Arzobispo de Milwaukee: “Los errores no se cometieron en Roma, sino aquí”

El responsable del juicio contra el P. Murphy critica la negligencia de algunos medios

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MILWAUKEE, jueves 1 de abril de 2010 (ZENIT.org).- El arzobispo de Milwaukee, monseñor Jerome E. Listecki, negó la responsabilidad que el New York Times y otros medios de comunicación han atribuido recientemente a Benedicto XVI en el caso del sacerdote acusado de abusar de niños sordos en su diócesis en los años 70.

“Los errores no se cometieron en Roma en 1996, 1997 y 1998. Los errores se cometieron aquí en los 70, los 80 y los 90”, afirmó al final de la Misa Crismal celebrada este martes en la catedral de Milwaukee.

“El Santo Padre no me necesita para defenderle a él o sus decisiones -dijo-. Creo, y la historia lo confirmará, que sus acciones en respuesta a esta crisis, rápidas y resueltas, y su respuesta compasiva a las víctimas/supervivientes, hablan por sí mismas”.

Y continuó: “El Santo Padre ha sido firme en su compromiso para combatir el abuso sexual por parte del clero; sacarlo de la Iglesia; llegar a los afectados, y responsabilizar a los agresores”.

“Él ha sido un líder, reuniéndose con víctimas/supervivientes y castigando a obispos por su falta de sentencias y de liderazgo”, añadió.

Monseñor Listecki reconoció que la Iglesia, las autoridades civiles, los oficiales eclesiásticos y los obispos” cometieron errores en su archidiócesis. “Y por eso, os pido perdón en nombre de la Iglesia y en nombre de esta archidiócesis de Milwaukee”, dijo.

También agradeció a las personas que han denunciado esos abusos propiciando que la Iglesia cambiara.

Una de las lecciones que señaló el arzobispo de Milwaukee es que ningún sacerdote con una denuncia fundamentada de abuso sexual a un menor puede volver a servir como sacerdote a la Iglesia.

También destacó que actualmente se toman medidas en la formación de los sacerdotes y se vigila, en parroquias, escuelas e instituciones, que los niños estén protegidos.

Recordó que profesionales jurídicos, médicos y de la comunicación también cometieron errores y afirmó: “Todos hemos aprendido mucho”.

“Nos hemos convertido en una Iglesia más prudente”, destacó, “hemos dado pasos para purgar este abuso de nuestra Iglesia e incluso del conjunto de la sociedad”.

Testigo directo

Entre las numerosas reacciones suscitadas por la acusación de que Joseph Ratzinger no fue lo suficientemente enérgico al gestionar este caso concreto, destaca también la del responsable del juicio eclesiástico contra el padre Murphy.

Se trata del padre Thomas T. Brundage, JCL, vicario judicial de la arquidiócesis de Milwaukee entre los años 1995 y 2003.

En un escrito publicado en Caholic Anchor, el semanario de la arquidiócesis de Anchorage en la que reside actualmente, acusa a los responsables de esta información y explica en primera persona lo que sucedió realmente.

“El hecho de que yo presidiera ese juicio y ninguna organización de noticias se haya puesto en contacto conmigo nunca, habla por sí mismo”, denuncia.

“Mi nombre y comentarios sobre el caso del padre Murphy han sido citados de manera generosa y a menudo errónea en el New York Times y en más de otros 100 diarios y periódicos on-line”, constata.

Por ello, continúa “me siento libre para contar parte de la historia del juicio al padre Murphy desde el lugar de los hechos”. “También escribo desde un sentido del deber a la verdad”, añade.

El artículo del padre Brundage subraya que el Papa Benedicto XVI ha hecho más que ningún otro papa u obispo contra el abuso sexual a menores en la Iglesia y destaca los esfuerzos de la Iglesia para sanar, así como su garantía de seguridad para los niños.

También explica detalladamente su experiencia de lo que significa abusar, para las víctimas y para los abusadores.

El sacerdote relata detalles del juicio: “En 1996 me presentaron la historia del padre Murphy, exdirector de la Escuela de San Juan para Sordos de Milwaukee”.

“Teníamos que tomar medidas enérgicas y rápidas respecto a los errores de varias décadas atrás”, recuerda, “procedimos a empezar un juicio contra el padre Murphy”.

Tras dos años de un duro trabajo que incluyó escuchar a numerosas víctimas de esos abusos, “en verano de 1998, ordené al padre Murphy que se presentara en una deposición en la cancillería de Milwaukee”.

Pero el vicario judicial recuerda que poco después, recibió una carta del médico del padre Murphy que decía que la salud del acusado era frágil y no podía viajar tanta distancia como la requerida.

De hecho, “una semana después, el padre Murphy murió por causas naturales en una localidad situada a unas 100 millas de su casa”, continúa.

Después de explicar estos hechos, el padre Brundage denuncia: “Respecto a la información errónea del New York Times, la Associated Press, y los que han utilizado esas fuentes, primero de todo, esas agencias de noticias nunca se pusieron en contacto conmigo, pero se sintieron libres para citarme”.

Y explica en concreto que “casi todas mis declaraciones son de un documento que puede encontrarse en internet con la correspondencia entre la Santa Sede y la arquidiócesis de Milwaukee”.

Se trata de un documento manuscrito del 31 de octubre de 1997, que pone algunas importantes declaraciones en boca del padre Brundage, quien considera que “el problema con esas informaciones que se me atribuyen es que están escritas a mano”.

“Los documentos no fueron escritos por mí, ni se parecen a mi letra -asegura-. La sintaxis es parecida a lo que yo podría haber dicho, pero no tengo ni idea de quién escribió esas declaraciones”.

El padre Brundage lamenta esta manera de ejercer la profesión del periodismo. “Cuando era alumno de la Escuela Universitaria de Periodismo Marquette, se nos pedía comprobar, volver a comprobar y una tercera comprobación de nuestros presupuestos si era necesario”, recuerda.

Pero en este caso, se queja, “nadie contactó nunca conmigo sobre este documento, escrito por una fuente que yo desconozco”.

“Discernir la verdad lleva tiempo y es evidente que el New York Times, la Associated Press y otros no se tomaron el tiempo para obtener la información correcta”, escribe.

Y continúa ofreciendo más detalles: “Además, en la documentación de una carta del arzobispo Weakland al entonces secretario de la Congregación para la Doctrina de la Fe del Vaticano, el arzobispo Tarcisio Bertone, en agosto de 1998, el arzobispo Weakland informó que me había dado instrucciones para reducir el proceso contra el padre Murphy”.

“El padre Murphy, sin embargo, murió dos días después y el hecho es que el día que el padre Murphy murió, todavía era acusado en un juicio eclesiástico criminal”.

“Nadie parece darse cuenta de esto -destaca-. Si me hubieran pedido reducir ese juicio, con seguridad yo habría insistido en apelar al tribunal supremo de la Iglesia, o al papa Juan Pablo II si hubiera sido necesario. Ese proceso habría llevado meses, si no más tiempo”.

Finalmente, “respecto a la función del entonces cardenal Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI) en esta cuestión, no tengo razones para creer que estuviera implicado -indica-. Colocarle este tema es saltarse la lógica y la información”.

Finalmente, el padre Brundage repasa los pasos dados por el Papa y por las diócesis para superar el problema de los abusos a menores por parte del clero.

En primer lugar, destaca que la competencia para conocer apelaciones de casos de abusos a menores ha pasado de la Rota Romana a la Congregación para la Doctrina de la Fe, agilizándose así los procesos.

También las reiteradas disculpas del Papa, así como sus encuentros con víctimas y sus reuniones con obispos sobre esta cuestión, la más reciente con los de Irlanda.

Y recuerda que, en los últimos 25 años, se han llevado acciones firmes en la Iglesia para evitar dañar a los niños, exhaustivos exámenes psicológicos a los candidatos al sacerdocio, y grandes esfuerzos para formar a los seminaristas en la protección del entorno de los niños.

Realmente, constata el sacerdote, en la última década, se han reducido mucho los casos de abusos a menores por el clero.

Las diócesis católicas de los Estados Unidos han llevado a cabo medidas extraordinarias para garantizar la seguridad de los niños y los adultos vulnerables, concluye.

Y señala como ejemplo las de la arquidiócesis de Anchorage, donde reside actualmente: los baños públicos de las parroquias tienen un cartel que pregunta si alguien ha sufrido algún abuso en la Iglesia, existe un número telefónico para informar sobre abusos, y todos los trabajadores de la diócesis están llamados a participar en sesiones formativas anuales sobre entorno seguro.

Obispos de EEUU

También los obispos de Estados Unidos recordaron este martes “que continuamos con nuestros esfuerzos para proporcionar un ambiente seguro para los niños en nuestras parroquias y escuelas”.

A través de un comunicado de la conferencia episcopal, recordaron que también “trabajamos con otras personas en nuestras comunidades para hacer frente a la prevalencia del abuso sexual en la sociedad en general”.

[Por Patricia Navas]