Arzobispo en Tierra Santa: Trabajar por la reconciliación

Entrevista al prelado maronita Paul Nabil Sayah, de Haifa

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HAIFA, domingo 1 enero 2012 (ZENIT.org).- El rito oriental maronita, dentro de la Iglesia católica, que se remonta a san Juan Marón, es la única Iglesia oriental que nunca se ha separado de Roma. En lugar de usar el latín, la lengua de la liturgia es el siríaco, un antiguo dialecto del arameo. La Iglesia maronita es una de las más pequeñas comunidades católicas, con doce mil fieles, en una región donde la población de los cristianos es de unos cincuenta mil. La comunidad se vió diezmada por la emigración, especialmente hacia Cisjordania.

Mark Riedemann de Where God Weeps, en colaboración con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada, entrevistó al arzobispo Paul Nabil Sayah, arzobispo maronita de Haifa y Tierra Santa.

En el cristianismo hubo numerosas y lamentables escisiones. Podemos decir que la Iglesia maronita nunca se separó de Roma. ¿Nos puede contar un poco de la historia de su Iglesia?

--Mons. Sayah: El término maronita viene del nombre de su fundador, san Marón, que murió en 410. Este año celebramos los 1.600 años de la vida de nuestra Iglesia. La Iglesia comenzó en Antioquía y rápidamente, después de la conquista musulmana, se trasladó hacia las montañas del Líbano desde donde gradualmente se fue difundiendo. Tenemos ahora 43 obispos en todo el mundo pero nuestra sede, o como quiera llamarla, permanece en El Líbano.

Su comunidad está geográficamente bastante desperdigada, cuentan con unos doce mil fieles en Tierra Santa, unos 800.000 en el Líbano, y entre 7 y 10 millones, no está claro, en el resto del mundo. ¿Cómo puede ejercer su ministerio con una comunidad tan dispersa?

--Mons. Sayah: Bueno, mi propia comunidad está bastante dispersa. Yo me encargo de las áreas de Israel, Jordania, Jerusalén y Palestina de dos formas distintas. ¿Cómo se ejerce este ministerio? Tienes que estar presente. Ejercer el ministerio significa estar tan cerca de la gente como sea posible y tradicionalmente tenemos tres responsabilidades. Intentamos ofrecer a la gente nuestro mensaje, los sacramentos y los servicios que necesitan, e intentamos, tanto como podemos, estar al servicio de nuestra gente de modo incondicional y desde todos los puntos de vista, social, psicológico, etc.

Los cristianos árabes se encuentran entre dos fuegos: por un lado los extremistas islámicos y por el otro los sionistas extremistas. ¿Es una maldición o una bendición esta situación de los cristianos árabes?

--Mons. Sayah: Gracias a Dios, no todos son extremistas; hay muchísimos buenos judíos así como musulmanes, pero es una realidad actual. Para los cristianos de Tierra Santa, nos guste o no, las cosas son así: Para los judíos somos árabes y quizás potenciales terroristas, para los musulmanes somos cristianos lo que significa que somos infieles. Bien, así es como están las cosas y como han sido siempre. También es la forma en la que estarán, ¿pero esto es una bendición o una maldición? No lo sé. Más que preocuparnos, estamos aquí. Estamos aquí para quedarnos. Hemos estado en Tierra Santa 600 años antes de que el Islam llegara, sabemos que nuestra vida no es fácil, pero ¿y qué? Esta es nuestra vida y nuestra misión y la mantendremos.

¿Podríamos decir que el papel que tienen los árabes cristianos en esta situación es único?

--Mons. Sayah: Creo que estamos en situación de poder mediar. Estamos en posición de testigos. Tiene que recordar que se nos ha encargado un trabajo de reconciliación. Creo que es una dimensión muy importante en la vida cristiana, además de la labor que los cristianos hacemos en educación, medicina, trabajo social, etc... Desde este punto de vista, estamos ofreciendo un conjunto grande de servicios que van más allá de nuestro número, un 1 o 2%. Nos gustaría se agentes de la reconciliación, del diálogo y de la información a los musulmanes sobre la vida cristiana real.

¿Diría que la tensión entre palestinos e israelíes es un problema racial o religioso?

--Mons. Sayah: No creo que sea un problema religioso. Tiene una dimensión religiosa en la medida en que los extremistas de ambas partes tienen un problema con todos los demás, pero creo, básicamente, que es un problema político. Es un problema de dos pueblos intentando compartir la tierra y el poder.

¿Pero aquí no aparece el deseo teocrático de la Tierra Prometida? ¿Cómo tratan este problema?

--Mons. Sayah: Sí, tenemos que lidiar con dos teocracias: el islam y el judaísmo, pero le recuerdo que la israelí es una sociedad secular. Hay muchos, muchos israelitas que no tienen relación con la religión, pero también hay extremistas religiosos (judíos) cuyo número no deja de aumentar.

¿Existe una ley por la que se debe prestar juramento de lealtad a Israel?

--Mons. Sayah: Sí, este requiere a cada ciudadano israelí que prometa fidelidad a Israel como un Estado democrático y judío. Si puedes reconciliar ambas fidelidades, va todo bien. El 20% árabe, obviamente no quiere saber nada de esto. El otro problema para Israel como país, para los judíos, es el de los refugiados palestinos. Hay 3 o 4 millones de refugiados en el mundo, y según la ley internacional deberían poder regresar. ¿Cuántos de ellos volverán a Israel? Tengo grandes dudas al respecto pero es otro problema para muchos países como Líbano y Jordania, que cuentan con centenares y centenares de refugiados, y quisieran que los palestinos volvieran a su tierra natal. Si declaras que Israel es un país para los judíos, les estás diciendo que quien no es judío no es bienvenido.

Quisiera volver a la cuestión de las iniciativas que la Iglesia católica está llevando a cabo respecto a la reconciliación. Usted comenzó un proyecto llamado Encuentro donde invitó a cristianos y musulmanes jóvenes para dialogar. ¿Qué le inspiró a hacer esto y que frutos ha cosechado esta acción?

--Mons. Sayah: Siento que la reconciliación, el diálogo, y el unir a la gente forma parte integral de mi ministerio. Creo en la gente joven. Estoy cualificado como educador, y creo que la gente joven puede marcar la diferencia. Están preparados para cambiar, tienen menos prejuicios. Son más flexibles. Comenzamos con cuatro cristianos, cuatro musulmanes y cuatro judíos del área de Jerusalén. Tenemos un grupo parecido en Londres, en la diócesis de Chelmsford, que es una diócesis anglicana, y que tiene un programa de intercambio. El objetivo principal, obviamente, es animar a la gente joven a presentarse a los otros, entrenarles a debatir los problemas actuales de la sociedad. Suponga que hay una disputa entre palestinos y judíos. ¿Qué dirán los periódicos?: “¿cómo podemos lidiar con este problema?”.

¿Qué respondieron?

--Mons. Sayah: Se ha creado un inmenso cambio en la gente joven. Realizamos una evaluación continua, escuchándoles, pidiendo que escribieran cómo se sentían y cómo les afectaba. Teníamos a un joven judío que dijo al principio: “Todos los palestinos son unos terroristas”. Pero cuando se sentó con jóvenes palestinos, pensó: “Podemos vivir juntos, podemos trabajar. Podemos hacer muchas cosas juntos. Lo mismo sucedió con la otra parte. Por tanto, desde este punto de vista puedes ver cuán importante es permitir que los jóvenes se reúnan. Cuando comenzamos, muchos padres me trasladaban sus dudas. Yo dije: “Mirad soy el obispo”. Usé el peso de mi autoridad y dos años después los padres volvieron a mí y me dijeron: “¿Por qué no hace algo por nosotros también, ahora que nuestros hijos lo están haciendo tan bien?”.

¿Es la separación entre religión y Estado una respuesta posible para aquellos cristianos árabes que viven bajo un estado teocrático?

--Mons. Sayah: Si queremos vivir en paz, tenemos que aprender a respetarnos los unos a los otros. No puedes imponer una manera de vivir o una concepción del Estado en el que gobierna la religión. No decimos que un estado secular en el que no haya religión sea la solución, sino uno en el que la religión tenga su sitio, y todo lo demás también. En el islam y en el judaísmo la política no está separada. Sí, quisiéramos que se hiciera menos énfasis en la religión y que la política se mantuviera separada, y así tener una de esas sociedades en las que se vive y se respeta a todas las religiones.

¿Es esta una gran responsabilidad para los cristianos de Oriente Medio?

--Mons. Sayah: No sólo para los cristianos de Oriente Medio. Es un tema muy importante para la Iglesia universal. El mensaje es que la Iglesia universal le dice a la Iglesia de Oriente Medio: no estás sola. Somos todos una única Iglesia. La Iglesia universal está contigo y tú formas parte de la Iglesia universal. Esta dice: os apoyamos, tenéis una misión; tenéis algo que ofrecer a la Iglesia del mundo entero, pero también necesitáis nuestra ayuda; no creáis que estáis solos. Este es un mensaje muy importante. Por eso creemos que es un gran privilegio estar en Tierra Santa. Es un privilegio para mí ser obispo y servir a mi comunidad y a toda la Iglesia. Cuando recibo a peregrinos, también estoy llevando a cabo mi ministerio. Estar en Tierra Santa como obispo es un gran privilegio, pero al mismo tiempo esto no es sólo par mí, estoy al servicio de toda la Iglesia. La Tierra Santa es donde todo empezó, y a donde pertenecemos todos. No nos pertenece a nosotros como cristianos locales, sólo somos sus custodios. Estamos aquí para mantener esto, y para mantener viva la vida cristiana, para que todo el mundo pueda venir y tener la experiencia de caminar por las piedras de Jerusalén y poder caminar por los mismos lugares de Galilea por donde Cristo mismo caminó.

¿Qué puede hacer la Iglesia universal?

--Mons. Sayah: En primer lugar, venir a Tierra Santa. Creo que al venir nos ayuda mucho, nos ayuda económicamente, y sentimos que estamos a su servicio. En segundo lugar, hablar de la situación en Oriente Medio. La gente de aquí no creó la situación en Palestina. La comunidad internacional lo hizo. La comunidad internacional debería ponerse de acuerdo y hacer algo al respecto. La gente de aquí nunca será capaz de resolver este problema. Gracias a Dios, hay iniciativas y en la actualidad Estados Unidos parece tomarse en serio un problema que Europa siempre afrontó. En tercer lugar, continuar la ayuda para nuestros proyectos. Nunca habría podido soñar con construir un centro pastoral, que cuesta cientos de miles de euros, si sólo hubiera podido apoyarme en mi propio pueblo. Así es, en concreto, cómo veo el papel de la Iglesia universal en ayudarnos a mantener los lugares, no sólo para nosotros, sino para toda la Iglesia universal.
Esta entrevista fue hecha por Mark Riedemann para Where God Weeps, un programa semanal de televisión y radio, producido por Catholic Radio & Television Network, en colaboración con la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (AIN).

Para más información: www.WhereGodWeeps.org y www.acn-intl.org.