Benedicto XVI: Cristo, esperanza y consuelo de la vida cotidiana

Hoy en el rezo del Ángelus

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ANCONA, domingo 11 de septiembre de 2011 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación las palabras que el Papa Benedicto XVI pronunció hoy al introducir la oración mariana del Ángelus en el astillero de Ancona (Italia), al concluir la misa de clausura del 25º Congreso Eucarístico Nacional.

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Queridos hermanos y hermanas,

antes de concluir esta solemne celebración eucarística, la oración del Ángelus nos invita a reflejarnos en María Santísima, para contemplar el abismo de amor del que procede el Sacramento de la Eucaristía. Gracias al "fiat" de la Virgen, el Verbo se hizo carne y vino a habitar entre nosotros. Meditando el misterio de la Encarnación, nos dirigimos todos, con la mente y el corazón, hacia el Santuario de la Santa Casa de Loreto, del que nos separan sólo pocos kilómetros. La tierra de las Marcas está toda iluminada por la presencia espiritual de María en su histórico Santuario, que hace aún más bellas y dulces estas colinas. A ella confío en este momento la ciudad de Ancona, la diócesis, las Marcas e Italia entera, para que en el pueblo italiano esté siempre viva la fe en el Misterio eucarístico, que en cada ciudad y en cada pueblo, desde los Alpes hasta Sicilia, hace presente a Cristo Resucitado, fuente de esperanza y de consuelo para la vida cotidiana, especialmente en los momentos difíciles.

Hoy nuestro pensamiento va también al 11 de septiembre de hace diez años. Al recordar al Señor de la Vida las víctimas de los atentados que sucedieron ese día, y a sus familiares, invito a los responsables de las naciones y a los hombres de buena voluntad a rechazar siempre la violencia como solución a los problemas y a resistir a la tentación del odio y a trabajar en la sociedad, inspirándose en los principios de la solidaridad, de la justicia y de la paz.

Por intercesión de María Santísima, pido, finalmente, al Señor que recompense a todos aquellos que han trabajado por la preparación y la organización de este Congreso Eucarístico Nacional, y a éstos dirijo de corazón mi más vivo agradecimiento.

Angelus Domini

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]