Benedicto XVI a Europa: “Dios no es el enemigo del hombre”

“Es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa”

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SANTIAGO DE COMPOSTELA, sábado 6 de noviembre de 2010 (ZENIT.org).- “Europa ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo”, es el gran mensaje lanzado por el Papa Benedicto XVI en este viaje a Santiago de Compostela, reevocando aquel “Europa, sé tu misma”, de Juan Pablo II en este mismo lugar hace 18 años.

Ante las 7.000 personas que pudieron acceder a la Plaza del Obradoiro, y las decenas de miles que pudieron seguir la celebración a través de las maxipantallas dispuestas en varios puntos de la ciudad, el Papa quiso recordar que Dios “no es el enemigo del hombre”.

“Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad”.

“Dios es el origen de nuestro ser y cimiento y cúspide de nuestra libertad; no su oponente”, subrayó el Papa. “¿Cómo es posible que se haya hecho silencio público sobre la realidad primera y esencial de la vida humana?”

“Los hombres no podemos vivir a oscuras, sin ver la luz del sol. Y, entonces, ¿cómo es posible que se le niegue a Dios, sol de las inteligencias, fuerza de las voluntades e imán de nuestros corazones, el derecho de proponer esa luz que disipa toda tiniebla?”, se preguntó el Papa.

Frente a un paganismo que propugna una visión de un Dios envidioso y contrario al hombre, afirmó, “es necesario que Dios vuelva a resonar gozosamente bajo los cielos de Europa”.

Es necesario también que el nombre de Dios, “esa palabra santa no se pronuncie jamás en vano; que no se pervierta haciéndola servir a fines que le son impropios”.

“Es menester que se profiera santamente. Es necesario que la percibamos así en la vida de cada día, en el silencio del trabajo, en el amor fraterno y en las dificultades que los años traen consigo·.

Nueva evangelización

Por eso, el Papa subrayó que “la aportación específica y fundamental de la Iglesia a esa Europa, que ha recorrido en el último medio siglo un camino hacia nuevas configuraciones y proyectos” es “que Dios existe y que es Él quien nos ha dado la vida”.

“Solo Él es absoluto, amor fiel e indeclinable, meta infinita que se trasluce detrás de todos los bienes, verdades y bellezas admirables de este mundo; admirables pero insuficientes para el corazón del hombre”.

Europa, añadió el Papa, “ha de abrirse a Dios, salir a su encuentro sin miedo, trabajar con su gracia por aquella dignidad del hombre que habían descubierto las mejores tradiciones: además de la bíblica, fundamental en este orden, también las de época clásica, medieval y moderna, de las que nacieron las grandes creaciones filosóficas y literarias, culturales y sociales de Europa”.

La cruz de los caminos de Santiago, afirmó, “supremo signo del amor llevado hasta el extremo, y por eso don y perdón al mismo tiempo, debe ser nuestra estrella orientadora en la noche del tiempo”.

“No dejéis de aprender las lecciones de ese Cristo de las encrucijadas de los caminos y de la vida, en el que nos sale al encuentro Dios como amigo, padre y guía”.

“¡Oh Cruz bendita, brilla siempre en tierras de Europa!”, exclamó Benedicto XVI.

A continuació, el Papa quiso advertir a Europa sobre el peligro de vivir a espaldas de Dios.

“Dejadme que proclame desde aquí la gloria del hombre, que advierta de las amenazas a su dignidad por el expolio de sus valores y riquezas originarios, por la marginación o la muerte infligidas a los más débiles y pobres”, afirmó. “No se puede dar culto a Dios sin velar por el hombre su hijo y no se sirve al hombre sin preguntarse por quién es su Padre y responderle a la pregunta por él”.

“La Europa de la ciencia y de las tecnologías, la Europa de la civilización y de la cultura, tiene que ser a la vez la Europa abierta a la trascendencia y a la fraternidad con otros continentes, al Dios vivo y verdadero desde el hombre vivo y verdadero”.

“Esto es lo que la Iglesia desea aportar a Europa: velar por Dios y velar por el hombre, desde la comprensión que de ambos se nos ofrece en Jesucristo”, concluyó el Papa.

Por eso, intimó a los cristianos a “seguir el ejemplo de los apóstoles, conociendo al Señor cada día más y dando un testimonio claro y valiente de su Evangelio”.

“No hay mayor tesoro que podamos ofrecer a nuestros contemporáneos”, subrayó el Papa a los presentes.

Espíritu de servicio

Para los discípulos que quieren seguir e imitar a Cristo, afirmó, “el servir a los hermanos ya no es una mera opción, sino parte esencial de su ser”.

El servicio que los cristianos están llamados a dar “no se mide por los criterios mundanos de lo inmediato, lo material y vistoso, sino porque hace presente el amor de Dios a todos los hombres y en todas sus dimensiones, y da testimonio de Él, incluso con los gestos más sencillos”.

Especialmente se dirigió a los jóvenes, invitándoles a seguir este camino, “para que, renunciando a un modo de pensar egoísta, de cortos alcances, como tantas veces os proponen, y asumiendo el de Jesús, podáis realizaros plenamente y ser semilla de esperanza”.

También tuvo palabras para los “jefes de los pueblos”, recordando que “donde no hay entrega por los demás surgen formas de prepotencia y explotación que no dejan espacio para una auténtica promoción humana integral”.

“Esto es lo que nos recuerda también la celebración de este Año Santo Compostelano. Y esto es lo que en el secreto del corazón, sabiéndolo explícitamente o sintiéndolo sin saber expresarlo con palabras, viven tantos peregrinos que caminan a Santiago de Compostela para abrazar al Apóstol”.

La barca de Santiago

También a esta nueva evangelización se refirió monseñor Julián Barrio durante su discurso de bienvenida al Papa, antes de comenzar la Eucaristía, recordando que en el Camino “surgen preguntas necesarias que buscan respuestas clarificadoras”.

“Jerusalén, Roma, Santiago… Rutas para el espíritu del ser humano, que se rebela a desaparecer bajo la asfixia del materialismo. Caminos para pensar y descubrir por qué razón venimos a este mundo. Sendas abiertas por las huellas de Dios, dando respuesta a la pregunta de por qué aún no somos plenamente felices en nuestra peregrinación terrena a pesar de intentarlo tantas veces”.

Por ello, subrayíó, es necesaria “la revitalización de nuestra fe; el ardor y el coraje de una nueva evangelización para anunciar a Cristo en fidelidad y con creatividad pastoral; la fuerza para seguir peregrinando”.

Es necesaria también, añadió, “la conversión porque hay heridas que sanar; la profundidad que nos rescate de la superficialidad anodina y anestesiada que nos distrae y nos hace olvidar que la Iglesia en su misión profética lleva el sello martirial, para ser testigo de Cristo crucificado y resucitado”.

Por último, el arzobispo quiso mostrar la cercanía al Papa de la Iglesia en Santiago con una bella imagen.

“Cuando salga a faenar por los mares del mundo en la barca de Pedro, recuerde que otra pequeña barca estará muy cerca: la de Santiago, atenta a cualquier señal que la de Pedro pueda hacernos para ayudarle como nos dice el relato evangélico”.

Por Inma Álvarez