Benedicto XVI acepta la dimisión del arzobispo de Varsovia

Tras reconocer que había colaborado con los servicios secretos comunistas

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CIUDAD DEL VATICANO, domingo, 7 enero 2007 (ZENIT.org).- Benedicto XVI ha aceptado este domingo las dimisiones de monseñor Stanislaw Wielgus, en el día en el que debería haber inaugurado su ministerio pastoral como arzobispo de Varsovia, después de haber reconocido que colaboró con los servicios secretos comunistas de Polonia.



En una nota difundida en este día por la Santa Sede, la nunciatura apostólica en Polonia ha comunicado que monseñor Wielgus, presentó al Papa «las dimisiones del oficio canónico, de acuerdo con el canon 401 § 2 del Código de Derecho Canónico».

El canon dice textualmente: «Se ruega encarecidamente al obispo diocesano que presente la renuncia de su oficio si por enfermedad u otra causa grave quedase disminuida su capacidad para desempeñarlo».

«El Santo Padre ha aceptado las dimisiones del arzobispo Stanisław Wielgus y ha nombrado a su eminencia, el cardenal Józef Glemp, primado de Polonia, administrador apostólico de la archidiócesis de Varsovia hasta nueva indicación», añade la nota emitida por el arzobispo Józef Kowalczyk, nuncio apostólico en Polonia.

Monseñor Wielgus reconoció en una declaración que en su juventud colaboró con los servicios secretos, después de que este viernes se publicara una declaración de la Comisión histórica eclesiástica de Polonia en la que se confirma que la relación del entonces joven sacerdote con la Sluzba Bezpieczenstwa.

La Comisión aclaró que, en virtud de los documentos del Instituto de la Memoria Nacional analizados, «no se puede afirmar que esta colaboración tuvo consecuencias para personas o instituciones». Este tipo de colaboración estaba prohibida por el episcopado.

El padre Federico Lombardi S.I., director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, emitió este domingo una declaración en la que constata que las filtraciones de noticias sobre el pasado comunista de Polonia están siendo utilizadas por quienes en el pasado persiguieron a la Iglesia en ese país.

«El comportamiento de monseñor Wielgus en los años pasados del régimen comunista en Polonia ha comprometido gravemente su autoridad, incluso ante los fieles», comienza constatando la declaración.

«Por ello, a pesar de su humilde y conmovedora petición de perdón, la renuncia a la sede de Varsovia y su rápida aceptación por parte del Santo Padre ha parecido una solución adecuada para afrontar la situación de desorientación que se ha creado en esa nación», aclara el portavoz vaticano.

«Es un momento de gran sufrimiento para una Iglesia a la que todos debemos muchísimo y a la que amamos, que nos ha dado pastores de la grandeza del cardenal Stefan Wyszynski y sobre todo del Papa Juan Pablo II», reconoce el padre Lombardi.

«La Iglesia universal debe sentirse solidaria espiritualmente con la Iglesia que está en Polonia y acompañarla con la oración y el aliento para que pueda volver a encontrar pronto la serenidad», asegura.

«Al mismo tiempo --sigue diciendo--, es conveniente observar que el caso de monseñor Wielgus no es el primero y probablemente no será el último caso de ataque a personalidades de la Iglesia en virtud de la documentación de los servicios del pasado régimen».

«Se trata de un material enorme y, al tratar de evaluar su valor y de sacar conclusiones confiables, no hay que olvidar que fue producido por funcionarios de un régimen opresivo y chantajista».

«Después de tantos años del régimen comunista, cuando ya no está la grande e inatacable figura del Papa Juan Pablo II, la actual oleada de ataques a la Iglesia católica en Polonia no parece una sincera búsqueda de transparencia y verdad, sino más bien una extraña alianza entre perseguidores del pasado y otros adversarios, una venganza por parte de quien, en el pasado, la había perseguido y fue derrotado por la fe y por la sed de libertad del pueblo polaco».

«“La verdad os hará libres” dice Cristo --concluye el portavoz--. La Iglesia no tiene miedo de la verdad y, para ser fieles a su Señor, sus miembros deben saber reconocer sus propias culpas. Deseamos que la Iglesia en Polonia sepa vivir y superar con valentía y lucidez este período difícil para que pueda seguir ofreciendo su preciosa y extraordinaria contribución de fe y de empuje evangélico a la Iglesia europea y universal».