Arzobispo maronita: 'Los niños sirios envidian el establo donde nació Jesús'

Mons. Samir Nassar, en su mensaje sobre la Navidad: 'El extenuante conflicto hace aún más fuerte la oración de los cristianos frente al pesebre: Señor escúchanos!''

Madrid, (Zenit.org) Redacción | 868 hits

“En Siria al Niño Jesús no le faltan compañeros: miles de niños que han perdido sus casas viven bajo tiendas pobres como el establo de Belén”. Con estas palabras en su mensaje de Navidad, el arzobispo maronita de Damasco, Mons. Samir Nassar, ha descrito las condiciones en las que vive la infancia siria en este tiempo antes de la Navidad.

En este mensaje conmovedor, difundido por la agencia Fides, el arzobispo maronita ha expresado con imágenes fuertes los sentimientos compartidos por muchos cristianos sirios al acercarse otra Navidad en guerra. Así, Mons. Nassar ha señalado que “la infancia de Siria, abandonada y marcada por escenas de violencia, sueña con estar en el lugar de Jesús, que siempre tiene con él a sus padres que lo abrazan y acarician (...). Algunos envidian al Niño divino que ha encontrado un establo para nacer y refugiarse, mientras que entre estos niños desafortunados está quién ha nacido bajo las bombas o a lo largo del camino de la fuga”.

Y María, ha insistido el arzobispo, “ya no está sola en sus dificultades: muchas madres infelices y desafortunadas viven en la pobreza extrema y cargan con todas las responsabilidades de la familia ellas solas, sin sus maridos... La presencia tranquilizadora de José en la Sagrada Familia despierta una especie de envidia entre las miles de familias privadas de un papá. Una ausencia que alimenta el miedo, la angustia y la inquietud”.

En el estado maltrecho del pueblo sirio, ha escrito Mons. Nassar, no parece haber lugar para la promesa de la paz y la alegría que comporta la Navidad: “El infernal ruido de la guerra ahoga el Gloria de los Ángeles. La sinfonía de la Navidad para la paz cae frente al odio y la crueldad atroz”.

El arzobispo maronita de Damasco ha concluido su mensaje asegurando que, sin embargo, precisamente “el extenuante prolongarse del conflicto, que ya ha superado los mil días, hace aún más fuerte el grito de oración y esperanza de los cristianos frente al pesebre: '¡Señor, escúchanos!'”.