Ayudar a los matrimonios en crisis, una obra de misericordia

Afirma un obispo español

| 2496 hits

SAN SEBASTIÁN, domingo 11 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Los cristianos no pueden permanecer indiferentes ante las rupturas matrimoniales, e incluso ayudar a la reconciliación es una de las más grandes “obras de misericordia” necesarias en la actualidad.

Así lo afirmó el obispo de San Sebastián, monseñor José Ignacio Munilla, el pasado 8 de septiembre, en una misa celebrada en la catedral con motivo de la patrona de esta ciudad vasca, la Virgen del Coro.

El prelado aludió a las cifras ofrecidas esta semana por el Instituto español de Política Familiar, según las cuales actualmente se rompen tres de cada matrimonios en España.

Según este informe, en el año 2000, de cada 100 matrimonios contraídos se producían 47 rupturas, mientras que en 2010, de cada 100 matrimonios contraídos, se producen 75 rupturas.

En su homilía, el prelado vasco pidió “no minimizar la tragedia que encierran esas cifras”, pues “no se trata de meras estadísticas, sino que detrás de estos datos fríos se esconden dramas personales, vidas llenas de dolor, y también fracasadas, niños desconcertados, futuros inciertos…”

“Vivimos en una generación que ha conquistado grandes cotas de progreso; y no me refiero solamente al progreso técnico, sino también a muchas conquistas sociales. Pero al mismo tiempo y, paradójicamente, hay un gran salto entre este progreso técnico-social y la crisis espiritual que padece una buena parte de la población”, afirmó.

Monseñor Munilla aseguró que la sociedad actual padece “una orfandad moral y espiritual muy notoria… El materialismo sofocante y la frivolidad generalizada, hacen que estemos más necesitados de 'madre' y de 'padre' que nunca”.

“De hecho, las heridas afectivas son más frecuentes entre nosotros, de lo que a primera vista pueda parecer”, subrayó. “Cabría afirmar que en nuestros días, ese ser humano que presume falsamente de autosuficiencia, está más necesitado que nunca de ser acogido con entrañas de misericordia”.

En este sentido, exhortó a los presentes a un “esfuerzo paciente en pro de la reagrupación de las familias rotas”.

“La salud del matrimonio y la salud de la familia están especialmente necesitadas de “misericordia”, es decir, de la sanación de las heridas originadas por tantas rupturas”, afirmó. “¡No hay mayor acto de misericordia que luchar por la unidad de la familia, y ayudar al reencuentro de las parejas separadas!”

“No podemos permanecer con los brazos cruzados mientras nuestros familiares, conocidos y vecinos fracasan en sus proyectos matrimoniales. Es importante que, en la medida en que lo veamos oportuno, nos ofrezcamos como canales de comunicación hacia quienes puedan ayudarles”.

También pidió a los políticos “iniciativas que favorezcan la estabilidad de la familia”. “Es muy triste que se haya llegado a identificar el concepto de 'mediación familiar', con los esfuerzos en favor de una ruptura pactada, en lugar de entender la mediación familiar como una terapia para superar las dificultades que ponen en peligro la unidad de la familia.