Argentina: ''Necesitamos la gracia de Cristo para permanecer en el bien''

El arzobispo de la Plata en su catequesis televisiva

Buenos Aires, (Zenit.org) Redacción | 721 hits

En su reflexión televisiva semanal, en el programa “Claves para un Mundo Mejor” (América TV), monseñor Héctor Aguer, arzobispo de La Plata, Argentina, desarrolló una catequesis sobre la acción de la gracia explicando que “junto con nuestra enorme capacidad de bien también tenemos una inclinación a hacer 'macanas' [tonterías] e incurrimos fácilmente en comportamientos desordenados” por eso “necesitamos la gracia de Cristo para permanecer establemente en el bien y poder alcanzar la estatura ética que corresponde a la condición humana”.

Tras destacar algunos ejemplos y presentar algunos interrogantes dijo que “la gracia puede llegar a algunas personas de una manera secreta, pero normalmente los canales de la gracia son los Sacramentos de la Iglesia. Pensemos en primer lugar en los Sacramentos de iniciación cristiana: el Bautismo, la Confirmación, la Eucaristía; luego, asiduamente, la Reconciliación, por la cual recibimos el perdón de los pecados. Necesitamos de la gracia que nos viene normalmente a través de los Sacramentos para poder permanecer de un modo continuo en el bien y para poder realizar el bien de una manera integral”.

Sostuvo que “esta cuestión teológica y catequística tiene una proyección social, cultural y aún política, porque ¿cómo es posible, sin la ayuda de la gracia, plasmar una comunidad humana que viva continuamente en la justicia, donde se respeten los derechos de todos, donde haya una preocupación solidaria por los más necesitados, donde no surjan esos intereses y egoísmos sectoriales --que conocemos demasiado bien- que arruinan los mejores proyectos?”.

El prelado platense indicó que “es la gracia de Cristo Redentor la que ayuda a ser plenamente hombres” y recordó que este tema la Iglesia lo clarificó a comienzos del Siglo V, cuando el monje Pelagio consideró que “para superar el pesimismo que reinaba en la cultura de su tiempo, tenía que exaltar la libertad del hombre y su capacidad autónoma de hacer el bien. Pensó que no necesitaría ninguna ayuda interna sobre su voluntad para hacer el bien, sino que bastaría conocer lo que está bien y lo que está mal y eso sería suficiente. Bastarían la libertad y la ley”.

Aseguró finalmente que “si creyéramos todos en Jesucristo, si tratáramos de vivir de acuerdo a la fe, si procuráramos vivir en gracia de Dios, la sociedad humana tendría la posibilidad efectiva de andar mucho mejor”.