Benedicto XVI: Crece el número de gente sin Iglesia, pero crece el interés por la Iglesia

Discurso a los obispos de la República Checa

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CIUDAD DEL VATICANO, viernes, 18 de noviembre de 2005 (ZENIT.org).- Benedicto XVI constató este viernes un fenómeno propio de la religiosidad de inicios del siglo XXI: el aumento de personas que no se reconocen en ninguna Iglesia y, al mismo tiempo, el aumento del interés por la vida de la Iglesia católica.



El pontífice llegó a esta conclusión al reunirse con los obispos de la República Checa, al concluir su visita «ad limina apostolorum», después de haberles recibido en días anteriores en audiencias personales.

En esos encuentros, como explicó en el discurso que les dirigió, «se me ha informado sobre una Iglesia muy viva, que se siente llamada a ser levadura en una sociedad secularizada, pero al mismo tiempo interesada, con frecuencia nostálgicamente, en el mensaje liberador, aunque exigente del Evangelio».

La República Checa, país de más de diez millones de habitantes, es considerado como uno de los más secularizados del mundo, como herencia de décadas de comunismo y de anteriores conflictos religiosos.

Según los datos del censo de 2001, el 59% de la población no se reconoce en ninguna confesión religiosa y el 8.8% no la ha especificado; mientras que los católicos son el 26.8%, los protestantes el 2.1%, y el 3% pertenece a otras denominaciones religiosas.

Benedicto XVI constató que en los encuentros de los días precedentes los obispos le han informado sobre «el número creciente de vuestros conciudadanos que declaran que no pertenecen a ninguna Iglesia».

Al mismo tiempo, añadió, esos informes revelan «el interés con el que la sociedad civil sigue la actividad de la Iglesia católica y sus programas».

«Creo que las devastaciones materiales y espirituales del régimen precedente han dejado en vuestros conciudadanos, ahora que han vuelto a alcanzar la libertad plena, el ansia de recuperar el tiempo perdido, proyectándose hacia delante, sin prestar quizá una atención suficiente a la importancia de los valores espirituales que dan consistencia a las conquistas civiles y materiales», afirmó.

Esta situación, reconoció, «abre un gran campo a la misión de la comunidad cristiana», invitando a las Iglesias locales a «ofrecer acogida a quienes buscan motivaciones válidas para la propia vida y para las propias decisiones existenciales».

En particular, alentó la obra de «caridad universal» de las comunidades católicas checas, pues «ofrecen un sólido testimonio que atrae a muchas personas, incluso del mundo de la cultura».

«Es un signo de esperanza para la formación de un laicado maduro que sepa asumir sus propias responsabilidades eclesiales», concluyó.