Asís: Importancia del compromiso de las religiones, también por la vida

“El futuro de la humanidad está en juego”, afirma el cardenal Turkson

| 1745 hits

CIUDAD DEL VATICANO, martes 12 de julio de 2011 (ZENIT.org).– Como preparación al encuentro de representantes de grandes religiones en Asís el próximo 27 de octubre, el presidente del Consejo Pontificio Justicia y Paz, el cardenal Peter Kodwo Appiah Turkson, destacó en L'Osservatore Romano la importancia de las comunidades religiosas para la justicia y para la paz.

25 años después del primer encuentro organizado por iniciativa de Juan Pablo II, el cardenal recuerda que el diálogo entre las religiones debe ser “un diálogo sincero, en el pleno respeto a las diferencias y a la diversidad de tradiciones.

Juntas, las distintas religiones están invitadas a “transformar las mentalidades y las estructuras”, especialmente en lo que se refiera al “derecho a la vida”, sin el cual “es imposible disfrutar de los demás derechos”.

“Hablar del compromiso de las comunidades religiosas por la justicia y por la paz significa evocar su cooperación para el bien común de la sociedad, en el marco de su diálogo”, afirma el cardenal en el artículo del diario vaticano.

“Las culturas y las religiones del mundo tienen todas un patrimonio de valores y de riquezas espirituales por compartir con las demás, y que pueden ser considerados como una preparación para Cristo”.

“Estas tradiciones espirituales y morales pueden también permitir un diálogo fecundo para anclarse en una plataforma común”, explica.

“Sobre esta plataforma puede desarrollarse un diálogo sincero, en el pleno respeto a las diferencias y la diversidad de tradiciones”, continúa.

Según el purpurado, “toda comunidad religiosa está llamada a cultivar el diálogo con las demás religiones, a abrirse a la escucha para continuar caminando juntos en la paz y ofrecer lo mejor que cada una posee para construir un mundo más justo y solidario”.

“Aunque no siempre es posible establecer un diálogo en el plano teológico o doctrinal, existen otras vías, que merecen ser profundizadas”, y particularmente la vía del diálogo “en el plano de la vida y de las obras”.

El diálogo supone que los interlocutores se acogen y se aceptan en su especificidad, con sus riquezas y sus debilidades”, explica el cardenal.

“Es la vía maestra del diálogo y de la cooperación al servicio del bien común: respetar al otro sin dejar de lado su identidad aunque buscando comprenderle”.

Contra las estructuras de pecado

Los fieles de las distintas religiones -afirma el cardenal Turkson- están llamados a “unir sus fuerzas para reforzar la solidaridad y la fraternidad entre los pueblos, luchando especialmente contras las causas de las injusticias y trabajando para transformar las mentalidades y las estructuras que, por desgracia, son a menudo portadoras de pecado”.

En este contexto, “el derecho a la vida merece una atención especial porque sin este derecho es imposible disfrutar de los demás derechos”.

Hablar de derecho a la vida, afirma, “significa referirse al mismo tiempo al lugar en el que ésta nace y crece, es decir, la familia, una institución que hoy en día es atacada”.

No se puede nunca cuestionar “el derecho de la persona a fundar una familia conforme al designio de su Creador, a tener hijos, a educarlos según sus propias convicciones religiosas”.

El cardenal Turkson invita a evitar algunas trampas para “que la cooperación de las comunidades religiosas al servicio de la justicia y de la paz sea fecunda”.

“La primera trampa es la instrumentalización de la religión. A menudo, esta trampa es una consecuencia del fanatismo y del fundamentalismo que buscan imponer sus convicciones a los demás por la fuerza y la violencia”, afirma.

“La violencia en nombre de Dios encuentra fácilmente su arraigo en un contexto de ceguera religiosa -advierte-. Una forma de violencia especialmente preocupante es la del fenómeno del terrorismo”.

“También existen formas solapadas de violencia que son una grave amenaza para la vida y el futuro de la humanidad”, insiste.

“Basta pensar en la violencia contra el derecho a la vida que es difundida y alentada por una mentalidad antinatalista a través de muchas vías: contracepción, aborto, legislaciones contrarias al nacimiento, esterilizaciones alentadas en los países pobres por algunas organizaciones no gubernamentales, control coercitivo de nacimientos, eutanasia”.

Es por tanto importante que “las comunidades religiosas -en nombre de Dios, fuente, autor y fin último de la vida- unan sus esfuerzos para denunciar esta mentalidad en todos los ámbitos y para comprometerse en la promoción y la defensa de la vida desde su concepción hasta la muerte natural”.

El cardenal Turkson advierte que “el futuro de nuestra humanidad está en juego”.

Por Marine Soreau