Benedicto XVI alaba la fidelidad y el compromiso del cardenal Korec

Consagrado obispo sólo con 27 años, durante la persecución comunista

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ROMA, miércoles 24 de agosto de 2011 (ZENIT.org).- Un “pastor trabajador, fiel y prudente”: con estas palabras Benedicto XVI alabó al cardenal Ján Chryzostom Korec, jesuita, obispo emérito de Nitra (Eslovaquia), por el 60 aniversario de su ordenación episcopal, que tuvo lugar clandestinamente cuando sólo tenía 27 años.

En una carta en latín hecha pública hoy, día del aniversario, el Papa recuerda “el sagrado ministerio que durante tantos años ha llevado adelante con celo, y define esta fecha como un “acontecimiento memorable”.

El cardenal Jàn Chryzostom Korec nació en Bosany, diócesis de Nitra, el 22 de enero de 1924. En 1949 los comunistas subieron al poder en Checoslovaquia. El joven Jàn Korec fie, por tanto, ordenado secretamente sacerdote en 1950, mientras que en 1951 se convirtió en el obispo más joven del mundo.

Una ordenación episcopal, según narra L'Osservatore Romano, “hecha con mucha prisa, en un apartamento, con el miedo de que la policía irrumpiera de un momento a otro”.

Durante nueve años desempeñó su misión de sacerdote y de obispo en una fábrica donde trabajó como obrero y después como guardián nocturno. En 1960 fue arrestado, procesado y condenado a doce años de cárcel. Fue recluido en un monasterio transformado en prisión, donde había otros seis obispos y doscientos sacerdotes.

En sus años en prisión celebró cada día la Santa Misa, y cuando estaba en aislamiento, imaginaba hacer ejercicios espirituales. En 1968 con la “Primavera de Praga” salió de la prisión gravemente enfermo. Para ganarse la vida comenzó a trabajar como basurero en Bratislava. Por primera vez celebró la Misa en público.

En 1969 llegó la rehabilitación, con lo que pudo obtener un pasaporte para Roma, donde se encontró con Pablo VI, quien le entregó las insignias episcopales. En 1974, sin embargo, fue anulada la rehabilitación y fue de nuevo encarcelado, para cumplir los cuatro años que le faltaban de la primitiva sentencia. Liberado en seguida por sus malas condiciones de salud, siguió trabajando como obrero hasta los 60 años.

Juan Pablo II lo nombró obispo de Nitra en 1990 y lo creó cardenal en 1991. En 1998 le llamó al Vaticano para predicar los ejercicios de Cuaresma. Durante varios años fue presidente de la Conferencia Episcopal Eslovaca.

En una entrevista concedida a La Civiltà Cattolica (21 de febrero de 1987), afirmó: "No me atribuyo grandes méritos. Cuantos más años pasan, más veo claro que lo que tiene importancia pertenece a la gracia, es decir, a Dios".