Benedicto XVI: Despedida de Castel Gandolfo

Discurso a los representantes civiles, religiosos y militares

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CASTEL GANDOLFO, lunes 27 de septiembre de 2010 (ZENIT.org).- Ofrecemos a continuación el discurso de despedida que el Papa Benedicto XVI dirigió hoy a las autoridades civiles y religiosas de Castel Gandolfo, así como a los miembros de los servicios que atienden el Palacio Apostólico.

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Queridos hermanos y hermanas,

antes de dejar Castel Gandolfo, al término del periodo estival, estoy contento de encontraros a todos vosotros, que representáis a la comunidad eclesial y la civil de esta amena ciudad, a mi tan querida, donde la Providencia me concede cada año transcurrir una estancia serena y provechosa.

Ante todo, mi saludo fraternal y mi cordial gratitud van al obispo de Albano, monseñor Marcello Semeraro, extendiéndose a toda la diócesis, a la que sigo con especial afecto en la oración en su vida de fe y de testimonio cristiano. Saludo también al párroco de Castel Gandolfo y a la comunidad parroquial, junto con los diversos Institutos religiosos masculinos y femeninos que viven y trabajan aquí para servir en alegría al Evangelio y a los hermanos.

Dirijo un deferente saludo al Señor Alcalde y a los componentes de la Administración Comunal, expresando una vez más mi sincero reconocimiento por la contribución indispensable que ofrecen, en el ámbito de sus competencias, para que Castel Gandolfo pueda acoger adecuadamente a los numerosos peregrinos que vienen aquí desde todas partes del mundo. A través vuestro, deseo hacer llegar a vuestros conciudadanos mi vivo aprecio por la bien conocida cortesía y la atención solícita con la que me rodean y siguen mis actividades al servicio de la Iglesia universal.

Quisiera agradecer cordialmente también a los dirigentes y a todos los miembros de los Servicios de la Gobernación, comenzando por el Cuerpo de la Gendarmería, la Florería, las Direcciones de los Servicios Sanitarios y de los Servicios Técnicos, como también la Guardia Suiza Pontificia. Queridos amigos, a todos vosotros os dirijo un “gracias” especial por la solicitud y la profesionalidad con la que habéis trabajado para salir al encuentro de mis necesidades, a las de mis colaboradores y a las de cuantos, durante los meses de verano, han venido a Castello para visitarme. Para cada uno de vosotros y para vuestras familias os aseguro un constante recuerdo en la oración.

Un pensamiento de sentido agradecimiento va también a los funcionarios y a los agentes de las diversas Fuerzas del Orden italianas, por su trabajo puntual y eficiente, como también a los oficiales y aviadores de la 31° Escuadra de la Aeronáutica Militar. Doy gracias a Dios y os estoy agradecido a todos vosotros, porque todo se ha llevado a cabo siempre en orden y tranquilidad.

Al despedirme de vosotros, quiero confiar a vuestra consideración la figura de san Vicente de Paúl, cuya memoria hoy celebramos. Este apóstol de la caridad, tan querido al pueblo cristiano y conocido especialmente a través de las Hermanas fundadas por él, fue proclamado por el papa León XIII “patrón universal de todas las obras de caridad diseminadas por el mundo”. Con su incesante acción apostólica, hizo de modo que el Evangelio se convirtiera cada vez más en faro luminoso de esperanza y de amor para el hombre de su tiempo, y en particular para los más pobres en el cuerpo y en el espíritu. Que su ejemplo virtuoso y su intercesión susciten en vuestras comunidades y en cada uno de vosotros un renovado compromiso de solidaridad, para que los esfuerzos de cada uno cooperen en la edificación del bien común.

Acompaño este cordial augurio con la seguridad de mi recuerdo al Señor, para que os asista a todos vosotros y vuestras familias con su gracia y os colme de abundantes consolaciones, Os doy nuevamente las gracias, queridos amigos, y os bendigo de corazón.

[Traducción del original italiano por Inma Álvarez

©Libreria Editrice Vaticana]