Atentados en Irak contra cristianos y chiitas

Integristas, contra el apoyo a la resistencia siria

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ROMA, miércoles 7 de diciembre de 2011 (ZENIT.org).- Vuelven las bombas y el terror a Irak. La causa: los atentados que sacudieron a Bagdad, provocando al menos once muertos y algunas decenas de heridos. Los objetivos eran principalmente musulmanes chiitas, aunque los cristianos también están en el punto de mira.

La primera explosión se produjo en el barrio septentrional de Urr, con 8 muertos y 18 heridos, entre los peregrinos que habían llegado a la capital iraquí para la festividad de la Ashura. Una segunda bomba explotó por la tarde contra otro grupo de peregrinos, causando tres víctimas. Una tercera hirió a cuatro chiitas en el barrio de Zaframiyah, en el centro de la ciudad.

El atentado más cruel sucedió al norte de la ciudad de Hilla, en el área de al-Nil, donde una bomba explotó en medio de una procesión provocando la muerte de 16 personas, entre las que había principalmente mujeres y niños.

La Ashura, que se celebró este 5 de diciembre, es la conmemoración del martirio del imán Hussein, en el siglo VII, y que desde hace tiempo se ha convertido en pretexto para actos violentos y atentados por parte de la minoría sunnita. La situación empeoró tras la caída del régimen de Saddam Hussein y la ocupación militar estadounidense que concluirá al final de este mes.

Según la agencia de las Misiones Extranjeras en París, AsiaNews, también hubo agresiones contra los cristianos en días anteriores. El 2 de diciembre, en Zakho, Kurdistán, los integristas musulmanes, sublevados por el imán local, destruyeron tiendas de licores, centros de masaje y un hotel, hiriendo al menos a treinta personas.

Hubo así mismo atentados contra negocios y estructuras pertenecientes a cristianos caldeos, en Dohok y en Bagdad, donde algunos propietarios de negocios de licores recibieron cartas amenazadoras.

Según fuentes cristianas consultadas por la citada agencia, y que permanecen en el anonimato por motivos de seguridad, al norte del país, los integristas protagonizan una campaña de intimidación, planificada al mínimo detalle, para que los kurdos dejen de apoyar a la resistencia siria.