Benedicto XVI asegura a enfermos que el sufrimiento no tiene la última palabra

Visita la iglesia de la Pequeña Casa de la Divina Providencia fundad por Cottolengo

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TURÍN, domingo, 2 de mayo de 2010 (ZENIT.org).- Benedicto XVI no quiso marcharse de Turín, este domingo, adonde vino para venerar la Sábana Santa, sin mantener un encuentro con los enfermos.

La cita tuvo lugar en la iglesia de la Pequeña Casa de la Divina Providencia, fundada por san Giuseppe Benedetto Cottolengo (1786-1842), en los suburbios de Turín en 1832.

"Es un encuentro el nuestro --dijo el Papa en las palabras de saludo que dirigió a los enfermos, algunos en sillas de rueda-- que entona muy bien con mi peregrinación al Sagrado Sudario, porque podemos leer todo el drama del sufrimiento, pero también, a la luz de la Resurrección de Cristo, el pleno significado que ésta asume para la redención del mundo".



Recordando al fundador de la "Casa de la Divina Providencia", el pontífice afirmó que Cottolengo "fue un auténtico campeón de la caridad", pues "le guiaba una convicción profunda: los pobres son Jesús --decía--. No son una imagen de Él. Son Jesús en persona y como tales es necesario servir. Todos los pobres son nuestros dueños".

Por este motivo, el Papa aseguró a los enfermos que tienen una misión importante: "viviendo vuestros sufrimientos en unión con Cristo crucificado y resucitado, participáis en el misterio de su sufrimiento para la salvación del mundo".

"Esta Casa es uno de los frutos maduros nacidos de la Cruz y de la Resurrección de Cristo y manifiesta que el sufrimiento, el mal, la muerte no tienen la última palabra. Porque de la muerte y del sufrimiento, la vida puede resurgir", concluyó.

Al dejar la iglesia de la Pequeña Casa de la Divina Providencia, Benedicto XVI se dirigió en auto hacia el aeropuerto de Turín, para regresar a Roma, a donde llegó en torno a las 8.30 de la noche, tras una peregrinación de un día caracterizada por una misa multitudinaria y un encuentro festivo con los jóvenes, en el centro de la ciudad, así como por los intensos momentos de veneración que pasó ante la Sábana Santa.