Aumenta en Italia el número de viudas deciden consagrarse a Dios

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CATANZARO, miércoles, 10 noviembre 2004 (ZENIT.org).- Igual que se hacía en los orígenes de la Iglesia, trece viudas de la archidiócesis italiana de Catanzaro-Squillace han pasado a formar parte estos días de la «Ordo Viduarum» («Orden de viudas»), un fenómeno que está expandiéndose en Italia y otros países.



Como respuesta a la necesidad de dar entidad espiritual y comunitaria a la presencia en la Iglesia de quienes han perdido a su marido, la Orden fue instituida el 1 de noviembre de 1999 con un decreto de quien estaba entonces al frente de la comunidad calabresa, el arzobispo Antonio Cantisani.

Desde entonces medio centenar de viudas han optado por este camino.

Todas ellas, tras un período de preparación, han decidido consagrar su vida con la solemne promesa de servir al Señor en la misión de la evangelización y en las obras de misericordia, con una atención especial hacia los enfermos y los sacerdotes.

«Precedido por una experiencia de cuatro años, la "Ordo Viduarum" de Catanzaro en Italia es el primer orden en absoluto constituido con un decreto del obispo», explicó el padre Nicola Critini, delegado diocesano que dirige el grupo de consagradas, según recoge el diario católico «Avvenire».

«Desde Catanzaro, además, esta antigua forma de consagración religiosa, relanzada por el Concilio Vaticano II, se está difundiendo a otras diócesis de Calabria, pero también al resto de la península y en comunidades del extranjero», constató.

«Desde hoy la Iglesia os confía una tarea sugestiva y una misión singular», dijo el arzobispo Antonio Ciliberti a las trece viudas durante el rito de consagración en la basílica de la Inmaculada de Catanzaro.

«Tras la enseñanza de los santos "cristificad" vuestra vida para sentir al Señor vivo y palpitante», les exhortó.

La forma de consagración de las viudas es de antiquísima tradición: se remonta a la Iglesia de los orígenes, en cuyo seno florecieron contemporáneamente la «Ordo Viduarum» y la «Ordo Virginum» para mujeres llamadas al servicio de Cristo y de la Iglesia.

Siendo Papa Pablo VI se promulgó el rito de Consagración de las Vírgenes con la reconstitución de la «Ordo Virginum».

El resurgimiento de la consagración en estado de viudedad es acogido como un don, según se desprende de la Exhortación apostólica postsinodal «Vita consecrata», de Juan Pablo II.

«Hoy vuelve a practicarse también la consagración de las viudas, que se remonta a los tiempos apostólicos (cf. 1 Tim 5, 5.9-10; 1 Co 7, 8), así como la de los viudos –expresa el documento--. Estas personas, mediante el voto de castidad perpetua como signo del Reino de Dios, consagran su condición para dedicarse a la oración y al servicio de la Iglesia» (Cf. n. 7).