Audiencia a los representantes de diversas etnias de gitanos

El pasado sábado en el Vaticano

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CIUDAD DEL VATICANO, lunes 13 de junio de 2011 (ZENIT.org).- A continuación ofrecemos el discurso que el Papa Benedicto XVI pronunció, en la mañana del sábado, en el Aula Pablo VI, a los representantes de diversas etnias de gitanos que han llegado a Roma, provenientes de toda Europa, en celebración del 75º aniversario del martirio y 150º del nacimiento del Beato Zefirino Giménez Malla (1861-1936), gitano de origen español.

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¡Venerados hermanos,

queridos hermanos y hermanas!

o Del si tumentsa! [¡El Señor esté con vosotros!]

Es para mí una gran alegría encontrarme con vosotros y daros una cordial bienvenida, en ocasión de vuestro peregrinaje a la tumba del Apóstol Pedro. Agradezco al arzobispo monseñor Antonio María Vegliò, Presidente del Consejo Pontificio de la Pastoral para los Emigrantes y los Itinerantes, por las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre y por haber organizado el evento. Extiendo la expresión de mi gratitud también a la Fundación "Migrantes" de la Conferencia Episcopal Italiana, a la Diócesis de Roma y a la Comunidad de San Egidio, por haber colaborado en la realización de este peregrinaje y por lo que hacen cotidianamente en pro de vuestra acogida e integración. Un “gracias” particular a vosotros, por haber ofrecido vuestros testimonios, tan significativos.

Habéis llegado a Roma de todas partes de Europa para manifestar vuestra fe y vuestro amor por Cristo, por la Iglesia -que es una casa para todos vosotros- y por el Papa. El Siervo de Dios Pablo VI dirigió a los gitanos, en 1965, estas inolvidables palabras: “Vosotros en la Iglesia no estáis al margen, sino que de alguna manera, estáis en el centro, vosotros sois el corazón de la Iglesia”. También yo hoy repito con afecto: ¡Estáis en el corazón de la Iglesia! Sois una amada porción del Pueblo de Dios peregrinante y nos recordáis que “no tenemos aquí abajo una ciudad permanente, sino que buscamos la futura” (Hb 13,14). También a vosotros ha llegado el mensaje de salvación, al que habéis respondido con fe y esperanza, enriqueciendo la comunidad eclesial de creyentes laicos, sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas gitanos. Vuestro pueblo ha dado a la Iglesia el beato Ceferino Giménez Malla, del que hoy celebramos el 150º aniversario de su nacimiento y el 75º de su martirio. La amistad con el Señor hizo de este mártir, testimonio auténtico de la fe y de la caridad. Con la intensidad con la que él adoraba a Dios y descubría su presencia en todas las personas y en todos los acontecimientos, el beato Ceferino amaba a la Iglesia y a sus pastores. Terciario franciscano, permaneció fiel a su ser gitano, a la historia y a la identidad de su propia etnia. Casado según la tradición de los gitanos, junto a su esposa decidió validar el vínculo en la Iglesia con el Sacramento del Matrimonio. Su profunda religiosidad encontraba expresión en la participación cotidiana en la Santa Misa y en el rezo del Rosario. Fue justo el rosario que llevaba siempre en el bolsillo, la causa de su arresto e hizo del beato Ceferino un “auténtico mártir del Rosario”, ya que no dejó que se lo quitasen de la mano ni siquiera en el momento de su muerte: Hoy el beato Ceferino nos invita a seguir su ejemplo y nos indica también el camino: la dedicación a la oración y en particular al Rosario, el amor por la Eucaristía y por los demás Sacramentos, la observancia de los Mandamientos, la honestidad, la caridad y la generosidad hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres; esto os hará fuertes ante el riesgo de que las sectas u otros grupos pongan en peligro vuestra relación con la Iglesia.

Vuestra historia es compleja y, en algunos periodos, dolorosa. Sois un pueblo que en los siglos pasados no ha vivido ideologías nacionalistas, que no ha aspirado a poseer una tierra o a dominar a otras gentes. Os habéis quedado sin patria y habéis considerado el Continente en su conjunto como vuestra casa.

Sin embargo, persisten problemas graves y preocupantes, como las relaciones a menudo difíciles con las sociedades en las que vivís. Desgraciadamente a través de los siglos habéis conocido el sabor amargo de la no acogida y, a veces, de la persecución, como sucedió en la II Guerra Mundial: miles de mujeres, hombres y niños fueron asesinados salvajemente en los campos de exterminio. Fue – como decís vosotros – el Porrájmos, “La Gran Destrucción”, un drama todavía poco reconocido y del que se desconocen las proporciones, pero que vuestras familias llevan impreso en el corazón. Durante mi visita al campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, el 28 de mayo de 2006, recé por las víctimas de las persecuciones y me incliné frente a la lápida en lengua romaní, que recuerda a vuestros caídos. ¡La conciencia europea no puede olvidar tanto dolor! ¡Qué nunca más sea, vuestro pueblo, objeto de vejaciones, de rechazo y de desprecio! ¡Por vuestra parte buscad siempre la justicia, la legalidad, la reconciliación y esforzaos por no ser nunca causa de sufrimiento de otros!

Hoy, gracias a Dios, la situación está cambiando: nuevas oportunidades se abren delante de vosotros, mientras que adquirís nueva conciencia. Durante este tiempo habéis creado una cultura de las expresiones significativas, como la música y el canto, que han enriquecido Europa. Muchas etnias ya no son nómadas, sino que buscan la estabilidad con nuevas expectativas frente a la vida. La Iglesia camina con vosotros y os invita a vivir según las comprometedoras exigencias del Evangelio, confiando en la fuerza de Cristo, hacia un futuro mejor. También Europa, que reduce las fronteras y considera riqueza a la diversidad de los pueblos y de las culturas, os ofrece nuevas posibilidades. ¡Os invito, queridos amigos, a escribir juntos una nueva página de la historia para vuestro pueblo y para Europa! La búsqueda de alojamiento y de un trabajo digno y de educación para los hijos son la base sobre la que construir la integración que traerá beneficios para vosotros y para toda la sociedad. ¡Dad vosotros también, vuestra efectiva y leal colaboración, para que vuestras familias se inserten dignamente en el tejido civil europeo! Muchos de entre vosotros son niños y jóvenes que desean educarse y vivir con los demás y como los demás. A estos los miro con particular afecto, convencido de que vuestros hijos tienen derecho a una vida mejor. ¡Sea su bien vuestra gran aspiración! Custodiad la dignidad y el valor de vuestras familias, pequeñas iglesias domésticas, para que sean verdaderamente escuelas de humanidad (cfr Gaudium et spes, 52). Que las instituciones, por su parte, se esfuercen por velar adecuadamente por este proceso.

Finalmente, también estáis llamados a participar activamente en la misión evangelizadora de la Iglesia, promoviendo la actividad pastoral en vuestras comunidades. La presencia entre vosotros de sacerdotes, diáconos y personas consagradas, que pertenecen a vuestras etnias, son un don de Dios y signo positivo del diálogo de las Iglesias locales con vuestro pueblo, que necesita sostener y desarrollar. Confiad y escuchad a estos vuestros hermanos y hermanas, y ofreced, junto a ellos, el coherente y gozoso anuncio del amor de Dios por el pueblo gitano, ¡cómo por todos los pueblos! La Iglesia desea que todos los hombres se reconozcan hijos del mismo Padre y miembros de la misma familia humana. Estamos en la vigilia de Pentecostés, cuando el Señor mandó su Espíritu sobre los Apóstoles que comenzaron a anunciar el Evangelios en las lenguas de todos los pueblos. Que el Espíritu Santo distribuya sus dones abundantemente sobre todos vosotros, sobre vuestras familias y comunidades esparcidas por el mundo y os haga testigos generosos de Cristo Resucitado. María Santísima, tan amada por vuestro pueblo y que vosotros invocáis como "Amari Devleskeridej", “Nuestra Madre de Dios”, os acompañe por los caminos del mundo y que el beato Zefirino os sostenga con su intercesión.

Naisìv tumenge savorenge katar o ilò kaj avilèn katè ande o kher le Petrosko te sikavèn tumarò pačamòs aj tumarò kamimòs pe e khangherì taj vi pe o Papa. O Blago Zefirino si tumende iek sičarimòs katar ek trajo traimè e Kristòske taj vi pe e khangerì, ke dikàve o sičarimòs aj o kamimòs pe sa le manušà. O Papa si pašè po svako iek anda tumende, taj isarèl tumen ande pesko rugimòs. O Del del tumèn blàgosto, tumarè enè, tumarè familje, aj tumarò trajo ke avela maj anglè. O Del del tumén sastimós te baxht acén e Devlesa.

[Agradezco de corazón a todos los que os habéis reunido en la Sede de Pedro para manifestar vuestra fe y vuestro amor por la Iglesia y por el Papa. Que el Beato Ceferino sea para todos vosotros, ejemplo de una vida vivida para Cristo y para la Iglesia, en la observancia de los mandamientos y en el amor hacia el prójimo. El Papa está cerca de cada uno de vosotros y os recuerda en sus oraciones. Que el Señor os bendiga a vosotros, vuestras comunidades, vuestras familias y vuestro futuro. Que el Señor os dé salud y fortuna. ¡Permaneced con Dios!]

¡Gracias! ¡Y Buen Pentecostés para todos vosotros!

Traducción del original italiano por Carmen Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]