Aumenta la cultura del don, efecto positivo de la globalización

Constata la Pontifica Academia de las Ciencias Sociales

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CIUDAD DEL VATICANO, martes, 6 mayo 2008 (ZENIT.org).- Ni pertenece sólo a las sociedades antiguas ni está en vías de extinción: la creciente cultura del don --donación, obsequio, entrega-- muestra uno de los aspectos positivos de la globalización, subraya el canciller de la Pontificia Academia de las Ciencias Sociales, el obispo Marcelo Sánchez Sorondo.

El organismo pontificio ha celebrado estos cuatro últimos días su 14ª sesión plenaria sobre el tema «Perseguir el bien común: cómo solidaridad y subsidiariedad pueden trabajar juntas». En presencia del prelado, varios expertos, participantes en la convocatoria, presentaron este martes las líneas de sus jornadas de trabajo en la Sala de Prensa de la Santa Sede.

Coordinador de la sesión plenaria, el profesor Pierpaolo Donati --de la Universidad italiana de Bologna-- explicó la importancia de la actuación de la sociedad civil en la creación de bienes comunes, y ejemplificó con el caso de las donaciones, «en aumento en el mundo», «tanto en dinero como en bienes».

Investigador en este fenómeno como sociólogo, el profesor Jacques Godbout --de la Universidad de Québec (Canadá)-- confirmó: «Se cree que el don ya no existe en esta sociedad moderna, que sólo existe el mercado y el Estado, pero cuando más se estudia el don en la sociedad actual más se constata su importancia»: «es un modo fundamental de hacer circular las cosas entre nosotros».

No se trata de menospreciar el papel del mercado o del Estado, pero el don «se mantiene como una forma fundamental de la circulación de las cosas o bienes porque a su vez se transmite con un mensaje», y por ello también es esencial para las relaciones entre las personas, apunta el profesor Godbout.

Igual que es erróneo argüir que el don ya no existe, es impreciso afirmar que se da «sólo en forma de filantropía», un aspecto importante, pero en él «el don está al servicio muchas veces de las demás formas de circulación en la sociedad», aclara el experto canadiense.

Es el caso de quien dona sumas para que otros se puedan integran en el mercado o en su papel en el Estado. Es importante, «pero instrumental a las otras formas de circulación de las cosas», explica el profesor Godbout.

Las formas de don no instrumentales son aquellas, por ejemplo, en las relaciones de familia, en los trasplantes de órganos o en la donación de sangre. Estamos ante el don como «principio en sí --indica--, no orientado a integrar los otros sectores».

En la sesión plenaria se han estudiado sectores nuevos donde el don también se considera únicamente en sí mismo, como intercambios de bienes que se producen en Internet. Y siguiendo al sociólogo se constata que «muchas personas prefieren pasar por el don más que por el mercado».

En su campo de estudio y en el marco de la sesión plenaria, el profesor Godbout se fija en el aspecto relacional del don, observando no sólo al donante, sino al receptor.

Y es que «el don puede ser positivo o negativo para el destinatario, por lo que muchas veces es preferible optar por el mercado o el Estado», considera.

La clave está en el mensaje del don, tanto por parte de quien da como de quien recibe. Aún con la mejor intención, «transmitir con el don el mensaje de que el otro no puede dar, es el peor mensaje», advierte el profesor Godbout; «desde esta perspectiva el mercado es más neutral».

Otro ejemplo de la creciente cultura del don es el Banco de Alimentos, entre los casos prácticos estudiados en la sesión plenaria. «Es una forma de donación de bienes alimentarios que, de otra forma, se desperdiciarían o destruirían»; «en cambio, se utilizan para nutrir a las comunidades locales», apuntó el profesor Donati.

La Pontificia Academia ha orientado estas reflexiones a evidenciar nuevas potencialidades de la sociedad y su papel en el desarrollo de los principios de subsidiariedad y solidaridad.

Su canciller, monseñor Sánchez Sorondo, señaló el interés que suscitan los casos citados y también fenómenos como el «micro-crédito» --en difusión actual en países desarrollados-- o actividades transversales en un mundo global, como la de «Médicos sin Fronteras».

Como explica el prelado a Zenit, clave en esta sesión plenaria ha sido «tratar de leer en el nuevo fenómeno de la globalización los elementos  positivos que hay, la realidad que existe, la generosidad que existe, el don que existe, un modo social de solidaridad que trasciende el límite de las naciones y de la economía, y en cambio encuentra una realidad mucho más humana tanto en la ayuda como en la comunicación».

Por Marta Lago