Benedicto XVI: El diálogo respetuoso no excluye el Evangelio

Encuentro del Papa con los párrocos y el clero de Roma (III)

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CIUDAD DEL VATICANO, miércoles, 13 febrero 2008 (ZENIT.org).- Como es tradicional a inicios de Cuaresma, Benedicto XVI se reunió con los párrocos y el clero de la diócesis de Roma el pasado jueves. El encuentro se desarrolló en forma de diálogo, entre el Santo Padre y los participantes. Proseguimos con la publicación de las preguntas y de las respuestas que brindó espontáneamente el Papa.

Se procura ofrecer las diez intervenciones agrupadas temáticamente, pues no siguieron un orden determinado. La parte I (Dimensión y visibilidad del diaconado) y II (La formación del corazón en lo esencial) de este encuentro se publicaron en Zenit, respectivamente, el 11 y 12 de febrero de 2008.

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[Don Paul Chungat, vicario parroquial de San Giuseppe Cottolengo:]

Me llamo don Chungat, soy de la India, actualmente vicario de la parroquia de San Giuseppe en Valle Aurelia. Desearía darle las gracias por la oportunidad que me ha dado de servir en la diócesis de Roma durante tres años. Ha sido para mí, para mis estudios, una gran ayuda, así como creo que lo es para todos los sacerdotes estudiantes que permanecen en Roma. Ha llegado el tiempo de regresar a mi diócesis en la India, donde los católicos representan sólo el uno por ciento, mientras que el noventa y nueve son no cristianos. En estos días me ha dado mucho que pensar la situación de la evangelización misionera en mi patria. En la reciente nota de la Congregación para la Doctrina de la Fe hay algunas palabras difíciles de entender en el campo del diálogo interreligioso. Por ejemplo, en el número 10 se escribe «plenitud de la salvación», y en la parte introductiva se lee «necesidad de incorporación formal en la Iglesia». Se trata de conceptos difíciles de hacer entender cuando lleve estas cosas a la India y tenga que hablar a mis amigos hindúes y a los fieles de otras religiones. Mi pregunta es: la plenitud de la salvación, ¿hay que entenderla en sentido cualitativo o en sentido cuantitativo? Si es en sentido cuantitativo, hay alguna dificultad. El Concilio Vaticano II dice que existe posibilidad de una semilla de luz también en los demás credos. Si es en sentido cualitativo, además de la historicidad y de la plenitud de la fe, ¿cuáles son los otros elementos para mostrar la unicidad de nuestra fe en relación con el diálogo interreligioso?

[Benedicto XVI:]

Gracias por su intervención. ¡Bien sabe usted que la amplitud de sus preguntas requerirían un semestre de teología! Intentaré ser breve. Usted conoce la teología, hay grandes maestros y muchos libros. Ante todo, gracia por su testimonio, porque usted se muestra gozoso de poder trabajar en Roma siendo indio. Para mí se trata de un fenómeno maravilloso de la catolicidad. Ahora no sólo los misioneros van de Occidente a los demás continentes, sino que existe un intercambio de dones: indios, africanos, sudamericanos trabajan aquí, y desde aquí se acude a los otros continentes. Es un dar y recibir de todas partes: precisamente ésta es la vitalidad de la catolicidad, en la que todos somos deudores de los dones del Señor, y además podemos donarnos el uno al otro. Es en esta reciprocidad de dones, de dar y de recibir, en la que vive la Iglesia católica. Vosotros podéis aprender de estos ambientes y experiencias occidentales, y nosotros no menos de vosotros. Veo que precisamente este espíritu de religiosidad que existe en Asia, como en África, sorprende a los europeos, que con frecuencia son un poco más fríos en la fe. Y así esta vivacidad, al menos del espíritu religioso que existe en estos continentes, es una gran don para todos nosotros, sobre todo para los obispos del mundo occidental y en particular de aquellos países en los que es más notorio el fenómeno de la inmigración, Filipinas, la India, etcétera. Nuestro catolicismo frío se reaviva por este fervor que viene de vosotros. Así que la catolicidad es un gran don.

Vamos a las preguntas que usted me ha planteado. No tengo delante en este momento las palabras exactas del documento de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que usted ha recordado; pero en todo caso desearía decir dos cosas. Por un lado, es absolutamente necesario el diálogo, conocerse recíprocamente, respetarse y buscar colaborar de todos los modos posibles por los grandes objetivos de la humanidad, o por sus grandes necesidades, para superar los fanatismos y crear un espíritu de paz y de amor. Y esto está también en el espíritu del Evangelio, cuyo sentido es precisamente que el espíritu de amor, que hemos aprendido de Jesús, la paz que Jesús nos ha dado mediante la cruz, se haga presente universalmente en el mundo. En este sentido el diálogo debe ser verdadero diálogo, en el respeto del otro y en la aceptación de su diversidad; pero debe ser también evangélico, en el sentido de que su objetivo fundamental es ayudar a los hombres a vivir en el amor y a hacer que este amor se pueda extender en todas partes del mundo.

Pero esta dimensión del diálogo, tan necesaria, esto es, la del respeto del otro, de la tolerancia, de la cooperación, no excluye la otra, o sea, que el Evangelio es un gran don, el don del gran amor, de la gran verdad, que no podemos quedarnos sólo para nosotros mismos, sino que debemos ofrecerlo a los demás considerando que Dios les da la libertad y la luz necesaria para encontrar la verdad. Es ésta la verdad. Y por lo tanto éste es también mi camino. La misión no es imposición, sino ofrecer el don de Dios dejando a Su bondad que ilumine a las personas a fin de que se extienda el don de la amistad concreta con el Dios de rostro humano. Por ello deseamos y debemos testimoniar siempre esta fe y este amor que vive en nuestra fe. Habríamos descuidado un deber verdadero, humano y divino, si hubiéramos dejado a los demás solos y si hubiéramos reservado la fe que tenemos sólo para nosotros. Seríamos infieles a nosotros mismos si no ofreciéramos esta fe al mundo, si bien siempre respetando la libertad de los demás. La presencia de la fe en el mundo es un elemento positivo, aunque no se convierta nadie; es un punto de referencia.

Me han dicho representantes de religiones no cristianas: para nosotros la presencia del cristianismo es un punto de referencia que nos ayuda, aunque no nos convirtamos. Pensemos en la gran figura de Mahatma Gandhi: aún estando fuertemente ligado a su religión, para él el Sermón de la Montaña era un fundamental punto de referencia que formó toda su vida. Y así el fermento de la fe, aún no convirtiéndole al cristianismo, entró en su vida. Y me parece que este fermento del amor cristiano que trasluce el Evangelio es -además de la labor misionera que busca ampliar los espacios de la fe-- un servicio que hacemos a la humanidad.

Pensemos en san Pablo. He vuelto a profundizar recientemente en su motivación misionera. Hablé de ello también a la Curia con ocasión del encuentro de finales de año. Estaba él conmovido por la palabra del Señor en su sermón escatológico. Antes de todo acontecimiento, antes del regreso del Hijo del hombre, el Evangelio debe ser predicado a todas las gentes. Condición para que el mundo alcance su perfección, para su apertura al paraíso, es que el Evangelio sea anunciado a todos. Él puso todo el celo misionero en que el Evangelio pudiera llegar a todos si era posible ya en su generación, para dar respuesta al mandamiento de que «se anunciara a todas las gentes». Su deseo no era tanto bautizar a todas las gentes cuanto la presencia del Evangelio en el mundo y por lo tanto el cumplimiento de la historia como tal. Me parece que hoy, viendo el curso de la historia, se puede comprender mejor que esta presencia de la Palabra de Dios, que este anuncio que llega a todos como fermento, es necesario para que el mundo pueda realmente llegar a su meta. En este sentido deseamos, sí, la conversión de todos, pero dejamos que sea el Señor quien actúe. Es importante que quien quiera convertirse tenga la posibilidad de hacerlo y que aparezca en el mundo, para todos, esta luz del Señor como punto de referencia y como luz que ayuda, sin la cual el mundo no puede encontrarse a sí mismo. No sé si me he explicado bien: diálogo y misión no sólo no se excluyen, sino que una cosa pide la otra.

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[Padre Umberto Fanfarillo: párroco de Santa Dorotea en Trastevere:]

Santo Padre: soy el párroco de Santa Dorotea en Trastevere, el padre Umberto Fanfarillo, franciscano conventual. Junto a la comunidad cristiana del territorio parroquial, me urge señalar una notable aunque no profunda presencia de otros contextos religiosos, con los que tenemos relación diariamente en la estima recíproca, en el conocimiento y también en una respetuosa convivencia. En esta sustancial positividad de intenciones, puedo incluir el empeño de la Academia de los Linces [la academia italiana de las ciencias. Ndt], de la Universidad americana John Cabot, con más de ochocientos alumnos procedentes de unos sesenta países y con articulaciones religiosas que van desde los católicos hasta los luteranos, de los judíos a los musulmanes. Son precisamente estos jóvenes los que, a la muerte de Juan Pablo II, se recogieron en oración en nuestra iglesia. Son algunos de ellos los que, frecuentando los locales de la parroquia, expresan respeto y serenidad ante nuestros símbolos religiosos como el crucifijo y las imágenes de María, de los santos y del Papa. En el territorio de la parroquia, la Casa de Peter Pan acoge a niños enfermos de cáncer y está ligada al hospital Bambin Gesù [hospital pediátrico de la Santa Sede. Ndt]. También aquí la interreligiosidad realiza altísimos momentos de caridad y de religiosa atención al hermano enfermo y necesitado. Análoga realidad y respetuoso encuentro entre las recordadas expresiones tenemos en la cárcel de Regina Coeli, igualmente en el territorio de la parroquia. Recientemente, en el clima de respeto y de testimonio, se administró el sacramento de la Confirmación a dos jóvenes anglicanos convertidos al catolicismo. Santo Padre, todos estamos en busca de nuevas y más equilibradas actitudes de conocimiento y de respeto. Siempre hemos apreciado sus intervenciones, caracterizadas por el respeto y el diálogo en la búsqueda de la verdad. Ayúdenos de nuevo con su palabra.

[Benedicto XVI:]

Gracias por este testimonio de una parroquia verdaderamente multidimensional y multicultural. Me parece que usted ya ha concretado un poco lo que se ha mencionado anteriormente con nuestro hermano indio: este todo, de diálogo, de convivencia respetuosa, respetándose los unos a los otros, aceptándose los unos a los otros, como se es en la diversidad, en la comunión. Y al mismo tiempo la presencia del cristianismo, de la fe cristiana como punto de referencia al que todos pueden dirigir una mirada, como un fermento que en el respeto de las libertades es una luz para todos y nos reúne precisamente en el respeto de las diferencias. Esperamos que el Señor nos ayude siempre en este sentido a aceptar al otro en la diversidad, a respetarle y a hacer a Cristo presente en el gesto del amor, que es la verdadera expresión de su presencia y de su palabra. Y que nos ayude así a ser realmente ministros de Cristo y de su salvación para el mundo. Gracias.

Traducción del original italiano por Marta Lago