Pontificum”

Entrevista con liturgista John Zuhlsdorf

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ROMA, lunes, 9 julio 2007 (ZENIT.org).- La Carta Apostólica en forma de “Motu proprio” “Summorum Pontificum” (difundida el sábado) sobre el uso de la liturgia romana anterior a la reforma de 1970 da la oportunidad y señala la necesidad de que los fieles abran sus corazones para acoger el documento, reconoce el liturgista John Zuhlsdorf.



Siguiendo las disposiciones de Benedicto XVI, el Misal Romano promulgado por Pablo VI (procediendo a la reforma litúrgica, en 1970) --y reeditado dos veces por Juan Pablo II-- es y permanece como forma normal u ordinaria de la Liturgia Eucarística de la Iglesia católica de rito latino.

Por su parte, el Misal Romano promulgado por San Pío V y editado nuevamente por el beato Juan XXIII (en 1962, cuando la Misa se celebraba en latín) podrá ser utilizado como forma extraordinaria de la celebración litúrgica.

Benedicto XVI acompañó su documento de una carta dirigida a todos los obispos del mundo, exponiendo los motivos de sus disposiciones. No son dos ritos, sino más bien un doble uso del mismo y único rito, aclara el Santo Padre.

Sobre estos textos profundiza el padre John Zuhlsdorf en esta entrevista concedida a Zenit

Es autor de una columna sobre tradición litúrgica titulada “What Does the Prayer Really Say” (“Lo que la oración dice realmente”) del semanario católico estadounidense “The Wanderer”. Su firma se ha convertido en un popular «blog» (www.wdtprs.com/blog) con el mismo título.

--¿Qué es un “Motu proprio”?

--Padre Zuhlsdorf: Un “Motu proprio” es un documento promulgado por el Papa “por su propia moción”, es decir, por su propia iniciativa y firmado por él. A menudo es un rescripto o una respuesta escrita a una cuestión que se le ha planteado sobre un tema candente.

Cartas “Motu proprio” famosas son “Tra le sollecitudini” del Papa San Pío X en 1903 sobre Música Sagrada y, por supuesto, la de Juan Pablo II “Ecclesia Dei Adflicta” en 1988, después de que el arzobispo Marcel Lefebvre consagrara obispos sin mandato pontificio.

--¿Puede resumir los principales puntos del reciente documento de Benedicto XVI?

--Padre Zuhlsdorf: No hay mucha cosas nuevas en “Summorum Pontificum”. Muchas de sus disposiciones estaban ya en vigor tras “Ecclesia Dei Adflicta”, que amplió, pero de un modo vago, la restrictiva legislación del documento de 1986 “Quattuor abhinc annos”. Este “Motu proprio” de 2007 elimina ambigüedades y resuelve disputas. Nivela el terreno de juego de un modo que los anteriores documentos no hicieron.

Por ejemplo, deja claro que el uso de los antiguos libros litúrgicos nunca estuvo totalmente prohibido. La antigua forma no fue “abrogada”. Algunos piensan que lo fue. Todos los sacerdotes podrán celebrar misa con el antiguo “uso” en privado. Éste ha sido un punto debatido.

En cuanto a las misas públicas, donde hay grupos estables de gente que lo desea, los pastores pueden programar una misa regular en las parroquias. Hay algunas restricciones razonables para el Jueves Santo, el Viernes Santo y la Vigilia de Pascua.

Se pueden erigir parroquias u oratorios donde sólo se usen los libros litúrgicos antiguos. Los obispos lo podían hacer antes, por supuesto.

Como la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei” clarificó hace años, es posible, no obligatorio, usar el leccionario del Misal Romano promulgado por Pablo VI, las nuevas lecturas, en el Misal de Juan XXIII. Nunca fue detallado cómo se podía hacer esto. “Summorum Pontificum” tampoco lo hace. La Comisión Pontificia tendrá que explicarlo.

Los libros antiguos pueden usarse también para otros sacramentos: bautismo, penitencia, unción de enfermos. Sólo los obispos podrán conferir la confirmación y las órdenes sagradas, por supuesto. Los sacerdotes podrán usar el Breviario Romano preconciliar en lugar de la usual Liturgia de las Horas.

Un tema nuevo es que el Papa contempla la forma antigua de la Misa como un “uso” extraordinario del Rito Latino, mientras que el Misal de Pablo VI, o “Novus Ordo”, queda como “uso” ordinario. Benedicto insiste en que no hay dos ritos, sino un rito en dos expresiones o “usos”. Esto ha sido objeto de un profundo debate.

Muchos dicen que el “Novus Ordo” es tan diferente del Misal de Juan XXIII, o modelo Tridentino, que constituye un rito diferente, y se supuso una profunda ruptura con la tradición. Hay buenos argumentos para esta afirmación, pero el Santo Padre nos lleva en la otra dirección sobre la cuestión.

Otro nuevo punto, aunque veremos cómo trabaja, es que la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei” deberá ser reforzada y dársele el papel adecuado.

El documento se orienta a promover la unidad y los derechos del pueblo. Los críticos de la iniciativa del Papa, entre ellos no pocos obispos, han advertido de que esta liberalización causará desunión en parroquias y diócesis, el caos reinará, el Concilio será socavado y el reloj empezará dar marcha atrás.

Francamente, pienso que la mayor parte de la oposición por parte de obispos estaba realmente motivada por la preocupación de que documento limitara la autoridad propia episcopal. Benedicto XVI construye protecciones para que los obispos ejerzan la supervisión en sus diócesis. Esto es bueno y prudente. Debe ser así.

Pero deja claro que hay un nuevo modelo a seguir por todos, obispos incluidos. Esto no se debe subrayar demasiado. Mediante este “Motu proprio” Benedicto XVI afirma que los católicos con mentalidad tradicional no deben ser vistos como un «chiflado» que hay que encerrar en el desván de la diócesis. Tienen aportaciones valiosas que hacer. Tienen derechos.

Uno de los aspectos más importantes de este “Motu proprio” es que subraya los derechos de los sacerdotes y de los laicos. No siega la hierba bajo los pies de los obispos. Pero es una baza en la mano de los laicos. El Papa muestra confianza en los laicos con un gesto concreto, pero también en los sacerdotes y los obispos. Esta es una hermosa continuación del llamamiento de Juan Pablo II al mutuo respeto y generosidad.

Benedicto XVI pide a cada uno abrir su corazón. En la carta explicativa [a los obispos. Ndr] a menudo cita 2 Corintios 6, 13: “¡Abrid vuestros corazones!”. Cuando se lee “Summorum Pontificum” con un corazón ensanchado, nadie debe temer que los derechos sean pisoteados o socavada la autoridad debida.

--¿Por qué es necesaria la “liberalización” del Misal Romano de 1962 después de que se concediera a los obispos del mundo la posibilidad de permitir que se celebrara este rito hace más de veinte años?

--Padre Zuhlsdorf: Al principio hubo en 1986 un permiso muy restringido de Juan Pablo II para usar el “Missale Romanum” de 1962. Tras la ilícita consagración de obispos del arzobispo Lefebvre, en junio de 1988, el Papa Juan Pablo II promulgó su “Motu proprio” “Ecclesia Dei Adflicta” que efectivamente relajó el permiso restrictivo de 1986 pero de un modo vago.

En ese documento Juan Pablo II pidió, con su autoridad apostólica, a los obispos y sacerdotes que fueran generosos y mostraran respeto hacia quienes deseaban antiguas expresiones de la liturgia. Algunos lo hicieron. Muchos no.

Mientras tanto, la brecha entre el grupo del difunto arzobispo Lefebvre, la Sociedad de San Pío X, en algunos aspectos ha crecido más, en otros menos. La disputa sobre el uso del Misal de Pablo VI, o uso “ordinario”, no se ha calmado, a pesar de los numerosos documentos disciplinarios emitidos por la Santa Sede Es como si hubiéramos perdido la visión de dónde viene nuestra liturgia y qué se supone que debe ser.

Mucho antes de su elevación a la Sede de Pedro, [el cardenal Ratzinger] escribió y habló sobre la continuidad que nuestros ritos y prácticas litúrgicas deben tener con nuestra Tradición. La Liturgia se desarrolla orgánicamente durante un largo periodo desde la vivencia de la fe y entrando en contacto con diversas culturas.

El Misal de Pablo VI fue, en ciertos aspectos, ensamblado en despachos por los expertos, algunos de los cuales, hay que decirlo, tenían sus propias agendas ideológicas. Junto a una desenfrenada actitud de “fuera lo viejo”, existía un percepción de ruptura con la tradición litúrgica de la Iglesia.

Esta ruptura de la vida litúrgica de la Iglesia no ha dado sólo frutos felices. Entre otras heridas, dio la impresión de que la liturgia podía cambiar casi de la noche a la mañana y hacer desaparecer las antiguas formas, de que todo podía cambiar, incluso la doctrina.

Pero dejemos la teoría. Restaurar el modo antiguo de celebrar Misa es sencillamente hacer lo prudente. Como ha escrito Benedicto XVI, era poco razonable prohibir tan repentinamente una forma de la Misa que conformó la identidad católica durante siglos. Esto perjudicó nuestra identidad católica. Tenemos que curar las heridas.

--Muchos comentaristas ven el “Motu proprio” como un intento de salvar el cisma entre la Santa Sede y los sectores tradicionalistas. ¿Qué piensa usted?

--Padre Zuhlsdorf: Debe ayudar a salvar la brecha entre la Sociedad de San Pío X y la Santa Sede.

En mi opinión, ampliar esta facultad a todos los sacerdotes ayudará, pero no resolverá nada. Hay temas más profundos que no se pueden resolver fácilmente.

El tema sobre qué libro puede usar un sacerdote para decir Misa, o levantar la excomunión impuesta a los obispos de la Sociedad de San Pío X, puede solucionarse de un plumazo por el Papa.

Pero quedan por resolver temas teológicos como la doctrina del Concilio Vaticano II sobre la libertad religiosa y cómo la Iglesia debe relacionarse con el mundo. Por esto no pienso que este “Motu proprio” tenga que ver principalmente con la separación de la Sociedad de San Pío X.

Personas de ambas partes durante mucho tiempo se han mirado mutuamente con lo que llamo la “visión embudo”. Cuando nos miramos unos a otros con el corazón de Cristo, a través de “la invisible herida de amor”, como decía Richard de St. Victor, se resuelven muchos problemas. Ha llegado el momento de curar.

--Otros analistas argumentan que el propósito del “Motu proprio” es ayudar a promover la genuina renovación litúrgica del Misal de Pablo VI, mediante una “reforma de la reforma”. ¿Cómo se puede dar esto?


--Padre Zuhlsdorf: Como dije antes, la liturgia se desarrolla orgánicamente a lo largo de un periodo de vivir la fe y entrar en contacto con diversas culturas. Históricamente, diferentes ritos de la Misa se han influido mutuamente.

Lo que sucederá con la liberalización de la forma antigua de la Misa será una fecundidad cruzada, podríamos decir, el uso de una Misa influye en la otra. Este es ya el caso.

Desde la original liberalización de Juan Pablo II, muchos jóvenes sacerdotes se interesaron en las antiguas formas de la Misa. No conocían la Misa “Tridentina” pero tampoco cargaban con el fardo de los años ‘60 y ‘70. No estaban atrapados en ese falso “Espíritu del Vaticano II”.

Lo mismo sucedió con algunos sacerdotes mayores que readquirieron la forma “extraordinaria” de la Misa tras años sin contacto. Cuando empezaron a estudiar la forma antigua, ajustaron el modo en que celebraban el “Novus Ordo”. Empezaron a enraizar de nuevo su estilo de celebrar la Misa en su honda tradición.

Esto desarrolla un sentido diferente del “ars celebrandi”, el modo litúrgico y actitud propios de los que habla el Papa Benedicto en su exhortación postsinodal “Sacramentum Caritatis”.

En un sentido irónico, he oído alguna broma acerca de que el “Novus Ordo” mejora cuanto más celebras como si se tratara de la forma antigua de la Misa.

Por otra parte, la gente que usa la forma antigua de la Misa ha aprendido de las últimas décadas del “Novus Ordo”. Probablemente recita y participa en la Misa Tridentina mejor ahora que antes de todos los cambios.

La ausencia del misal más antiguo por tanto tiempo aumentó nuestro aprecio de sus riquezas. Las buenas y las malas experiencias, incluso los abusos, nos han enseñado.

Cuando veo a los sacerdotes celebrar la forma antigua, puedo decir que son agudamente conscientes de que de hecho hay gente en los bancos. Hay una fuerte conexión entre el sacerdote y la congregación. El punto crucial es que los usos diferentes tendrán influencia en toda la vida litúrgica de la Iglesia. Todos nos enriqueceremos. No hay perdedores aquí. Todos somos ganadores.

--¿Qué tiene que ver el “Motu proprio” con lo que el Santo Padre llama “la hermenéutica de la continuidad”?

--Padre Zuhlsdorf: Hagamos un par de distinciones. Trato de examinar importantes documentos considerando lo que dicen a la Iglesia, “ad intra”, y al mundo, “ad extra”.

Desde el punto de vista “ad intra”, Benedicto XVI quiere sanar rupturas en la continuidad en varios ámbitos de la vida de la Iglesia. La liberalización, como dije, volverá a enraizar las celebraciones de la Santa Misa en nuestra honda tradición litúrgica.

En su discurso de la Navidad de 2005 a la Curia, el Santo Padre habló de una “hermenéutica de discontinuidad y ruptura” tras el Concilio Vaticano II. Una “hermenéutica” es un principio de interpretación, como una lente mediante la cual examinamos una cuestión. Para muchos parecía que no hubiera sucedido nada bueno o valioso que preservar antes del Vaticano II. Todo lo antiguo era malo.

Los documentos del Concilio no llaman a una ruptura. Un falso “Espíritu del Vaticano II” de discontinuidad y ruptura cautivó a mucha gente influyente en la Iglesia. Esta “hermenéutica de discontinuidad” fue aplicada en parroquias, seminarios, universidades y en los medios católicos. Creó fracturas en casi cada aspecto de la vida de la Iglesia tras el Concilio.

Este “Motu proprio” es un paso concreto de la promoción por parte de Benedicto XVI de un nuevo modo de ver cómo el pasado, el presente y el futuro están conectados. Propone una “hermenéutica de reforma”, como la llamó en el mismo discurso de la Navidad de 2005.

Oirá a algunos usar el cliché de que se trata de un movimiento para “hacer retroceder el reloj”. Leen mal la motivación. Es un modo de aplicar el Concilio más auténticamente. La liberalización de la antigua forma de la Misa debe ser contemplada como una parte de la visión de la reforma por parte de Benedicto XVI. Está reconstruyendo continuidad con la tradición de la Iglesia. “Ad intra”, el documento trata completamente de la curación.

Reconstruir continuidad nos lleva a lo que el “Motu proprio” llama “ad extra”, al más amplio mundo.

Todos conocen los esfuerzos de silenciar y minimizar la Iglesia Católica en los escenarios del debate público, políticos y académicos. Los católicos son marginados si abren la boca. De manera que la fe se deja de lado como un mero asunto “privado”, no para ser expresado en público.

Benedicto XVI mantiene que la Iglesia tiene derecho a su propio lenguaje, símbolos e identidad. Tenemos el derecho de expresarnos en la plaza pública con nuestra identidad católica intacta. Debemos hacer una aportación como católicos.

Al mismo tiempo, Benedicto XVI defiende el concepto de la laicidad propiamente entendida, pero insiste en ofrecer las preocupaciones católicas al público. En Italia esto ha empezado a causar malestar. Los obispos italianos están redescubriendo su voz en la plaza y sus detractores están furiosos.

Para que esta dimensión del punto de vista de Benedicto XVI tenga fruto, debemos empezar a redescubrir y reintegrar una identidad auténticamente católica. El “Motu proprio” para liberalizar la forma de la Misa que formó la identidad católica durante siglos, es un movimiento importante en el proyecto del Papa de recuperar la continuidad con nuestra tradición, para empezar la curación, y por lo tanto dar nuevo vigor a la Iglesia en un mundo cada vez más secularizado y relativista.